Leo Bentancur y Ale Gallay, las caras de un nuevo paradigma de representatividad

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Hace una semana fueron elegidos representantes culturales de Gualeguaychú, figura que desde el año pasado reemplaza a la tradicional reina del turismo. Amigos, ambos comparten el compromiso por los que menos tienen. Con los pies en el barro, Bentancur y Gallay representan un cambio de época.

Luciano Peralta

 

Gualeguaychú hizo ruido a nivel nacional cuando la Municipalidad decidió dejar atrás la tradicional fiesta de la reina del turismo, en la que, básicamente, se elegía a una de las adolescentes participantes por su belleza física y su gracia para caminar y hablar.

La discusión sobre el lugar de la mujer en la sociedad actual y el cuestionamiento al reconocimiento de la belleza como virtud, llevaron a las autoridades locales a cambiar la reina por los representantes culturales. Una figura que, aunque al día de hoy no está muy claro su rol, viene a poner sobre la mesa valores bien distintos.

Evangelina García Blanco, por la labor solidaria en Pelucas de Esperanza, y Osky Beigbeder, por la reivindicación de la diversidad de género, fueron los primeros representantes culturales elegidos mediante la votación habilitada en la página web municipal. El domingo, los dos nuevos reconocidos fueron Leonel Bentancur y Alejandro Gallay, dos jóvenes a los que la vida los encontró en más de una cruzada solidaria.

El primero fue el motor de muchas campañas que tuvieron a los niños y a los sectores que menos tienen como destinatarios. Hace un tiempo, como para encauzar todo ese trabajo que incluye a muchas otras personas conformó la ONG “Creo”. El segundo, se erigió como el referente joven del Hogar de Cristo Nazareth, un espacio para personas con adicciones que el próximo 8 de enero cumplirá tres años en la ciudad.

La solidaridad cruza ambas historias, que ahora cobran notoriedad, pero que no son más que el trabajo que se multiplica en decenas y decenas de barrios de Gualeguaychú en forma silenciosa. Casi al margen del Estado, desde donde hay que gritar fuerte para que las faltas, que son muchas, lleguen a los oídos de quien corresponda. Hoy, es el propio Estado el que reconoce y premia a dos de los jóvenes que con su trabajo hicieron visible el Gualeguaychú que no se elige mostrar, el que jamás hubiese tenido lugar en la fiesta de la elección de la reina del turismo.

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La importancia de un abrazo

“Me enteré que estaba postulado cuando me mandaron un mensaje con la lista de los nombres. Fue un voluntario del hogar el que me propuso. Yo estaba en un encuentro de la Pastoral Nacional de Adicciones con el Padre Pepe. A lo primero no quise saber nada, pero me empezaron a decir que estaba bueno para dar a conocer nuestra historia, para romper con un montón de prejuicios que se tienen con los chicos con adicciones”.

Un día después de haber sido elegido por los votos de los gualeguaychuenses, Ale Gallay trata de ubicarse en tiempo y espacio, y reconoce que “todo pasó muy rápido”, que hace apenas tres años llegó al naciente Hogar de Cristo en búsqueda de ayuda, “como cualquier otro pibe”, y que a veces tiene miedo de no estar a la altura de lo que de él se espera.

“Es como que todo se fue dando muy de golpe. En tres años se abrieron 75 hogares en el país. En Gualeguaychú somos el primero fuera de los ocho que ya existían en las villas de Buenos Aires. Todo creció, y sigue creciendo, muy de golpe. Yo no soy profesional en el tema adicciones y, si bien me fui capacitando, todavía me falta mucho que aprender”, reconoce, humilde, quien también es coordinador provincial del movimiento nacional “Ni un pibe menos por la droga”.

“Por ahí, la gente se entera que la droga existe cuando los pibes salen en los diarios por algún hecho delictivo o porque pasa algo fuera de lo normal. Pero acá hacemos un trabajo de hormiga, cada día, cada hora, que muchas veces no se ve. Por ahí la persona viene haciendo las cosas bien dos, tres meses, pero se manda alguna y lo que se ve es lo malo”, relata Gallay.

“No es fácil sostener a un adicto fuera del consumo. Nosotros tenemos un lema, a la vida se la recibe como viene. Muchas veces la persona llega falta de cariño, con la falta de un abrazo, que para la mayoría puede ser insignificante, pero para quien está en ese estado de vulnerabilidad puede ser el principio de la solución”, remarca.

Con respecto al lugar del Estado en la problemática de las adicciones, una de las grandes deudas de la democracia argentina, Gallay se corre del lugar común del reclamo y el pedido: entiende que la solución demanda de un compromiso que trasciende a funcionarios y responsabilidades estrictamente políticas.

