¿La economía argentina tendrá futuro en el mediano y largo plazo?

Economía

Lo decidirá  el Poder Ejecutivo, si logra generar un consenso con los diferentes agentes económicos de la sociedad para promover las reformas que el país necesita para salir adelante, y el Poder Legislativo que deberá tener la capacidad de debatir, para terminar aprobándolas.

Mateo Veronesi*

Para entender si la economía argentina tiene futuro en el mediano y largo plazo, hay que comprender cómo se financia el Estado.

Una de las maneras es la emisión monetaria, a través de la creación de dinero vía el Banco Central. Este financiamiento llevó en el período de Cristina Fernández de Kirchner a niveles de inflación exuberantes, debido a que la oferta de pesos en la economía no coincidía con la demanda. De esta manera, el gobierno lo utilizó para financiar el consumo, de una forma ficticia, a través de planes sociales a los sectores más vulnerables de la economía, los cuales no podían acceder a un trabajo genuino por políticas ineficaces.

La segunda, es vía impuestos lo cual le genera un flujo positivo al gobierno. Hoy en día, el estado se encuentra financiando todo el aparato que dejó la administración anterior con impuestos que pagan los trabajadores y los empresarios, siendo la alta presión fiscal  una de las principales causas por las cuales al sector privado le está costando arrancar.

La tercera, es el endeudamiento, la más utilizada por el actual gobierno. Esta no es una decisión negativa  como algunos dicen. Por otra parte,  las razones financieras  de deuda externa sobre el PBI de la Argentina es bajo y con las tasas internacionales también bajas. Y se podría decir que es un buen momento para tomar deuda, debido a que las otras fuentes de financiamiento fueron agotadas por la administración anterior, y en este contexto seguir utilizando emisión monetaria podría llevarnos a una aceleración de la oferta monetaria, lo cual podría provocar, en el peor de los casos, una hiperinflación.

El BCRA decidió aflojar la impresión de billetes para descomprimir la cantidad de pesos en la economía y así evitar el traslado a los precios. Esta decisión fue correcta y tuvo un impacto muy bueno. Tocar impuestos para financiar el estado significaría, de una manera u otra, que también llegó a su fin la fuerte presión fiscal que sufre el sector privado y generaría que los empresarios decidan no invertir , provocando aumento del desempleo, caída del consumo y que entremos en una recesión nuevamente.

La cuarta vía es a través de privatizaciones, algo que el gobierno no se anima ni a nombrar debido a los errores tomados en los años 90, desaciertos que ocasionaron  un vaciamiento, dado los pocos controles o complicidad, por parte de esa administración. El gobierno podría tranquilamente decidir privatizar aquellas empresas deficitarias del estado que le generan un rojo a través de concesiones a privados, pero esta incurriría en un ajuste brutal dentro de las mismas, lo cual llevaría a despedir empleados, con un gran costo político y social que no está dispuesto a afrontar.

El presidente Macri y sus ministros se encuentran en una encrucijada, debido a que con el actual  déficit fiscal que tenemos y  que  genera un estado ineficiente, el financiamiento, a través de la toma de  deuda externa, no alcanzará.

Haciendo futurología podría decirse que es probable que la Argentina choque contra una pared, como en el 2001, si el poder Legislativo no aprueba las leyes que impulsa el Poder Ejecutivo,  para bajar el déficit fiscal.

Si desde el gobierno deciden impulsar una reforma tributaria y laboral que sea gradual, tanto la administración de Macri ahora, como la que vendrá, si es Macri o algún otro político, deberá tener la capacidad de que  dicha reforma pueda impactar de forma positiva en la sociedad, y eso lleve a bajar el famoso déficit fiscal para generar un sendero superavitario.

En el caso de no generar las políticas correctas, porque el gobierno no pudo sentar y poner de acuerdo a los dos sectores más poderosos del país que son el empresariado y los trabajadores para llevar a cabo esas reformas que generen un sendero de crecimiento en el mediano y largo plazo, no se va producir el famoso efecto derrame en el cual los empresarios inviertan para que se produzca empleo genuino, y así poder desmantelar los planes sociales del país en el tiempo. En este caso, el déficit fiscal no se va a bajar, la luz verde no se va a prender y la fuente de financiamiento desde el exterior se irá acabando en el tiempo, por no haber tomado las decisiones correctas con respecto a las políticas fiscales en las que tiene que haber incurrido el país, debido a que sucesivas  administraciones no pudieron enfrentar los desafíos.

Volviendo al presente se está apreciando una recuperación económica. Doce  de los dieciséis sectores de la economía están creciendo, una de las causas es la política monetaria llevada a cabo por el equipo económico del BCRA complementándose con el Ministerio de Finanzas lo cual pudo reemplazar financiamiento a través de la impresión de billetes por deuda externa para que la inflación pase a ser del 40%, en el 2016, a un 23% en el 2017, según estimaciones.

La inflación parece ir bajando, esperemos que suceda lo mismo con el déficit fiscal y así comenzar a salir de esta burbuja.

 

* Licenciado en Economía

 

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