La crisis está entre nosotros…


Por Ramón Ermácora *

Especial para El Día

 

La fenomenal crisis por la que atraviesa la humanidad, “La madre de todas las crisis…” según el Dr. Enrique Iglesia, ex Director Gral. del BID, tiene poco de similar con las anteriores. La muy actual está marcada por características que la hacen distinta.

Es y será muy profunda, como pocas veces ha calado en las entrañas mismas del poder real mundial, en los países centrales y ricos, en los máximos organismos financieros, económicos y productivos. Es donde ha ocurrido el colapso y esperan desesperadamente el salvavidas del Estado, en definitiva de los contribuyentes, que los salve. Nos viene a la memoria  aquello de: achicar el Estado para agrandar la Nación.

Es además una crisis radical, va a la raíz misma de estos aparatos, cuestionándolos a fondo: no volverán a ser lo que fueron, tendrán que reformularse, reestructurarse o desaparecer. La lógica del neoliberalismo financiero-económico-inmobiliario fue un espejismo, se vendió lo inexistente, lo trágico es que hubo quien compró.

Pero quizás la característica más alentadora es que será corta, no durará una década ni cinco años. Será mucho más breve, y esto debido a la tecnología, la incorporación de las NTICs (nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones) a la vida cotidiana, hace que las comunidades y los pueblos más marginales del planeta tengan en tiempo real la información del mundo, por lo que, la mayor profundización de este estado de cosas, puede producir una reacción y movilización global en cadena imparable y capaz de frenar cualquier desenlace catastrófico para la gente.

Pero además de esta caracterización, existen otros ingredientes que han sumido al mundo en la actual angustia e incertidumbre. Tal vez la preguntas sea: ¿Cómo llegamos a esto? No soy historiador, ni epistemólogo como para tener acá las coordenadas de un análisis más profundo. Esto tiene formato de ensayo de acuerdo a la experiencia y a la lectura de la realidad, en donde se puede constatar que todo este espiral de locura, del logro de mayor ganancia en el menor tiempo posible y a cualquier precio humano en el que entró la globalización financiera, alteró cuestiones de fondo en determinadas personas y en ciertos dirigentes, que destruyó o carcomió el andamio de los valores fundamentales.

 

La crisis dirigencial

Es que la crisis dirigencial ha tenido un papel central en el camino al colapso. El siglo XX se despidió dejando algunos líderes descartables, solos, urgidos por el poder a cualquier precio sin importarle la muerte, la guerra, todo tipo de violación; sólo mantenerse en el poder y hacer grandes negocios. En otros casos, una visión coyunturalista, sólo electoral por encima de cualquier pensamiento estratégico en pos de la construcción positiva necesaria, en la que hubiera respuestas a las demanda de la sociedad en materia de crisis climática y de medio ambiente, en cuestiones energéticas, alimentarias, de salud, de seguridad, de perspectivas laborales y profesionales, de superación de la pobreza y exclusión ,etc. lo que ha estado en la retórica del discurso y muy poco en los proyectos concretos a ejecutar.

Se podría seguir enumerando un rosario de problemas y necesidades que hay que atender cuando se llega al gobierno de un país, de un estado, de una provincia, de un departamento,  de un municipio o cualquier estrato de una administración pública, pero no es ese el objetivo de este artículo.

La  crisis nos da la gran oportunidad para replantearnos muchas cosas. Como lo afirman los Chinos, si podemos hacer algo desde la ciudadanía es definir claramente qué tipo de dirigente se necesita para enfrentar esta realidad y la que viene, qué perfil, su vocación, sus conocimientos y qué compromiso y honestidad de todo tipo debe tener.

Esta crisis que está entre nosotros debe tener una respuesta de cada uno y debe empezar por superar la cultura de la indiferencia y del “no te metas”. Logro en el que el neoliberalismo fue exitoso.

Es el tiempo de asumir una postura objetiva de la realidad, una visión positiva de participación comunitaria en la solución, con propuestas solidarias y generosas.

Repetir una vez más lo de Don Helder Cámara: “… cuando uno sueña solo es sólo un sueño, cuando lo hacemos junto a otros algo comienza a cambiar…”

 

* El autor es Director Gral. de INCASUR – E-mail: ramonermacora@hotmail.com

 

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