Macri abraza el 8M pero no se olvida de Cristina

Marcha 8MLa política es a la que Macri parece abrazarse para pasar el momento. Si le servirá o no, sólo el destino lo sabe. Lo cierto es que la estrategia es la misma del año pasado cuando debió enfrentar las elecciones de medio mandato.

 

Jorge Barroetaveña

 

Si la economía sigue complicada y no hay señales claras que el gobierno maneje todos los resortes, allí están otros desafíos como el que planteó el jueves el 8M y que el Presidente ya recogió en su discurso de inauguración de Sesiones Ordinarias en el Congreso de la Nación.

La multitud que el jueves se movilizó en todo el país, tiene ingredientes dispares pero también unas cuántas cosas en común, sobre todo la reivindicación de los derechos de la mujer. En ese profundo colectivo se mezclan el aborto, la igualdad salarial, la licencia por maternidad, la violencia de género y otras cuestiones que todavía, para algunos sectores de la sociedad, actúan como divisoria de aguas.

La resistencia del hombre es natural. Siente que sus propios derechos están en juego y que el avance de la mujer los amenaza. Perciben al cabo, la pelea por un espacio que históricamente le ha pertenecido. Esta visión, suplementaria y no complementaria del avance femenino es lo que genera tensión y, en unos cuantos, una resistencia abierta o solapada.

Parte de esto se colará en el Congreso no sólo con la iniciativa que ya tiene estado parlamentario sobre la interrupción del embarazo sino también con las que anunció Macri que abren otros frentes: la igualdad salarial compromete a empresarios y sindicatos en una pelea que no tiene antecedentes en el país.

Sorprendentemente es la política la que le trae buenas noticias a la Casa Rosada, porque la economía hace ruido por todos lados. Aún resuena la jactancia presidencial en campaña que la inflación era lo más fácil de controlar y la lluvia de inversiones que vendrían con su sola presencia. Hoy, ni lo uno ni lo otro. La inflación quedó claro que es difícil de domesticar sin un plan de shock y con un déficit que sigue siendo monumental. Las críticas de Francisco Cabrera a los empresarios, a los que les pidió que se dejen de llorar y se pongan a  trabajar, fueron música para Macri, pero no son completamente ciertas.

 

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Argentina carece de una burguesía empresaria al estilo de la brasileña. Históricamente se han acostumbrado a una relación conveniente con los gobierno de turno, aprovechando cada resorte del Estado, para conveniencia propia, bastante lejos de lo que un proyecto de país serio requiere. La mayoría amasó fortunas por su maridaje con el estado y no quiere resignar ningún beneficio. Macri no les perdona su apoyo a Daniel Scioli, su silencio en los años duros del kirchnerismo y que siempre lo miraran de reojo. Pocos creían en él, y los empresarios formaban parte del amplio mundo del no.

Desde las empresas se defienden y acusan a la gestión macrista de ineficiencia para bajar el gasto, blandura con los estados provinciales (afirman que los Ingresos Brutos en lugar de bajar en muchas provincias subieron) y una carga impositiva insoportable.

El Presidente está convencido que hacen la fácil: en lugar de ser más competitivos trasladan todo a precios y por ende, al consumidor que es el que paga el pato. Así la ecuación no cierra para ninguno de los dos. Hay empresarios que creen ver la mano de Durán

Barba en la inquina presidencial. Sospechan que políticamente ‘garpa’ echarles la culpa de la inflación, expiando así responsabilidades propias. No están muy lejos, porque el desprestigio de la clase dirigente también se nutre del empresariado vernáculo. Y el que está en la parte más baja de la pirámide, el pobre consumidor, más que sospecharlo lo tiene como certeza.

Casualmente, siguen apareciendo escuchas telefónicas que no hacen más que recordar el pasado reciente. Escucharla a la ex Presidenta Cristina insultar y maltratar a Parrilli, ex jefe de los espías, retrotrae a viejas épocas, no tan lejanas, y le dan forma a un culebrón digno de ser escrito. El “alcanzame otra tostadita”, amaga convertirse en ringstone, y resume los desopilantes diálogos en los que abundan el destrato, las malas palabras y las descalificaciones. Es notable el amor que Cristina tiene por el peronismo, es evidente que siempre lo ha tenido entre sus prioridades, igual que la famosa frase de Aníbal cuando los mandó a meterse la marchita en un lugar oscuro.

El entuerto no contribuye mucho a la paz interna ni a la reconstrucción que varios intentan de un partido opositor que abarque a todos o casi. El 2019 existe y revive en cada error que comete el gobierno. Pero en este juego de contrapesos la que tiene la última palabra es la sociedad, esa definición amorfa que fluye un día hacia un lado y otro día hacia otro.

Los políticos tratan de adaptarse a eso y lo que pasó con el 8M es una muestra. El riesgo es subestimar a la gente y pensar que se la lleva de las narices. Es una idea vieja que los argentinos enterraron hace tiempo. Para bien por supuesto y para demostrar que nunca la historia involuciona.

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