La sociología política del país va mutando 

Cada formación política con cierta envergadura expresa a sectores sociales específicos. En Argentina, en los últimos años, para entender la política se han puesto de moda las miradas sociológicas sobre el electorado.

En los libros de historia han quedado cristalizadas algunas lecturas convencionales sobre el origen socio-económico de los grandes partidos políticos argentinos.

De allí se desprende, por ejemplo que el Partido Conservador fue la expresión política de la clase propietaria de la tierra y fundadora de la República.

El Radicalismo, en tanto, emergió en la historia política como el vehículo de la clase media (sobre todo rural), compuesta por los hijos de inmigrantes, para acceder al poder.

El Peronismo –según esta lectura convencional- fue un movimiento (no un partido) inventado por un militar, Juan Perón, que emuló al fascismo italiano, y que expresó los intereses del movimiento obrero, devenido en sujeto histórico crucial en la década del ‘40.

Según el sociólogo Ricardo Sidicaro el peronismo ha perdido vigencia porque ese colectivo social compacto –la clase obrera- ha dejado de existir como tal y su lugar lo ha ocupado el “individuo”, que no se deja representar fácilmente.

En su opinión, la realidad social posmoderna hace impensable la resurrección del experimento peronista. “Una persona en el año 1940 era obrero y vivía como obrero. Eso hoy desapareció”, apunta Sidicaro.

Se ha dicho, por otro lado, que la Argentina es un país de clase media, una categoría social que ha estado asociada a las aspiraciones y los estilos de vida pequeño burgueses.

La clase media se asoció a la representación que la sociedad se ha hecho de sí misma (gran parte de los argentinos dice pertenecer a ella y muchos otros aspiran a integrarla), y a estado vinculada a la movilidad social ascendente de tipo capitalista.

Se diría que la argentinidad, si cabe la expresión, empalma con esta representatividad de una sociedad progresista y móvil, una sociedad de clase media por excelencia.

Cabe postular, en este sentido, que el comportamiento político de los sectores medios influye decididamente en el curso de los acontecimientos políticos, al punto que las distintas formaciones partidarias se han venido arrogando, hasta aquí, su representación genuina, aunque con suerte dispar.

Las oportunidades de ascenso social de la clase media han estado asociadas a los vaivenes económicos. Su humor varió de acuerdo con los cimbronazos de la economía –el humor de la clase media en Argentina, como en Estados Unidos, tiene un papel decisivo en la formación de la opinión pública- y su comportamiento político osciló acompañando esas vicisitudes, aunque ha sido defensora primariamente del orden capitalista y afín a una postura política moderada.

Para algunos analistas políticos hoy la coalición gobernante, Cambiemos, está encarnando provisoriamente a los sectores medios de la sociedad, cuya ideología centrista e individualista en lo político se combina con aspiraciones de progreso capitalista en lo económico.

Es sintomática, al respecto, la discusión que se está dando dentro del peronismo, tras las últimas derrotas electorales. Miguel Pichetto, el histórico presidente del bloque del PJ en el Senado, pretende que el peronismo reconecte con las clases medias.

“El peronismo tiene que encontrar una identidad y ocupar el centro nacional, tener una mirada de capitalismo moderno, de defensa de los intereses nacionales en un mundo globalizado que está cambiando”, ha dicho en declaraciones a la prensa.

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