Cómo son los Bancos cuyo interés principal son los alimentos

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Aunque no hay plazos fijos ni préstamos, los Bancos de Alimentos son la mejor inversión para evitar que cada año en la Argentina 16 millones de toneladas de comida terminen en la basura.

 

Florencia Carbone

 

Cada día en la Argentina se tira un kilo de comida por habitante. Cada día en la Argentina hay dos millones de personas que pasan hambre.

Aunque el efecto del promedio pueda deformar en cierto modo la realidad (si hay dos personas, una come un pollo y la otra no come nada, la estadística dirá que cada uno se comió medio pollo), el dato a tener en cuenta es que en nuestro país se desperdician 16 millones de toneladas anuales de alimentos por pérdidas en la producción, la comercialización y en los hogares.

Cada año, esa montaña de comida que genera una de las mayores naciones productoras y exportadoras de alimentos del mundo, termina en la basura junto con las históricas promesas de solucionar el problema del hambre.

 

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Los números del mundo apabullan: el desperdicio global trepa a 1.300 millones de toneladas de alimentos, mientras que la cantidad de seres humanos que pasan hambre ronda los mil millones.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con la recuperación del 3,25% (alrededor de 40 millones de toneladas) del derroche que se produce en Estados Unidos se podría alimentar a los mil millones que pasan hambre en el mundo.

Los expertos señalan algunas diferencias. Cuando se habla de “pérdidas”, se hace referencia a lo que se pierde o estropea antes de que el producto llegue a su etapa final. Se pueden perder alimentos durante la recolección, el almacenamiento o el transporte. En cambio cuando se habla de “desperdicio” se hace alusión al descarte del producto que hace el comerciante minorista (almacenes, restaurantes, etc) o el consumidor final en su hogar.

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¿Qué y cómo revertir el fenómeno? La clave pasa por encontrar una segunda oportunidad para alimentos que parecen destinados a terminar en la basura.

Y es ahí donde aparecen una clase de bancos cuyo principal interés no tiene que ver con tasas, plazos fijos y préstamos, aunque sus depósitos logran dar valor social a los alimentos que han perdido su valor comercial: los Bancos de Alimentos.

En la Argentina existe la Red Bancos de Alimentos, una asociación civil sin fines de lucro que agrupa a 15 Bancos de Alimentos (BDA), 2 BDA en formación, 2 organizaciones adherentes y 1 iniciativa de BDA, distribuidos en 9 provincias.

La Red se creó en 2003 para potenciar el trabajo conjunto de los BDA, acompañar su desarrollo, fomentar la creación de nuevos y “favorecer alianzas estratégicas que contribuyan a la construcción de una Argentina bien nutrida y sin hambre”.

¿Cómo, cuándo y por qué nacieron los primeros BDA en el país?

Natascha Hinsch, Directora de la Red Argentina de Bancos de Alimentos, cuenta que todo empezó con la crisis de 2001.

“Es un modelo que se trajo de Estados Unidos, donde los BDA arrancaron a fines de los ’70 (hoy son más de 200). En el mundo hay alrededor de 1.000. En la Argentina son 15 además de algunas organizaciones que están adheridas a la Red y también entregan alimentos, aunque aún no están constituidos como Bancos”, explica.

Hinsch cuenta que uno de los objetivos de la Red es colaborar con la creación de más BDA y hacer la coordinación de excedentes entre los Bancos, además de relacionarse con las empresas a nivel nacional (principales donantes de alimentos), brindar capacitación y hacer auditorías y seguimiento de los procesos de todos los Bancos.

¿Qué hace un Banco de Alimentos? “Básicamente rescatar alimentos que por algún motivo perdieron valor comercial y devolverles su valor social. Es fundamental tener en claro que se trata de alimentos que perdieron su valor comercial, pero no su aptitud para el consumo”, enfatiza.

 

-¿Cuáles son las características que tienen los alimentos que distribuyen los BDA?

-Son productos que por ejemplo tienen fecha corta de vencimiento que no les permite a las empresas volver a insertarlos en el circuito comercial, que tienen errores en el packaging (envase), ya sea en el etiquetado o que tuvieron algún error en la línea de producción. Por ejemplo, un sobre de sopa cuyo contenido debe ser 150 gramos y por un error en la línea de producción sale con 120 gramos de producto. Algunos casos en los que se rompe el packaging externo, no el que está en contacto con los alimentos. Excedentes de producción, como frutas y hortalizas.

 

-¿Quiénes son los principales aportantes de alimentos?

-Trabajamos principalmente con empresas porque movemos grandes volúmenes. Generalmente no nos relacionamos con el consumidor final directamente. Nuestra principal función es el rescate de alimentos y son las grandes empresas la que generan mayores excedentes en este sentido. Venimos trabajando desde 2001 en el relacionamiento con las empresas para que entiendan el modelo y trabajar juntos. Somos aliados estratégicos, les damos una solución para poder distribuirlos a quienes más lo necesitan.

