¿Qué le pasa al Carnaval, cuya recaudación viene en picada?

CARNAVAL

El espectáculo viene de mal en peor. Acaba de vender menos entradas que nunca, profundizando así una peligrosa pendiente descendente. ¿Qué hacer? ¿Salvataje, acaso, del Estado?

 

Marcelo Lorenzo

 

El principal producto turístico de Gualeguaychú está en problemas: dejó de ser rentable. En efecto, desde 2012  la recaudación  entró en una preocupante pendiente descendente.

El resultado económico del último verano encendió una luz roja en los organizadores de la fiesta. Y no es para menos: fue el peor de la historia.

Se recaudó la mitad de lo que necesita para cubrir los costos, según explicó a este diario la consultora contable Fernández-Tesone, que lleva los números del espectáculo.

Se vendieron apenas 67.000 entradas, la cifra más baja de la historia. En efecto, se situó en 22 mil entradas menos respecto a 2009, el peor año hasta aquí contabilizado, cuando el show se suspendió en febrero a causa de la epidemia de cólera.

En 2015, con 94.000 entradas vendidas, pareció haberse encontrado el piso de la caída. Pero resulta que 2016 cerró con 27 mil entradas menos.

¿Qué hay que pensar de 2017? ¿Continuará la declinación? ¿Cómo harán los clubes, que todos los años deben invertir para realizar el espectáculo, y que para ello han venido tomando créditos, por ejemplo del Estado?

Según el contador Diego Fernández, de la consultora local, con 140.000 entradas mayores vendidas el Carnaval es saludable. Por debajo de esa cifra mágica, por tanto, la ecuación económica se complica.

El problema es que desde el verano de 2012, en que se vendieron 134.000 entradas, el Carnaval se viene alejando, temporada tras temporada, de la marca ideal de recaudación.

En 2013 la caída se profundizó, vendiéndose 119.000 entradas; en 2014 vino menos público, al venderse 94.000; igual que en 2015, con recaudación parecida.

Pero 2016, con 67.000 entradas, es lo más parecido a una debacle. Independientemente del problema estructural de la fiesta -que está inmersa en una pendiente comercial que amenaza su sustentabilidad- el verano último no deja de ser un fenómeno sui géneris.

En efecto, aquí se conjuraron varios factores que conspiraron objetivamente contra la fiesta. En opinión de Fernández, las inundaciones que afectaron a Entre Ríos hicieron que el público se retraiga, optando por otros destinos.

Por otro lado, la apreciación del peso en 2015 (o dólar barato) incentivó la salida masiva de argentinos a Brasil, Chile y Uruguay, provocando que el sector turístico interno sufra su peor temporada de verano desde 2009.

Pero además la devaluación de la moneda en diciembre, y el posterior anuncio de los ajustes de las tarifas eléctricas, acobardó a mucha gente, que prefirió no vacacionar.

 

Causas de la crisis

 

Pero ¿por qué se produjo la declinación económica del Carnaval en los últimos años? El déficit, en principio, reside en que los costos siempre crecientes no son compensados por los ingresos.

En noviembre de 2000 Gustavo Rivas, con ocasión de la inauguración del Corsódromo, escribió un artículo (“El Carnaval sin Sopera”) en el cual explicaba la tensión económica inherente a la evolución del espectáculo.

La tesis expresada ahí es que el Carnaval había dejado de ser un evento sostenido voluntariamente, con una mano de obra presta a trabajar gratis, de suerte que lo clubes obtenían diferencias aún cuando la entrada era módica.

Con el paso del tiempo, y el ingreso de público masivo, el espectáculo se fue “profesionalizando”, y los que hacían los distintos trabajos empezaron a percibir mayores retribuciones.

El valor de la entrada fue acompañando este crecimiento de la fiesta y del evento. El problema es que ahora ese precio habría encontrado su techo, en un contexto donde carnavales menos costosos generaron competencia.

El contador Fernández adhiere a este diagnóstico, del continuo aumento de los costos por la profesionalización. “Pero no se puede achicar el costo sin castigar la calidad del producto”, aclaró.

Por el lado de la demanda, el entrevistado explicó que se viene observando una real pérdida de público, circunstancia que obedecería por un lado a cambios de hábitos de los turistas y por otro a fallas en la estrategia de comunicación de la fiesta.

“A diferencia de Mar del Plata o Córdoba,  por ejemplo, donde el público está en esos lugares y asiste a los espectáculos, Gualeguaychú en cambio tiene que atraer el público para consumir un producto, el Carnaval. Si no se acierta en la comunicación, entonces, la cosa se complica”, refirió.

En la reciente temporada, aclaró, era clave la promoción porque se trataba de revertir la caída del público de otros años. “Pero llegó tarde. Eso no estuvo bien”, admitió Fernández.

Según el consultor, el Carnaval se enfrenta a pérdida de público por distintas razones. Por ejemplo, desapareció el turista de los campings, que consumía el espectáculo.

“El 30 % del público del Carnaval era tradicionalmente el acampante. La gente que venía a alojarse en carpas era importante. Eso en los últimos años se ha caído estrepitosamente”, señaló el entrevistado.

Y agregó: “Otro sector importante eran los jubilados, que venían en excursiones numerosas. Era importantísimo ese público. Pero se ha perdido y hay que recuperarlo”.

Fernández comentó además que otro cliente tradicional del Carnaval que dejó de venir, después del cepo cambiario y la sobrevaluación del peso, fue el extranjero. “Aunque no era significativo, este público iba creciendo y era influyente en la publicidad del espectáculo”, comentó.

