La historia de Alejandra: se curó de un extraño cáncer y ahora es maratonista

El Hospital Centenario adquirió una prótesis ocular para ella, una paciente que perdió su ojo izquierdo a causa de un tumor. Ahora, retomó su trabajo y entrena para correr maratones.

Para algunos un problema físico o de salud es sinónimo de abatimiento, mientras que en otras personas despierta aún más la fuerza de voluntad para superar los obstáculos. Esta es la historia de Alejandra, una mujer de sonrisa predispuesta que superó una intervención en su médula ósea, le extirparon un ovario y sobrellevó un cáncer ocular. Ahora mantiene su casa, educa a sus cinco hijos y, además, corre ocho kilómetros diarios.

“Tuve un melanoma coroidal en el nervio óptimo, atrás de la retina y cerca del cerebro. Entre cinco millones de personas aparecí con este tipo de cáncer que es muy difícil de detectar para los médicos”, relató Alejandra, y remarcó que está viva “gracias al Hospital y al Santa Lucía, aunque me extirparon el ojo porque no quedaba otra opción”.

 

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Desde el Centenario, “se portaron muy bien porque me ayudaron con los pasajes y compraron la protesis, que me indicaron desde el Santa Lucia”, detalló la paciente.

“Al ser un caso muy raro, sigo con los controles en Buenos Aires, ya que existe el riesgo que aparezca también en el otro ojo. Los médicos dicen que, generalmente, en la retina no salen tumores y menos donde lo tuve yo. Por eso me estudiaron durante una semana antes de la operación, que se filmó para mostrarla en congresos de medicina”, resaltó Alejandra, al tiempo que recordó que “los síntomas empezaron hace dos años” y “el diagnóstico del melanoma me lo cuando me operaron el tumor de 2.5 milímetros de extensión”.

 

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Fuerza de voluntad

Alejandra vivé en la zona norte de la ciudad y dedica gran parte de su tiempo a cuidar a sus hijos, sobre todo a los dos adolescentes que tiene a cargo y “son excelentes alumnos en la Villa Malvina”.

“Trabajo mucho, a veces soy mucama en casa de amigas, preparo pastafrolas y alfajores para vender porque estoy pagando el viaje a Bariloche de uno de mis chicos. Pero lo que más me gusta es salir a correr”, reconoció.

“Como tengo un problema de médula, los médicos me explicaron que el ejercicio físico oxigena la sangre y ayuda a que trabaje bien. Entonces corro casi todos los días una hora, hasta ocho kilómetros, y tomo cuatro o cinco litros de agua”, agregó.

Pero nada es fácil para quien tiene una incapacidad física: “por el problema de la vista me discriminan y no me quieren dar trabajo”, contó la mujer, aunque afortunadamente ahora consiguió un puesto de cocinera de jueves a domingos en un complejo termal.

“Lo que me da fuerza de voluntad es el ejemplo de mi mamá Nélida. Ella trabajó 49 años en la Municipalidad, fue la primera cuidadora de plazas en la ciudad y cada madrugada se iba caminando hasta el Parque Unzué. Regresaba a 4 de la tarde y cocinaba para sus 11 hijos. Los varones fueron todos militares y las mujeres estudiamos y trabajamos”, recordó. Y reconoció como elementos constitutivos de su conducta al “orden y respeto” enseñado por doña Nélida.

“Mamá es nuestra heroína, está en un pedestal y es un ejemplo por su fortaleza. Ella siempre decía que ‘las cosas son como son; lo que paso ya fue, es ayer y no se repite; no hay que lamentarse’. Entonces, no me sirve quedarme en casa sentada lamentándome, tengo que seguir día a día”, expresó notablemente emocionada.

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