La derrota deportiva, una metáfora de la vida

España ArgentinaLa selección argentina de fútbol sufrió este martes una contundente derrota  por 6-1 ante el seleccionado de España, en Madrid. Una caída que supuso un trago amargo para el orgullo nacional futbolero.

 

Como un “papelón mundial” o “de las peores de la historia” calificaron los medios argentinos lo ocurrido. Uno de los más duros fue el diario deportivo Olé, que habló de “papelonazo”.

Algunos artículos trataron de explicar la derrota en términos filosóficos, denunciando las consecuencias nefastas de cierto rasgo de superioridad argentino. De este tenor es la columna de Ezequiel Fernández Moores, titulada “De la arrogancia a una alarmante fragilidad”.

Si es cierto que el deporte es una versión condensada de la vida, quizá haya que tomarse en serio este tipo de eventos desde el punto de vista cultural, dada la popularidad que tienen y sobre todo por ser susceptibles de convertirse en verdaderas metáforas.

El deporte, en definitiva, sería una escuela de la vida. Saber perder, por caso, es una de sus grandes enseñanzas, ya que es algo aplicable al acontecer cotidiano.

Quizá frente a la humillación deportiva se reaccione como los argentinos solemos hacer cuando la realidad nos pone límites, por ejemplo echándole la culpa del traspié a factores externos, sin hacernos cargo de la responsabilidad de nuestros actos.

Lo ideal sería que una vez perdido (un partido), lo primero que puede hacerse es aprender de los errores propios cometidos, evitando las excusas o la manía de resaltar los fallos ajenos (los árbitros, por ejemplo) o lo que comúnmente se conoce como “tirar la pelota fuera”.

El psiquiatra Enrique Rojas, en un artículo titulado “La lucidez del perdedor”, reflexiona que el fracaso, que significa que algo no ha salido como nosotros queríamos (por ejemplo en un partido), puede ser una palanca para el crecimiento, de suerte que de la adversidad se puede extraer el mayor bien.

“He visto a gente triunfar demasiado joven y después, en un breve tiempo, aquella victoria se ha convertido en una auténtica derrota. Por contra, hay derrotas que, bien asumidas, se convierten con el paso de un cierto tiempo en genuinas victorias”, reflexiona el psiquiatra.

Y añade: “La derrota enseña lo que el éxito oculta. Es la lucidez del perdedor, la nitidez de aprender que la vida es la gran maestra, que enseña más que muchos libros”.

Fue el escritor francés Albert Camus el primer intelectual que reivindicó el fútbol como filosofía de vida, asegurando que a él le debía todo lo que sabía de las relaciones humanas.

Incluso antes de recibir el premio Nobel de Literatura hizo una confesión sorprendente: si hubiera vuelto a nacer y le dieran a elegir entre escritor y futbolista, aseguró que elegiría lo segundo.

Autor de “Lo que le debo al fútbol”, allí escribió: “Mis mayores convicciones sobre moral y los deberes de cada quien se las debo al fútbol”.

Hay un sinfín de libros que explotan la veta filosófica de este deporte, su poder metafórico para la vida, la mayoría de los cuales son éxitos editoriales. En algunos de ellos se leen declaraciones de grandes deportistas.

Por ejemplo Michael Jordan, posiblemente el mejor jugador de baloncesto de la historia, ha confesado respecto de las derrotas: “He fallado más de 9.000 tiros a lo largo de mi carrera, he perdido casi 300 partidos, 26 veces he errado el último tiro que decidía un partido. He fracasado una y otra vez durante mi vida y esa es, precisamente, la razón por la que he sido exitoso”.

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