La soledad en alza, un dilema de época

Chica joven observando el atardecer sobre el mar en soleda

En el siglo XXI varios investigadores advierten que el aislamiento de las personas en las sociedades contemporáneas (principalmente los ancianos) es un fenómeno creciente.

Desde finales del siglo XX, las ciudades de todo el mundo comenzaron a llenarse de solitarios (crece el número de viviendas ocupadas por una sola persona) y el “contacto” se ha reducido a Internet.

Algunos autores hablan de que vivimos bajo el imperio del hiperindividualismo y de la cero solidaridad. El individuo, dicen, se aísla porque tiene miedo de amar. La promesa de permanecer unidos “hasta que la muerte los separe”, quedó obsoleta.

El fenómeno ha sido retratado con inusitada crudeza en la película documental “La teoría sueca del amor” (2015), del cineasta italo-sueco Erik Gandini.

Allí se dice que los suecos, en efecto, se tomaron en serio los deseos de una generación que alardeó de romper con los lazos que la vinculaban a la sociedad tradicional. Una vida feliz, entonces, implicaba exaltar la autonomía individual.

Pero la promesa de esta política social, una especie de paraíso de bienestar concentrado en los individuos, arrojó al cabo de varias décadas resultados perturbadores: la mitad de la población vive sola.

Aunque los suecos son ricos y seguros, tienen un Estado providente que les cubre todas sus necesidades, lucen deprimidos por fisuras emocionales asociadas al hecho de que han inventado “una sociedad de solitarios”, según Gandini.

Una Suecia donde uno de cada cuatro habitantes muere solo en cómodos departamentos, en tanto que una agencia oficial se ocupa de buscar a los familiares de los fallecidos porque nadie reclama el cuerpo.

“Me pregunto cómo es que somos tan infelices si nadamos en la abundancia. No tienes a nadie que te abrace mientras lloras, solo un formulario que rellenar”, dice una de las trabajadoras de este organismo, que da en el clavo cuando afirma: “La soledad está en alza. El ansia de independencia nos ha deslumbrado”.

A todo esto, en 2015 investigadores de Brigham Young (BYU), una universidad cristiana localizada en Utah -Estados Unidos-, llegaron a la conclusión de que la soledad es un asunto de salud pública, responsable de daños peores que los provocados por el tabaco o la obesidad.

Están los que piensan que la pandemia de este siglo es la soledad y que el entorno tecnológico, en lugar de favorecer la comunicación humana, ha profundizado el aislamiento.

El dato sociológico es que en algunos países las relaciones sociales a través de los medios electrónicos ya superan en frecuencia y número a las que se mantienen cara a cara.

La pregunta es: el telecontacto, ¿es una nueva forma de recrear los vínculos humanos o es un sucedáneo espurio, algo así como infinitas relaciones ligeras, sin compromisos fuertes, que apenas disimula la soledad reinante?

Los ancianos son la población mundial más vulnerable a los males de la soledad, dentro del marco de una civilización que ha estirado extraordinariamente la expectativa de vida. En la Argentina, una de cada cinco personas mayores vive sola, de acuerdo a un informe de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Según el reciente estudio, publicado en la revista ‘Perspectives on Psychological Science’, el sentimiento subjetivo de soledad aumenta el riesgo de muerte en un 26%. En tanto que el aislamiento social -o la falta de conexión social- y la vida aislada son más devastadores para la salud que otros factores psicológicos, como la depresión y la ansiedad.

Comentarios

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.