La hospitalidad, clave de la actividad turística

TURISMOCualquier centro turístico que se precie, que aspire a perdurar en el tiempo, debe tener en claro que su virtud principal debe basarse en la capacidad de acogida amable y generosa de los visitantes.

Hospitalidad es el término que describe esta cualidad humana, que es un factor cultural que trasciende cualquier infraestructura material. Significa literalmente “amor (afecto o bondad) a los extraños”.

La palabra latina “hospitare” denota “recibir como  invitado”. Y se centra en la idea de que un anfitrión da la bienvenida y responde a las necesidades  de las personas que se encuentran temporalmente fuera de sus hogares.

Hay un vínculo estrecho entre este concepto y la actividad turística, si se piensa que esta última involucra la posibilidad que tiene que tiene el hombre de trasladarse en el espacio para conocer a otros hombres.

Aquel que viaja a un lugar para disfrutar por ejemplo de sus vacaciones espera mínimamente ser bien recibido, más allá de determinados atractivos turísticos o de un hermoso paisaje.

Es decir en la base de esta relación turística –entre la población residente y el viajero- se da indefectiblemente un trato humano que decide en gran medida el éxito o no de esta industria.

De hecho en la mayoría de las encuestas que se hacen a los turistas para conocer su grado de satisfacción lo primero que surge en la evaluación es el trato, es decir si ha sido bien recibido o no.

¿Quién puede hallar gratificación en un hotel, por ejemplo, cuyo servicio es deshumanizado, donde a la gente se la trata con indiferencia o directamente con descortesía?

¿Quién tendría ganas de volver a una plaza turística donde lo único que ha cosechado es destrato por parte de los residentes del lugar, sean funcionarios que operan servicios públicos o por parte del hombre de la calle?

¿Quién es el viajero masoquista que retornará al sitio donde ha acumulado la sensación de que ha sido visto como un extraño que incomoda y al que encima se ha pretendido explotar cobrándole por servicios que no lo valen?

A decir verdad el principal atractivo turístico de un lugar es el trato hospitalario que recibe el visitante. Y acaso esta cualidad cultural sea el valor añadido que diferencia una plaza de otra.

Porque se pueden tener paseos limpios, espectáculos atractivos, servicios públicos modernos y grandes paisajes naturales, pero si no se cuenta con una cultura de la hospitalidad la industria turística está condenada de antemano.

Una postura agresiva e indiferente hacia el visitante echa por la borda cualquier infraestructura, resta relevancia a los productos turísticos, vuelve superflua cualquier política de promoción.

Paralelamente, los atractivos o servicios de una ciudad podrán no ser de excelencia, o alcanzar las cotas de calidad deseadas, pero si su comunidad acoge cálidamente a sus visitantes, generando en ellos una empatía humana que logre que se sientan bien, entonces la actividad turística de ese sitio tiene presente y futuro.

Una industria turística ajena al trato humano es un contrasentido. Es como pretender que el huésped de nuestra casa exprese agradecimiento mientras se le transmite por todos los medios que su presencia es una molestia o una carga.

Es importante consignar que hacer sentir bien a un visitante, no es sólo responsabilidad de la camarera, del empleado gastronómico o del funcionario de la agencia de turismo, sino que debe ser algo que practiquen los residentes de la ciudad a través de la cortesía, la amabilidad y el respeto.

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