Las energías puestas en ayudar a los otros 

En la sociedad mercantilizada en que vivimos, donde parece triunfar el puro interés individual, hay mucha gente sin embargo que dona dinero y tiempo para asistir a otros.

Para recordar a quienes trabajan en forma gratuita y solidaria, en Argentina se eligió el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís, patrono del voluntariado hospitalario.

Oriundo de Asís (Italia), Francisco lideró un movimiento de renovación cristiana en el siglo XII. Siendo hijo de un rico comerciante, se desprendió de todos los bienes, y vivió una vida austera y simple, bajo la observancia de los Evangelios.

Tuvo un inmenso eco en las clases populares de la Edad Media, donde su figura fue venerada. Uno de los carismas de este religioso y místico italiano fue el servicio misericordioso al pobre y desvalido.

En muchos aspectos la realidad humana actual parece darle la razón a los que adhieren a la tesitura de que el hombre es un “mal bicho”, un animal que utiliza su inteligencia para su propio provecho.

Alguien, en suma, que ha desarrollado la facultad de dominar a sus congéneres, o de sobrevivir a toda costa en un contexto de rivalidad.

Desde este lugar se entiende que del hombre sólo se espere egoísmo, intolerancia, soberbia, avaricia, y demás maldades. ¿Es que acaso las personas están genéticamente condenadas a no pensar más que en ellas mismas?

Los hechos cotidianos muestran sin embargo que, al lado del instinto adquisitivo y de la voluntad de poder, también crecen la solidaridad, el amor, la sencillez, el respeto del otro, la honestidad, la tolerancia, la libertad.

Es posible encontrar conductas que se colocan, por caso, en las antípodas del egoísmo más craso. Brindar una atención desinteresada al prójimo, aun cuando dicha diligencia atente contra el bien propio, es algo que puede ser catalogado de “altruista”.

El altruismo (del francés antiguo “altrui”: de los otros) es una noción que adquiere sentido diverso según la filosofía, el sistema moral o la religión en la que se enmarque.

Cabría incluir aquí, por ejemplo, aquel “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, formulado por Cristo, el modelo de perfección que abrazó Francisco de Asís.

Hay quienes creen, contra la visión pesimista, que en el hombre existiría una tendencia natural a la solidaridad, algo que se reflejaría en la protección hacia los miembros de la familia.

Otros piensan que el altruismo es una condición que surge de la educación. Consideran que el peso de la cultura y las tradiciones históricas es clave en la conducta de buscar el beneficio de otros, y mucha gente encuentra el sentido de su vida en el servicio al prójimo.

Al parecer esta actitud libre y desinteresada es más común de lo que se supone, pese a que existe la presunción de que vivimos en un mundo cruelmente materialista.

Además se extiende a todas las clases sociales, niveles educativos y atraviesa distintas religiones. Una forma de solidaridad son los donativos a organizaciones humanitarias, individuos o comunidades.

Personas o empresas, a través de aportes materiales de distinto tipo, suelen contribuir, muchas veces desde el anonimato, para hacerle la vida más llevadera a gente que la pasa mal.

Otra forma incluye el trabajo por los demás directamente o a través de organizaciones no gubernamentales con fines no lucrativos. La población atendida por estos voluntarios es variopinta, como es la necesidad humana.

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