Lo que empieza a jugarse en las PASO 

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Las llamadas elecciones de medio término (legislativas) están cargadas de morbo político en Argentina cuando el gobierno no es de signo peronista. Un traspié electoral en esta instancia, a juzgar por el pasado, le puede costar su permanencia en el poder.

En el país se vota cada dos años por expresa disposición constitucional para la renovación parcial de las cámaras legislativas nacionales. A estas elecciones generales se les suma el régimen de “primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias” (PASO).

Formalmente las PASO, que se realizan hoy, constituyen una etapa de selección de candidatos de las distintas fuerzas, y esto con vistas a la elección legislativa propiamente dicha que tendrá lugar el 22 de octubre próximo.

Los analistas políticos coinciden en señalar que las primarias de hoy darán una pista sobre el humor del electorado. Sus resultados dibujarán la tendencia de los votantes de cara a las elecciones de medio término reales.

Ahora bien, desde el regreso de la democracia en 1983, el resultado de estas elecciones legislativas permitió desentrañar cuál podría ser el destino del circunstancial ocupante de la Casa Rosada.

En realidad merodea un maleficio: los presidentes no peronistas, Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa, perdieron las llamadas elecciones “de medio término”, lo que los condujo a una progresiva pérdida de poder político, al punto de tener que terminar sus mandatos antes de tiempo.

Con estos antecedentes se entiende la opinión dominante de quienes siguen de cerca esta elección, viendo en ella una prueba de fuego que determinará el éxito o fracaso del proyecto político, social y económico que proponen Mauricio Macri y Cambiemos.

Como si las presidenciales de 2019 se pusieran en juego ya en 2017. Así piensa, por ejemplo, el politólogo Andrés Malamud, para quien en las elecciones intermedias de hoy se define el porvenir del gobierno de Macri.

“El futuro de este Gobierno no es reelección o no reelección. Es duración o no duración. Si Cambiemos no gana las elecciones intermedias, tiene muy poca probabilidad de terminar su mandato”, dijo Malamud en febrero de este año.

Otros analistas matizan estas previsiones apocalípticas para el oficialismo recordando que tras perder sus últimas dos elecciones de mitad de término, el Frente para la Victoria (FpV) obtuvo 54% en las presidenciales de 2011 y 49% en el ballotage de 2015, sin tener que irse antes de tiempo del poder.

Quienes fueron los ganadores de las legislativas de 2009 (De Narváez) y 2013 (Sergio Massa), no pudieron repetir el éxito dos años más tarde, en las elecciones presidenciales.

Uno de los principales focos de atención de estas elecciones será la provincia de Buenos Aires, el distrito con mayor cantidad de electores y número de representantes en el Congreso, y donde, según analistas, se juega “la madre de todas las batallas”.

A partir de este domingo, con las PASO, Argentina empieza a recorrer el camino para definir su décima elección nacional de medio término desde el retorno de la democracia. Desde el punto de vista institucional, es una buena noticia que el ciudadano pueda elegir libremente qué desea para Argentina.

Por lo demás, la política democrática de un país es directamente proporcional a la idiosincrasia de sus habitantes, a cómo piensan y valoran. Entre los criterios de elaboración del voto prima la ideología o concepción del mundo.

Desde esta óptica los ciudadanos de un país, al encumbrar a determinados representantes, están expresando su escala de valores, aquello que desean y encaja dentro de sus expectativas éticas.

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