La soledad como política de Estado

El Reino Unido, en una medida inédita a nivel mundial, ha decidido crear un departamento de Estado para luchar contra la soledad, un mal que en realidad acecha a la sociedad contemporánea.

Se trata de una medida polémica, criticada por aquellos que plantean ilusorio creer que la burocracia puede resolver, a través de la ingeniería social, un drama existencial de índole subjetivo.

¿Qué puede hacer un funcionario estatal para resolver, por caso, el vacío existencial de individuos cuyas vidas carecen de propósito y sentido? ¿Tiene el Estado una respuesta a los dilemas subjetivos de los ciudadanos?

Al parecer, el gobierno británico ha llegado a la conclusión de que las enfermedades espirituales, como la soledad, tienen una consecuencia social dramática, frente a la cual cabe movilizar al Estado.

La noticia es que la primera ministra británica, Theresa May, anunció la creación de una Secretaría de Estado, dependiente del Ministerio de Cultura, Deporte y Sociedad Civil, para tratar el problema de la soledad, que afecta a más de 9 millones de personas, jóvenes y mayores, en el Reino Unido.

Se quiere crear así una estrategia de gobierno dirigida a combatir el sentimiento de la soledad en personas que, por distintas razones, no se relacionan con otras durante mucho tiempo.

Al frente del nuevo organismo público fue nombrada Tracey Crouch, quien deberá lidiar con una problemática que afecta a 9 millones de personas en ese país (el 13,7% de la población total).

Esto sucede, paradójicamente, en tiempos de la hiperconexión que proporcionan Internet y las redes sociales. Y también tiene lugar en una sociedad desarrollada, cuyas altas cotas de bienestar parecen tener como contracara el aislamiento ciudadano.

Este drama recuerda la temática de la película documental “La teoría sueca del amor”, del cineasta italo-sueco Erik Gandini, donde se muestra el lado oscuro del modelo social de Suecia.

Resulta que ese país nórdico, la tierra utópica de la eficiencia y el bienestar social universal, tiene habitantes que se mueren de tedio y soledad, según relata el film.

En esa cinta, en efecto, se describe un modelo supuestamente exitoso que luce deprimente por fisuras emocionales asociadas al hecho de que el dinero no lo es todo y por la construcción de una sociedad de solitarios.

De acuerdo con una encuesta realizada entre la población británica en 2016, más de 200.000 personas confesaron pasar hasta un año sin hablar con nadie. La Cruz Roja sostiene que más de 9 millones de británicos padecen de soledad.

Pero se trata de un problema que afecta a toda Europa: una encuesta de la Comisión Europea, realizada en junio de 2017, reveló que el 6% de la población no tiene a nadie a quien pedir ayuda si la necesita.

“Quiero tomar medidas contra la soledad que sufren las personas ancianas y aquellos que han perdido a seres queridos, aquellos que no tienen a nadie con quien hablar”, señaló May al anunciar su preocupación por los altos niveles de soledad que padecen los ciudadanos de su país.

Julianne Holt-Lunstad, psicóloga-investigadora de Brigham Young University, calificó la soledad como una epidemia. “A mayor soledad, menor integración, menor interacción, menor vinculación emocional y menor interrelación con otras personas así se incrementa el riesgo de sufrir más enfermedades, de padecer trastornos del sueño, alteraciones psíquicas, alimenticias y por supuesto de ser más propenso a morir”, explica la experta.

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