“Es verdad que hoy tenemos un mayor acompañamiento de la Municipalidad, de los centros de salud, del Sedronar. Creo que no podemos esperar que el Estado nos resuelva todo. Los argentinos estamos acostumbrados a echarle la culpa siempre al Estado, es más fácil hacer eso que tomar la posta uno. Necesitamos de todos, del gobierno, de la sociedad civil, de toda la comunidad. Y no es necesario ser especialista para hacerlo, hay un montón de gente que sabe coser o soldar, o es carpintero, y que tiene voluntad para enseñar. Porque la droga no es solo lo que se ve, es la frutilla de un postre mucho más profundo y complejo que necesita de ayuda”, sostuvo, y puntualizó: “es la falta de oportunidades, los problemas familiares, la inexistencia de un trabajo o una educación digna; todo eso es un combo explosivo que muchas veces termina en las adicciones. Nosotros a los chicos los recibimos como vienen, con lo bueno y lo malo. Y esperamos que este reconocimiento de la sociedad se traduzca en mayor compromiso, no es tan difícil hacerlo”.

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Compromiso social y cuidado medioambiental

Creo es una organización sin fines de lucro que no maneja dinero. Todos los meses junta, entre sus 300 socios, diversos productos –comestibles, de limpieza, etc. – y los distribuye a otras organizaciones o instituciones que realizan trabajo social, como merenderos, guarderías, el asilo de ancianos, la granja Emanuel, etc.

Leonel Bentancur es uno de los fundadores de la ONG y está convencido que la distinción como representante cultural es el reconocimiento al trabajo desinteresado llevado a cabo por todo su grupo.

“De alguna manera nos pone en un lugar de visibilidad que no tenemos, es un trabajo que no se ve. Es una buena forma de comunicar, vamos a aprovechar todos estos espacios para impulsar más nuestras organizaciones. De hecho, nos pasó con casi todos los voluntarios de Creo, que no conocían el barrio donde trabajamos, en el arroyo Gaitán”, relató, al tiempo que remarcó “la sorpresa” de muchos de sus compañeros cuando vieron la forma en que viven las familias de esa zona de la ciudad: “viven muy precariamente, a veces sin agua, es una situación complicada que te choca, te pega”.

Son entre 60 y 100 los niños de la zona que meriendan junto a los voluntarios de la ONG. Pero Bentancur es consciente de que no son el único grupo que realiza trabajo solidario en la ciudad, aunque cuentan con el plus de colaborar con otras instituciones.

“Lo importante en el trabajo social es no frustrarte”, sostiene. “A veces pasan cosas que te bajonean y en el camino se pierde mucha gente valiosa. Pero hay que seguir. Sobre todo por los nenes, que son los primeros en agradecernos por lo que hacemos. Pero, además, para contagiar a quienes no nos conocen. No es necesario que se pongan a hacer lo mismo que nosotros, se puede colaborar con donaciones mensuales. Todos podemos hacer algo para cambiar las cosas”, enfatizó.

Al igual que Gallay, el joven impulsor de Creo muchas veces es el nexo entre quienes tienen necesidades y quienes desean ayudar. Pero no solamente el trabajo social y la necesidad de dar una mano a quienes lo necesitan movilizan a Bentancur. La cuestión ambiental también le quita el sueño al impulsor de las dos marchas Stop Cáncer que tuvieron lugar en Gualeguaychú.

“Se tiene que trabajar más en el tema ambiental. Está bastante complicada la situación, y si bien todavía le cuesta a la gente salir a la calle, creo que ya va a empezar a hacerlo, estamos seguros de eso. El del cáncer es un problema que está afectando a toda la población, en todos los barrios hay una persona que tiene cáncer. Cada dos días hay tres personas nuevas. No es un dato mío, lo dio el doctor Héctor Arocena (jefe de Oncología del Hospital Centenario)”, remarcó.

Con respecto a la última movilización, el joven de 29 años que trabaja en un comercio de la ciudad reflexionó: “Se avanzó a medias. Hoy el tema está en un lugar importante de la agenda. Pero, durante el año solamente se sacaron estadísticas, no se avanzó sobre los factores generadores de la enfermedad. Hoy al menos tenemos un compromiso municipal, pero todavía falta mucho”, reflexionó y agregó: “todo tiene que ver con todo. No podemos hablar del cuidado ambiental sin hablar de los chicos que crecen dentro del barro. Y no podemos dejar de lado la importancia de cuidar el ambiente en que vivimos, desde lo más mínimo como puede ser tirar un papel en la calle, porque no estaríamos educando a nuestros chicos en el respeto hacia lo que nos rodea”.

 

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