La crisis que destapó el caso del submarino

submarinoLa tragedia asociada al submarino ARA San Juan –-un hecho que merece una investigación a fondo de lo sucedido– ha puesto sobre el tapete el deterioro militar argentino, al tiempo que replantea el rol de las Fuerzas Armadas (FF.AA.) en la actual coyuntura histórica.

Los familiares de los 44 tripulantes de la nave perdida, tras conocerse que podría haber sufrido un estallido y quedado en el fondo del mar, acusan a la Armada de enviar a sus maridos, hijos y hermanos a trabajar en un vehículo que no estaba en condiciones.

La sospecha generalizada es que el submarino, que se compró en 1985 a un fabricante alemán y luego se reparó en 2014, no reunía las condiciones tecnológicas para operar y por tanto se lo envió a una misión riesgosa.

“Está todo atado con alambre. Me cuesta creer que esto les sorprenda” dijo ayer Itatí Leguizamón, esposa de Germán Suarez, radarista del ARA San Juan.

“Lo atamos con alambre” es una frase que compone el glosario del lenguaje argentino y que indica que se recurrió a una solución de emergencia, supuestamente ingeniosa, pero básicamente precaria.

Se trata de la idiosincrasia nacional de dejar todo en manos de la improvisación, de arreglar las cosas sin arreglarlas en el fondo, es decir haciendo del “parche” la solución a todo.

Pero el mundo contemporáneo no se ajusta a esta filosofía de lo precario. Hoy los problemas son más complejos y entonces el recurso argentino de las soluciones superficiales y rápidas termina fallando, en estas pampas, bajo forma de tragedia (trenes que no frenan, submarinos que explotan, infraestructura urbana que colapsa, etc.).

La pregunta que cabe hacerse es: ¿y si todos los equipos y materiales de las Fuerzas Armadas de Argentina tuviesen la obsolescencia y la inoperatividad que se sospecha tenía el submarino ARA San Juan?

Para evitar nuevas tragedias, ¿no deberían ponerse en cuarentena buques, aviones, tanques y demás elementos de guerra? ¿No convendría, en suma, someterlos a una revisión técnica rigurosa, con expertos internacionales, antes de autorizarlos a operar nuevamente?

Al respecto ahora la opinión pública empieza a tomar nota de algo que nadie quería debatir ni los políticos enfrentar: las FF.AA. argentinas llevan años con presupuestos inferiores a los de otros vecinos de Latinoamérica (aquí se gasta en Defensa el 0,8% del PBI y el 85% se destina a salarios).

Pero la cuestión militar no se agota en la falta de recursos. “El ARA San Juan comenzó a hundirse el 30 de octubre de 1983. Desde entonces los argentinos no sabemos qué hacer con las fuerzas armadas”, observó el periodista Jorge Lanata.

Es decir, desde la llegada de la democracia –-y luego del saldo trágico que dejaron la guerra de Malvinas y el régimen militar– no se ha debatido a fondo sobre qué tipo de FF.AA. necesita el país.

Hasta aquí los recortes de fondos y la falta de rumbo en este tema han degradado a las fuerzas militares. La emergencia de la búsqueda del submarino perdido, en este sentido, es todo un símbolo de lo que ocurre en materia de defensa en la Argentina.

Cabría hablar, análogamente, de emergencia en la búsqueda de una política de Estado que fije una estrategia de defensa de largo aliento, en un contexto de globalización, que reformule las hipótesis de conflicto del siglo XXI.

Una vez que se haga esto, recién entonces habrá que analizar cuánto cuesta y qué dinero es posible destinar a una reconversión material y humana de las FF.AA. argentinas.

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