Las múltiples caras que asume el capital

En el lenguaje coloquial el término “capital” significa una suma de dinero, un bien patrimonial, un monto que se invierte o aporta. Sin embargo, el concepto está asociado también al mundo sociocultural.

Capital es sinónimo de riqueza o patrimonio, entendido como conjunto de bienes que cada uno posee, ya sea por herencia de los padres o adquiridos por su cuenta.

Ahora bien, despojado el término de su contenido material y económico, capital puede presentarse como propiedad cultural que poseen tanto individuos como grupos.

Desde una perspectiva marxista, el sociólogo francés Pierre Bourdieu habla de la acumulación de cultura propia de una clase, heredada o adquirida mediante la socialización.

Dicho capital tiene mayor peso en el mercado simbólico cultural, entre más alta es la clase social de su portador. Son en el fondo las formas de conocimiento, educación, habilidades, y ventajas que tiene una persona y que le dan un estatus más alto dentro de la sociedad.

Entre las muchas propiedades intangibles de un sujeto o grupo se anotan, por ejemplo, los bienes lingüísticos. Y siguiendo la lógica clasista, cabría postular que el potencial lingüístico de los sectores sociales acomodados siempre es mayor al de los más desfavorecidos.

Se podría decir, entonces, que al igual que el capital económico (dinero o bienes materiales), el capital lingüístico está distribuido socialmente en forma despareja. En este sentido una persona que no puede elaborar discursos, o lo hace en forma deficiente, dentro de las posibilidades que permite un idioma, está en desventaja.

Con un mínimo de capital lingüístico, la persona quedará excluida del mercado comunicativo. Quien dispone de menos palabras -ni hablar del analfabeto- tiene escasas posibilidades de ascenso social.

Otro uso de la palabra “capital” remite a la variable que mide la colaboración social entre los diferentes grupos de un colectivo humano, y el uso individual de las oportunidades surgidas a partir de ello, sobre la base de tres fuentes principales: el afecto, la confianza mutua, las normas efectivas.

Entre los sociólogos, en efecto, se habla de “capital social” como esa capacidad intangible en términos de sociabilidad con que cuentan determinados grupos humanos o comunidades

Aquí preferentemente se alude a una sociabilidad entendida como la capacidad para realizar trabajo conjunto, de colaborar y llevar a cabo la acción colectiva. Esa capacidad depende de las relaciones de confianza y reciprocidad entre los individuos, articuladas en redes interpersonales.

Por otra parte, en los regímenes capitalistas y desde el punto de vista de la macroeconomía, cuando se habla del valor de la fuerza de trabajo en una comunidad se habla de “capital humano”.

Ese valor es directamente proporcional a su calidad y según los economistas define hoy del desarrollo económico de los países. Una fuerza de trabajo entrenada, educada y sana, adaptada al cambio tecnológico, es el factor crucial para la producción de riqueza y bienestar.

Se dice, al respecto, que aquí reside el talón de Aquiles de los países pobres, los cuales tienen muchas veces abundancia de recursos naturales, pero las limitaciones de sus capital humano conforman una barrera infranqueable para su desarrollo.

Por otro lado, las estadísticas revelan que existe una correspondencia permanente entre los altos índices de ingresos de un país y el predominio del capital humano en su economía.

 

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