Las añoranzas en esta época del año

Aunque la palabra “fiesta” está presente por estas horas en todos los rincones, sobre todo en los medios de comunicación, las celebraciones de fin de año pueden estar dominadas por un bajón anímico.

De hecho hay gente que prefiere evitar las fiestas de Navidad y Fin de Año y saltar en el almanaque, es decir pasar del 23 de diciembre al 2 de enero,  alegando que este período les hace mal afectivamente y entran virtualmente en “crisis”.

La idea de felicidad que aparece en símbolos y mensajes de salutación en esta época del año no condice, por tanto, con cierto estado de depresión psicológica y espiritual.

Concretamente un mal aqueja a mucha personas en este período, la nostalgia, que según el diccionario es la “tristeza melancólica por el recuerdo de un bien perdido”.

Todos tenemos un registro infantil de estas fiestas, sobre todo de la Navidad. El recuerdo suele estar cargado de nostalgia y melancolía. Es como un tiempo primordial que ya no se puede recrear, sensaciones que nunca más volverán.

En este sentido, se diría que las personas de determinada edad no pueden sustraerse a cierta añoranza, aunque este estado de ánimo puede ser más fuerte en quienes no pueden lidiar con determinadas pérdidas.

La pena de melancolía suele experimentarse ante el recuerdo de un ser querido que ya no está, a veces por la ruptura de una relación amorosa, o cuando una persona está ausente de su patria o lejos de su gente.

En ocasiones este sentimiento puede expresar un anhelo de lo anterior o un pasado poco realista, a raíz de la tendencia humana a idealizar lo que no se tiene. Por ejemplo: si una persona siente nostalgia por su niñez, recuerda sólo los buenos momentos y excluye las penas de aquella época.

Algunos psicólogos hablan de que hay que respetar el derecho a la nostalgia, sugiriendo que es indefectible tener que lidiar con las “ausencias” en ese período del año.

Cada persona tiene sus propias razones para sentir nostalgia. Para algunos, por ejemplo, será frecuente evocar momentos de su niñez, donde se añora el cuidado y protección de los padres.

Hay una regresión en los recuerdos infantiles, con elementos como el árbol, las luces, los regalos, que nos transportan a un momento de alegría y magia que se han ido.

Para otros, será la nostalgia del ser querido que ya no está, ya sea por separación o fallecimiento. Para algunas madres o padres puede ser la partida de sus hijos del hogar familiar y que se vincula al “nido vacío”.

Para otras personas puede ser un tiempo en que se resalta su soltería reciente tras una reciente ruptura sentimental. Es decir, el común denominador de estas situaciones es la ausencia o la pérdida.

Todas las personas adultas sienten nostalgia en esta época, aunque no todas transitan ese estado de ánimo de igual manera. Hay quienes se entregan a los excesos para “quitarse” la pena o la melancolía.

Lo más frecuente, en este sentido, es que tiendan a comprar de forma compulsiva, ya sea para hacer regalos o para sí mismos. Otros centran los festejos en beber o comer en exceso. Pero estos caminos son ficticios y no recomendables.

Después están los que directamente se deprimen y entonces evitan relacionarse con las otras personas, rechazan las invitaciones para celebrar, y prefieren entregarse a la soledad.

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