La conjura, ideología dominante en la Web

Las narrativas que postulan el complot, que atribuyen la causa de lo que pasa a la acción de un poder oculto y maligno, encuentran un caldo de cultivo en el mundo digital.

Se dice que vivimos en una cultura signada por el fin de las certezas y los grandes relatos de la modernidad. Ninguna ideología o paradigma convence y toda racionalidad ha quedado desacreditada.

Pero pese a esta suerte de escepticismo de época, las personas no han dejado de atribuirle algún sentido al entorno. Y de hecho cabría postular que las llamadas “teorías conspirativas” gozan de predicamento.

Se les llama así a las creencias que explican los hechos (comúnmente de índole político, social o histórico) a partir de un complot secreto por parte de un grupo de personas u organizaciones poderosas e influyentes.

La vigencia de esta mentalidad se ve en el hecho de que el mundo de la industria cultural la sigue explotando comercialmente, sobre todo en su variante extraterrestre.

“Vivimos en un período de paranoia y de teorías conspirativas”, declaró Chris Carter, creador de la serie televisiva “Los expedientes secretos X”, repuesta en las pantallas.

Pero la tierra donde crecen y se expanden las teorías conspirativas es en la Web, donde se ha verificado una expansión de medios alternativos de noticias (sitios autofinanciados, blogs, podcasts y hasta canales en YouTube) cuya ideología de fondo es la conjura.

Allí se pregona que existen grupos ocultos, de naturaleza diversa, algunos incluso de carácter sobrenatural, que traman a nuestras espaldas y son responsables de la mitad de las calamidades que nos suceden.

La creencia de que conciliábulos secretos rigen el mundo es una constante que ha resistido el paso de los siglos. Se ha venido diciendo, por caso, que la orden de los Iluminados, que se deriva de una sociedad secreta en Baviera, Alemania, del siglo XVI, es una organización omnipotente, que incluye entre sus miembros a presidentes de Estados Unidos y que ha controlado eventos mundiales trascendentales.

Este caso en realidad ilustra un modo de pensar que sigue el mismo tipo de razonamiento, no importa si se trata de los masones, los extraterrestres, el Vaticano, la banca, la industria, el aparato científico-militar, los judíos, la CIA, los poseedores de poderes paranormales, las corporaciones de todo tipo, entre otros factores de poder.

La tesis de fondo es que sucesos importantes en la historia han sido controlados por manipuladores que organizan los acontecimientos desde “detrás de escena” y con motivos nefastos o por lo menos egoístas.

Algunos expertos llaman la atención que la falta de rigurosidad en el mundo digital alienta la viralización de hechos falsos que suenan verosímiles. Cada vez se hace más patente, alegan, que estamos viviendo en un mundo de los “poshechos” o de la “posverdad”.

No interesa si las noticias o la información que se publican tienen fundamento en la realidad, es decir que pase la prueba del control de calidad, sino que sea susceptible de ser creída por un público que desea consumir historias que confirmen sus prejuicios.

Las teorías conspirativas encuentran eco, según los expertos, porque la gente piensa que los gobiernos y las instituciones le mienten y porque básicamente es escéptica sobre todo lo que pesa.

Lo curioso es que esa misma gente que sospecha de todo, sin embargo no tiene reparos en suscribir que lo que sucede obedece a una conjura,  fenómeno psicológico que se describe como “credulidad invertida”.

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