Preguntado sobre el público juvenil que arriba a Gualeguaychú en verano, el entrevistado sostuvo: “Es un público que no consume Carnaval, sino que va a las playas y a los boliches”.

 

Precio, oferta única

y redes sociales

 

- ¿Acaso el Carnaval es un producto caro?

Fernández:- El turista que viene dice que el valor del espectáculo es razonable. Está de acuerdo tanto con los precios de la fiesta como con los de la ciudad. ¿Qué pasa con el que no viene? ¿Por qué no viene? Es evidente que hay un problema de baja capacidad de consumo. De hecho este año el turista del Carnaval gastó individualmente por día $756. Y el año pasado gastó $780. Pero en uno y otro año hubo inflación. Con lo cual su poder de compra ha bajado objetivamente. Gualeguaychú tiene que trabajar sobre los precios. Porque nadie quiere tirar la plata. ¿Por qué migraron este verano 2,5 millones de argentinos a Brasil? Muy simple: porque ese destino era más barato que cualquier centro turístico del país.

 

- El producto se viene replicando en otras ciudades, sobre todo en Entre Ríos. Y así como el púbico opta, según su bolsillo, por distintas marcas para igual artículo, ¿podría estar ocurriendo algo parecido en el mercado carnavalero?

– Hay muchos carnavales pero el de Gualeguaychú es único por su calidad. Y las cosas buenas se consumen. Lo que pasa es que hay que ir donde está el consumidor y ofrecerlo. Creo que se está produciendo en estos últimos años un enorme cambio de hábitos en los consumos culturales y de entretenimiento, y el Carnaval no escapa a eso. Esos cambios alcanzan también al cine y al teatro. Estamos en un contexto donde las redes sociales son el medio de comunicación fundamental y donde la gente tiene otras preferencias y costumbres. La habilidad del Carnaval, si quiere que lo consuman, será insertarse en este nuevo entorno.

 

- ¿Está fallando, entonces, la comunicación del producto?

– Lo que le falta al Carnaval es que la gente hable de él y para eso debe meterse en las redes sociales. Que la gente opine, que hable y así se multiplique el interés. Creo que el potencial de Carnaval está intacto. Tiene que reacomodarse a esta realidad. En los ‘90 llegábamos a la gente a través de la televisión. Hoy debe ser por medio de las redes sociales. Tiene que tener una presencia muy importante ahí para despertar el interés del público.

 

 

La alianza tripartita

 

Gustavo Rivas, que puede considerarse con justo título como historiador del Carnaval local, explicó a este diario que la actual crisis del espectáculo debe considerarse en el contexto más amplio de lo que él representa para la sociedad nativa.

En su opinión, el Carnaval expresa la idiosincrasia local en un doble sentido: tanto como expresión de la capacidad de inventiva de los gualeguaychuenses (que se da también en los planos económico, social y cultural) como su espíritu “carnavalero”.

La importancia de esta fiesta, dice, se explica desde la forma organizativa que adoptó en 1978, por la cual se dieron en concesión los corsos a los propios realizadores del espectáculo, con derecho a cobrar entradas.

Para que no derivara en un mero negocio de particulares, se puso como condición que tal concesión sólo se podía otorgar a entidades sin fines de lucro, y de esta manera los clubes tomaron la posta.

Este formato institucional, según Rivas, explica el éxito que logró la fiesta. La clave, por tanto, pasa por “mantener intacta esa trama entre los realizadores que arriesgan y empujan, la comunidad que acompaña y las autoridades que garantizan las condiciones, articulando los intereses en juego bajo la brújula del bien común”.

Dos riesgos amenazan esta “alianza tripartita”, según Rivas: el control estatal de la fiesta, de suerte que se construya algo así como el Estado Carnavalero, y la privatización del evento, haciendo que sea un negocio de pocos.

Rivas cuenta que cuando el carnaval, por la lógica del mercado, empezó a crecer, la afluencia de dinero produjo lógico trastorno. El producto se encareció para los vecinos, muchos de los cuales empezaron a pensar que el Carnaval ya no era de todos, sino de pocos.

“Se produjo así una brecha entre los organizadores del corso y el resto de la comunidad, a la que contribuyó la notoria miopía de algunos dinosaurios que con soberbia se encerraron en la creencia de que nada le debían al resto de la ciudad”, describió el historiador.

Consultado sobre la crisis actual Rivas opinó que la propia organización del carnaval debe “seguir el rumbo iniciado de restaurar la brecha con la comunidad perdida por errores de años atrás e incrementar la porción de público que le puede aportar un pueblo que mayoritariamente sigue siendo carnavalero”.

Por otro lado, sostuvo que dada la importancia social y económica del evento, el Estado no se puede desentender. “Nuestra Municipalidad le ha prestado apoyo -aclaró-, consciente de que no sólo lo hace con los clubes, sino con los cientos de familias que viven del carnaval y el amplio sector de la comunidad que se sustenta en el turismo. Y porque en gran medida la ganancia se vuelca en sus establecimientos educativos”.

Rivas añadió: “Faltaría sumar al gobierno provincial, ya que es una fiesta que da prestigio a la provincia por su nivel. Y también al gobierno nacional, que cuenta con un importante aparato de promoción. Y como ‘la caridad empieza por casa’, muchos prestadores turísticos locales que se favorecen con la fiesta, podrían prestarle un apoyo que exceda lo declamatorio”.

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