De la ficción a la realidad: cyborgs

El cine futurista nos ha habituado a esos seres híbridos, criaturas que son simultáneamente organismo y máquina. Una figura posthumana, sin embargo, en la que trabaja hoy la ciencia.

Algunos de los mejores protagonistas de las películas de ciencia ficción a lo largo de la historia del cine han sido, sin dudas, esos especímenes dotados tanto con partes mecánicas como biológicas.

Mitad humanos y mitad máquinas, Terminator y RoboCop, por caso, son algunos de esos seres populares de la pantalla, a los que se llama cyborg, acrónimo  en inglés de cyber (cibernético) y organism (organismo).

El concepto fue creado inicialmente en 1960 por el neurocientífico Manfred Clynes y el psiquiatra Nathan Kline. En su momento, ellos se refirieron al ser humano mejorado que podría sobrevivir en entornos extraterrestres.

Sin embargo, la conexión entre la tecnología y el cuerpo humano hace tiempo ha dejado de ser patrimonio  del cine y de la imaginación de algunos para convertirse en algo muy real.

Lo cierto es que cada vez más personas optan por incorporar a su cuerpo algún elemento cibernético para así tener una sensibilidad especial o incrementar su capacidad física.

Tal vez el caso más emblemático es el de Neil Harbisson, reconocido por el Gobierno británico como la primera persona cyborg del mundo. Gracias a un sensor de color que tiene delante de la frente, conectado con una antena detrás de su cabeza y con un chip, este artista logra escuchar colores.

Otro caso sorprendente tiene que ver con el estadounidense Hug Herr, investigador del Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT), cuyo cuerpo se ha convertido en campo de pruebas para el diseño y desarrollo de prótesis tecnológicamente avanzadas.

La historia de Herr es un ejemplo de autosuperación. Avezado escalador desde muy niño su carrera dio un giro dramático a los 17 años, durante una escalada en el Barranco de Huntington (New Hampshire).

Allí fue sorprendido por una ventisca que le mantuvo tres días perdido a temperaturas de 29 grados bajo cero. Fue rescatado con vida, pero las secuelas del congelamiento hicieron que le amputasen las dos piernas por debajo de las rodillas.

Después de varios años de cirugías y rehabilitación, continuó haciendo algo que los doctores jamás pensaron que podría volver a realizar: escalar. Y para eso usa prótesis especiales diseñadas por él mismo.

Para devolver y mejorar la movilidad de sus piernas, Herr se dedicó a la ciencia. Así se graduó en la licenciatura en Física en la Universidad de Millersville, hizo una maestría en Ingeniería Mecánica por el MIT y un doctorado en Biofísica en la Universidad de Harvard.

Herr ha abierto nuevas líneas de investigación, dando lugar a una clase de biohíbridos, de prótesis “inteligentes”, que han acelerado la fusión del cuerpo y la máquina y aumentado su fuerza y resistencia.

Al describir sus piernas mejoradas por la tecnología, este profesor ha dicho: “Lo que llevo hoy en día son unas piernas biónicas que pueden moverse y actúan como si tuvieran músculos. Tienen 12 sensores en cada pierna, y varios ordenadores. Se adaptan a mi ritmo de andar, a las diferentes velocidades y por diversos terrenos. Y, por primera vez en la historia, gracias a esta innovación, soy capaz de caminar con las misma velocidad y con la misma energía que una persona con piernas perfectamente normales”.

Muchos creen que la ciencia, al romper de alguna manera la frontera entre la naturaleza y el artificio,  ya ha empezado a influir en la evolución futura del hombre, convirtiendo al hombre en un cyborg.

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