El mal que condicionó la vida de Stephen Hawking 

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El mundo científico lamenta el fallecimiento del físico británico Stephen Hawking, quien hizo conocida mundialmente la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), enfermedad que padeció desde los 21 años.

El carismático científico responsable de las más importantes teorías sobre los agujeros negros y la mecánica cuántica, explicó en efecto el universo desde una silla de ruedas.

Hawking no sólo se convirtió en una estrella mundial por sus conocimientos científicos sino por la obstinación con que se aferró a la vida, desde que le fue diagnosticada la enfermedad.

Entonces los médicos le dieron sólo dos años de vida, pero él vivió 54 años más. Al morir en la madrugada del martes en su casa de Cambridge, a los 76 años, dejó una lección de lucha contra ese mal que lo condicionó totalmente.

La ELA destruyó poco a poco su cuerpo, su capacidad motora, sus músculos. Primero le postró en una silla de ruedas y luego le quitó la capacidad de hablar. Redujo el control de su cuerpo a la flexión de un dedo y el movimiento de los ojos.

El deseo de saber, su fuerza de voluntad y el sentido del humor, se conjugaron para superar la enfermedad discapacitante. Aunque nunca más pudo usar su voz, el físico la reemplazó por un artefacto electrónico, un sintetizador de voz.

“Aunque había una nube sobre mi futuro, encontré, para mi sorpresa, que disfrutaba más de la vida en el presente de lo que la había disfrutado nunca”, dijo en una ocasión.

“Mi objetivo es simple. Es un completo conocimiento del universo, por qué es como es y por qué existe”, refirió con su clásica voz robótica, que se convirtió en parte de su leyenda.

Lo notable de este caso es que aunque Stephen Hawking quedó en una situación de discapacidad a causa de la ELA, eso no le impidió  mantener su alta actividad científica y pública.

De hecho hizo conocida mundialmente a la esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad del sistema nervioso que ataca a las células nerviosas (neuronas) que están en el cerebro y la médula espinal.

La ELA es debilitante porque lleva a una paralización progresiva del paciente hasta su parálisis completa. Es, por lo tanto, un mal que conlleva una gran carga de discapacidad y dependencia.

No se conoce la causa de la enfermedad. Puede ser parte de una tendencia familiar, pero generalmente se presenta aleatoriamente. No existe una cura para esta dolencia, aunque las medicinas pueden aliviar los síntomas y, algunas veces, prolongar la supervivencia.

Se calcula que en Argentina hay entre 600 y 800 pacientes con ELA y se atienden 13 hombres por cada 10 mujeres, informó Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires.

“En Argentina se mantiene una prevalencia similar a la que hay a nivel mundial”, aseguró el neurólogo Gabriel Persi, para quien “la evolución mortal de la enfermedad hace que por año mueran 30.000 personas en el mundo”.

Cabe consignar que en Gualeguaychú existe la Asociación Civil “ELPLAM”, que reúne a personas con ésta y otras enfermedades degenerativas. La entidad viene impulsando proyectos de distinta índole para ampliar los espacios de accesibilidad en la ciudad, a favor de personas con discapacidad.

Aunque todavía no se ha encontrado la cura de la ELA, se han hecho avances en su tratamiento. La enfermedad  sigue desvelando a los especialistas, que desconocen su verdadero origen y ven cómo la mayoría de las veces tienen dificultad para diagnosticarla.

 

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