Malvinas: “El 14 de junio es uno de los días más triste de nuestras vidas”

Los vecinos de Gualeguaychú integraron las filas del Batallón de Infantería de Marina (BIM) 5, el último en deponer las armas en la guerra de Malvinas. A 36 años de aquel día, lo recordaron con emoción y tristeza.

Los veteranos de guerra integraron una unidad, cuyo jefe, el Capitán de Fragata Carlos Robaccio, no acató la orden de rendición impartida por el Gobernador General Benjamín Menéndez.

Contrariando la definición, combatió hasta el 14 de junio, causando numerosas bajas a un enemigo que no entendía cómo un grupo menor de soldados conscriptos, suboficiales y oficiales había frenado el avance de batallones.

Vergara recordó que la primera baja que sufrió el batallón fue el 1º de Mayo, en ocasión de “recibir un bombardeo aéreo”. Fue el comienzo de un ataque permanente que se prolongó desde los “buques de la armada británica, sin que nosotros pudiéramos repeler el fuego enemigo. Todas las  noches sentíamos el silbido de las bombas cayendo algunas muy cerca de nuestras posiciones”.

Es así que recién el 12 de junio el BIM 5 “entró a la historia, porque fue la fecha en que comenzaron los combates en monte Tumbledown también denominado en español como Cerro Destartalado. Es una elevación de 258 metros situada en el este de la Isla Soledad, mientras que el 13 se desarrolló otro combate sin el apoyo de la Fuerza Aérea que ya no operaba. El 14 quedamos solos ante el avance británico”.

Una madrugada dramática

Vergara destacó que en la noche del 13 de junio y madrugada del 14, “nadie pegó un ojo. Fue imposible dormir por la adrenalina. Era simplemente escuchar las bombas, los estruendos, las explosiones que provenían de Monte Williams donde estaba nuestro compañero Luis Frávega combatiendo en la compañía Nacar”.

“Sabíamos que íbamos a tener contacto con  el enemigo pero no sentí miedo, más allá del temor que genera un enfrentamiento. Nosotros no éramos profesionales de la guerra como los británicos”.

También nos enteramos que Argentina se había rendido ante las fuerzas de Gran Bretaña, sin embargo “nuestro comandante, Carlos Robaccio, no acató la orden y nos organizó en Sapper Hill para recuperar las alturas perdidas”.

Vergara remarcó  que “nosotros nos preparamos para combatir hasta la última munición, mientras que el resto de las tropas argentinas habían depuesto las armas”. Agregó que entre las 13 y las 13.30 aparecieron helicópteros británicos en lo que fue la “antesala del combate final. Después observé que al menos dos batallones se dirigían a nuestras posiciones, cuando nosotros éramos unos 800 hombres dispuestos a resistir hasta lo último”.

En cuanto a los helicópteros “dos fueron alcanzados por el fuego de fusiles FAL y armas antiáereas, quedando destruido uno y el otro averiado”.

Finalmente, y luego de arduos combates, el BIM 5 se replegó y entró desfilando a Puerto Argentino, encendiendo el pabellón nacional, antes de que los ingleses lo tomaran como un trofeo de guerra.

Uno de los hechos que no olvida Vergara fue haber abatido a “boca de fusil (Fal 7,62 mm) un Sea- Harrier (Avión británico), abrazarnos y gritar Viva la Patria. “En definitiva festejábamos haber derrotado una persona, que en ese momento era un enemigo. En aquel contexto era lógico, porque veníamos recibiendo bombardeo tras bombardeo, viendo morir a compañeros y a otros  sufrir terribles heridas; mientras que hoy lo vemos de otra manera”, resumió.

Tristeza y humillación

Oscar Pérez expresó que el 14 de junio de 1982 fue uno de los días más tristes de su vida. “Fue la jornada en que Argentina se rinde ante Gran Bretaña”, destacó el Veterano y agregó que “se perdió una batalla, no la guerra, no un conflicto que sigue por los carriles diplomáticos”.

“Que hayan bajado la Celeste y Blanca para izar la de Inglaterra, a pesar de todo lo que hicimos, de los compañeros que perdimos en combate, me  provocó una sensación  de angustia, humillación que hoy no puedo superar”, relató Pérez.

Agregó que “lamentablemente muchos compañeros de armas en aquellos largos días, no pudieron superar la rendición y algunos terminaron quitándose la vida en la posguerra. Rendirse es humillante, aunque no hay una palabra exacta que defina ese momento”.

Pérez concurrió a Malvinas como soldado. El veterano aseguró que mientras estuvo en las islas, lo hizo con la convicción de que estaba en suelo patrio y que tenían la obligación de defender un territorio que nos pertenece.

 

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