 

-¿Cómo es el funcionamiento de un BDA? ¿Cómo se clasifican los alimentos?

-La mayoría de los productos llegan palletizados por bultos. Por ejemplo, mandan seis pallets de cajas de fideos que llegan como si fueran a un supermercado. Tenemos un sistema de gestión por el que se ingresa y registra el producto con fecha de vencimiento, número de lote, etc.

Además recibimos lo que se denomina mermas de supermercados. Llegan productos variados y en esos casos hay que verificar el estado del envoltorio, sacar los productos que se rompieron dentro de la caja, etc. Todo eso lo hacen los voluntarios.

 

-¿Cómo se define el depósito del BDA y cómo se financia su funcionamiento?

– Cada Banco es una organización autónoma, con su personaría jurídica, al igual que la tiene la Red. Acompañamos a los Bancos, hacemos auditorías de procesos, vemos que los depósitos estén en perfecto estado, que la gente que trabaja en los depósitos tenga conocimiento de buenas prácticas de manufactura en la manipulación de alimentos, etc. Se entrena a la gente y a los equipos de los Bancos. La Red también acompaña con mucha capacitación. Y cada Banco tiene su Departamento de Desarrollo de fondos.

Además, las empresas colaboran con una tasa logística por kilo de alimentos que se lleva. Incluimos al beneficiario -a los comedores- dentro de la cadena de valor social.

 

-¿Cómo nace un BDA?

-Generalmente surge por vocación y preocupación de un grupo de gente de una ciudad en particular que tiene una preocupación social por la situación en que se encuentra la zona, porque hay muchas personas en situación de vulnerabilidad, porque ven que hay alguna industria grande que genera desperdicio de alimentos. La idea es unir las dos puntas.

Esos grupos generalmente se ponen en contacto con la Red y los ayudamos a evaluar la factibilidad de funcionamiento de un Banco en esa localidad por el volumen de alimentos que se puede llegar a rescatar y entregar, y si es viable, se los va acompañando en un proceso que tiene distintas etapas.

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-¿Cuál es el criterio que se tiene en cuenta a la hora de elegir las organizaciones a las que llevarán los alimentos?

-Son relevamientos que se hacen en cada localidad. Tienen que ser organizaciones con personaría jurídica –eso tiene que ver con un tema de resguardo legal de toda la cadena-. Muchas veces, una vez que el Banco está funcionando, las organizaciones se acercan a solicitar los alimentos y entonces se las visita, se las audita, luego se las ingresa a la base de datos y se comienza a trabajar con ellas.

Ese proceso varía dependiendo la localidad y en función de la cantidad de alimentos que se tiene para distribuir. Ocurre muchas veces que hay organizaciones en lista de espera porque no se llega a cubrir las necesidades con la cantidad de alimentos rescatados, más allá de que nunca se sabe exactamente con qué alimentos se contará.

Para concluir, Hinsch señala un dato que permite cuantificar la importancia de la iniciativa: en los 15 años de trabajo en la Argentina, los Bancos de Alimentos posibilitaron el “rescate” de 85 millones de kilos de comida.

Campaña de firmas

La Red de Bancos de Alimentos trabaja actualmente en una campaña sobre la Ley Donal que, como explica Hinsch busca concientizar a todos, pero especialmente a los legisladores, de la importancia del tema.

Si bien la sanción de la ley de donación de alimentos data de 2004, hoy la Red recolecta firmas para incluir un artículo que resulta clave para potenciar el sistema.

“En 2004 se vetó el artículo 9 de la Ley 25.969. Desde entonces hubo varios proyectos pero todos  quedaron en la nada. Es un artículo fundamental que hace al espíritu de la ley a punto tal que sin él, la ley no tiene mucho sentido”, dice Hinsch.

“El objetivo de ese artículo es deslindar de responsabilidad a aquel donante de alimentos que entregó los mismos bajo las exigencias del Código Alimentario Argentino. La idea es que una vez que los entregó, la responsabilidad sobre el estado de esos alimentos pasa al próximo eslabón en esa cadena”, detalla.

En síntesis, el objetivo es evitar posibles juicios a las empresas donantes. “Nosotros como BDA somos responsables una vez que recibimos los alimentos de cómo los entregamos. Ese es el espíritu que confía en la buena fe del donante siempre y cuando haya cumplido con las exigencias bromatológicas del Código Alimentario Argentino”, comenta la Directora de la Red Argentina de Bancos de Alimentos.

La campaña de recolección de firmas continúa (se pueden sumar a través de Facebook, Instagram y Twitter con el hashtag #LeyDonal y #ArgentinaSinHambre), aunque el proyecto tuvo media sanción del Senado a fines del año pasado.

“Ahora que arranca el año legislativo confiamos en que se trate pronto. Si logramos modificar esta Ley, muchas más empresas se sentirían respaldadas y aumentarían sus donaciones”, concluye Hinsch.

 

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