“La discusión no tendría que pasar solo por el Glifosato, sino por lo que estamos comiendo”

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Lo afirmó Betina Londra, ingeniera agrónoma y responsable de la agencia local del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). “Lo que comemos no tendría que tener ni una traza de agroquímicos”, expresó. La palabra de productores de hortalizas en la ciudad.

La iniciativa de la Municipalidad para prohibir la venta, el uso y el acopio de Glifosato en el ejido de Gualeguaychú puso sobre la mesa la obligación de rediscutir el lugar que tienen los agroquímicos en nuestra sociedad, el perjuicio que causan a la salud y la necesidad de pensar en sistemas de producción que sean más amigables con el medioambiente.

Las posiciones al respecto del proyecto de ordenanza que ya comenzó a discutir el Concejo Deliberante son diversas: hay quienes creen que la prohibición soluciona un problema; hay otros que ven una mera medida demagógica, ya que no cambia demasiado la realidad actual –el uso del Glifosato ya está prohibido–; mientras otros tantos piensa que si bien no resuelve nada, es un buen primer paso para que la provincia avance en este sentido.

“La discusión no tendría que pasar solamente por el Glifosato, sino por lo que estamos comiendo”, sentenció, en diálogo con ElDía, Betina Londra, ingeniera agrónoma del INTA que se desempeña como profesional de gestión externa. “Somos técnicos de terreno, trabajamos en las chacras”, resumió, para plantear luego una discusión mucho más profunda de la que propone el proyecto de ordenanza sobre el Glifosato: ¿qué contienen las verduras que compramos?

“Ninguna verdura que comemos tendría que tener agroquímicos, ni una traza. No se trata del producto que le echaron a un cultivo fuera de la ciudad y que podría tener alguna consecuencia sobre la salud, en este caso se trata de lo que comemos, eso, te lo puedo asegurar, va a tener consecuencia sobre la salud de quien lo consume”, aseguró.

La declaración es impactante, pero no novedosa. En el marco de la polémica disposición municipal sobre la prohibición de la manipulación de frutas y verduras, más de un especialista levantó la voz y argumentó una realidad que es irrefutable: los productos que llegan del mercado central o del mercado santafesino, igual que muchos de los que se producen en la región, contienen altos porcentajes de agroquímicos. Lo que hace al menos cuestionable la disposición impulsada por el área de Bromatología local.

En este sentido, es referencia nacional un estudio realizado por la Universidad Nacional de La Plata en el que se analizó parte del mercado bonaerense. “Ocho de cada diez verduras y frutas tienen agroquímicos”, este es uno de los resultados concluidos por el análisis de verduras de hoja verde, cítricos y hortalizas. “La variedad de plaguicidas es muy grande. Y el cóctel de químicos es muy fuerte”, aseguró Damián Marino, codirector del trabajo llevado a cabo hace dos años, en el que, entre los productos que más se detectaron está el insecticida endosulfán, prohibido en Argentina desde 2013.

Sobre el tema, la ingeniera Londra dijo: “Los que tienen que demandar y elegir la verdura sin agroquímicos son los consumidores. En eso no tendría que haber margen de discusión. Para mí, el eje de la discusión tendría que pasar por encontrar entre les instituciones la forma  para potenciar la producción de alimentos en huertas locales. Para saber qué es lo que estás consumiendo”.

Pero, aclaró: “que sea de producción local tampoco significa que sea agroecológico, que no tenga agroquímicos. Aunque en eso estamos y a eso se tiende: a que se pase primero a la banda verde (ver recuadro de toxicidad) y después a los bioinsumos, pero es un camino que recién comienza”. De hecho, “para conseguir bioinsumos hay que viajar hasta Concordia”.

 

Banda toxicológica

 

La profesional del INTA planteó dos escenarios bien diferenciados. A saber: el cultivo intensivo (soja, trigo, maíz), que hace uso de agroquímicos (sintéticos), y la agroecología, que se nutre de los bioinsumos (productos biológicos amigables con el ambiente).

