La nueva tecnología, una necesidad básica

tecnología 4Así como en el pasado el agua corriente fue un bien de lujo para transformarse luego, con la evolución de la sociedad en una necesidad humana básica, lo mismo estaría ocurriendo con las tecnologías digitales.

Aunque a algunos les resulte chocante, la información que proporcionan los modernos dispositivos digitales ya no es un lujo del que podamos prescindir; no es un bien que pueda gravarse: es una necesidad básica.

Y antes acaso alguna gente renunciaría al agua corriente que a esos grifos digitales de los que mana la imaginería de nuestro tiempo.

El concepto de necesidad se presta a equívoco. Los que creen que pueden distinguir las que son “reales” de las que no lo son, pueden pecar de esencialistas.

En efecto, con cierta arrogancia pretenden determinar qué es lo que le conviene en esencia al hombre. Desde aquí creen saber cuándo una necesidad se justifica, cuándo es “básica”.

Esta gente suele decir que el criterio lo pone el nivel biológico, y entonces esgrimen el argumento de las necesidades básicas fundamentales de supervivencia de la especie.

Pero este criterio desconoce que el hombre no nace predeterminado por la naturaleza, sino que se realiza en interacción con otros sujetos humanos. Es alguien incompleto, en devenir, que en lugar de haber sido hecho “llega a ser” por elección.

El filósofo Octavi Fullat dice el respecto: “El hombre tanto individual como colectivamente está siempre por hacer; no así un cerezo o una lagartija. Uno y otro están ya pre-fabricados (…) Lo del hombre constituye un esquema aparte. Porque el hombre, éste sí tiene futuro y no llega prefabricado del todo”.

Desde este punto de vista las “necesidades” humanas nunca son fijas ni estáticas –no se las puede congelar en el tiempo- sino que son producto del proceso de humanización.

Las necesidades humanas son necesidades históricas. Ejemplo: a los hombres que vivían en el mundo acústico de las tradiciones orales, de la era pre-literaria, jamás se les hubiera ocurrido pensar que el artefacto cultural llamado “libro” sería tan valioso para la sociedad humana.

Tuvo que ocurrir primero la invención de la escritura alfabética (1.000 a.C.) y después pasar mucho tiempo (siglo XV d.C.) para que gracias a una tecnología, la imprenta, se expandiera ese código.

Desde el siglo XIX Occidente vio que la alfabetización era una necesidad básica y entonces los Estados inventaron la escuela para que la población aprendiera la lecto-escritura.

En la Edad Media, donde los que sabían leer y escribir pertenecían a una minoría, el libro era considerado un bien de lujo. En la modernidad, en cambio, el acceso a este artefacto devino en una necesidad primaria.

Ahora pasaría lo mismo con las tecnologías digitales: hasta no hace mucho  eran objetos casi extravagantes, otro signo de estatus para los ricos, pero en poco tiempo se han convertido en una necesidad humana básica.

Este pensamiento de hecho es la base argumental que empleó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para declarar el acceso a Internet como  un “derecho humano altamente protegido”.

La Red, así, no sólo permite a los individuos ejercer su derecho de opinión y expresión, sino que también promueve el progreso de la sociedad en su conjunto.

De ahí que la ONU considere que debería ser un derecho universal de fácil acceso para cualquier individuo y exhorta a los gobiernos a facilitar su conexión.

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