Pero este camino, en el que el INTA acompaña a los productores, no sin dificultades, hacia una producción agroecológica –que a diferencia de lo orgánico tiene a la familia, a las personas, como pilar fundamental– recién se comienza a desandar. Lo que implica que, si bien se trata de utilizar la menor cantidad de productos sintéticos posible, a veces es muy difícil.

En este sentido, el maestro de huerta y vivero Martín Chas, que hace tiempo capacita en el oficio a centenares de personas por año en la ciudad, marcó algunos límites en el uso de productos en la producción.

“Fundamentalmente fertilizamos con productos orgánicos, especialmente con la cama de pollo, que es un excelente fertilizante y se hace con la cáscara de arroz y la bosta de la gallina. El problema es cuando tenés una enfermedad o una plaga en el  cultivo. Por ejemplo, la acelga sufre mucho el ataque de hongos, y si te agarran la planta lo tenés que fumigar con oxicloruro de cobre, que está permitido en la agricultura orgánica. Es un productos aceptado y efectivo y, en ese caso, te permite no perder la producción”, explicó.

“Cuando se apesta la acelga estás tirando cuatro o cinco hojas por cada una que cosechas. Y la gente que trabaja en la chacra, más allá de que se tiene a usar lo menos posible de agroquímicos, lo hace para para vivir. El tipo que está a cargo del sustento de su familia, de sus hijos, no puede tirar nada”, argumentó quien se considera un “ecologista racional” y se separa de los “ecologistas radicales”, que se oponen a todo tipo de uso de productos sintéticos.

“Ayudo a la gente a aprender a que se provea su alimento. Nosotros bregamos por el uso amigable de la tierra. Pero, se eventualmente tenés que fumigar sabes cuándo lo fumigaste. A diferencia de lo que comprás en la verdulería, de lo que no tenés la trazabilidad, ni sabés el día en que fue fumigado”, agregó.

En esta línea, la ingeniera Londra reforzó la postura de la institución que representa: “nuestro norte es probarle a los horticultores que la sustitución –pasar de los agroquímicos a los bioinsumos– no les va a hacer perder rendimiento”. Y en consonancia con la postura de Chas, indicó: “la realidad es que es muy fácil hablar del cambio de sistema cuando no se vive de eso, es muy fácil pedirles el sacrificio a los otros. Pero lo cierto es que las familias productoras no se pueden dar el lujo de perder la cosecha. Asimismo, conociendo esta realidad desde adentro, nosotros debemos demostrar que se puede, que con los bioinsumos no hay pérdida de rendimiento. Es un cambio cultural muy grande, pero estamos en eso”.

 

La feria de productores

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Todos los miércoles y jueves, desde las 7 en adelante, productores de la ciudad y la zona llegan a la feria que se encuentra en la esquina de Rocamora y el corsódromo. Lucas tiene 32 años y conserva el oficio que su abuelo heredó a su padre y éste a él: trabaja la tierra todos los días de su vida. En diálogo con ElDía, Lucas contó de qué trata el trabajo en las dos hectáreas que utilizan para la producción de hortalizas en Pueblo Belgrano.

¿Qué producen?

Todo lo que sea de estación. Se hace lo que es hoja, lechuga, acelga, radicheta, verdeo, remolacha, rúcula. Después se hace zanahoria, zapallito, zapallo de varias clases, pepinos, morrón, ajíes. Bien variado.

¿Tu familia vive de la huerta?

¿Te demanda mucho tiempo?

-Trabajas con la naturaleza.  Muchas veces capaz que trabajaste toda una temporada y viene mal tiempo perdés todo. No es que por trabajo hecho tenés trabajo cobrado. Es sacrificado, pero si te gusta podés vivir tranquilamente de la tierra.

¿Qué diferencia tiene este tipo de verduras con las de la verdulería?

Es verdura fresca. La cortamos el día anterior a traerla a la feria. Y además uno trata de usar lo menos posible de agroquímicos, se trata de usar productos de baja residualidad. No es como la verdura que viene del mercado central, que sistemáticamente se va fumigando. Sabés de donde viene lo que consumís.

Básicamente se usan para las plagas…

-Sí. Para algunas plagas u hongos.

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