Mamushka, la muñeca rusa que nació en Japón

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Es uno de los juguetes y souvenir más tradicionales de Rusia pero lejos de tener una historia milenaria es relativamente joven y es originaria de otro país. Cómo es el proceso por el que se da vida a una verdadera obra de arte que puede contener entre 4 y hasta 74 piezas en su interior.

 

Florencia Carbone

 

MOSCÚ.- Así como los argentinos discutimos sobre la paternidad del dulce de leche, el tango o el mate, ¿quién pondría en duda el origen ruso de la clásica matrioshka, mamushka o babushka, la muñeca de madera que en su interior contiene a otras tantas? Y sin embargo, es en su propia tierra donde el mito queda derribado.

A poco de aterrizar en la imponente capital de Rusia, la guía comienza a compartir su conocimiento. Anticipa algo de todo lo maravilloso que hay en la ciudad en la que viven alrededor de 15 millones de personas: desde la Plaza Roja, el Kremlin y la Catedral de San Basilio, a las tradicionales Tiendas GUM, el Teatro Bolshoi y hasta las estaciones de subte, que son una verdadera obra de arte.

Y casi de inmediato, cuando los visitantes preguntan por los mejores sitios para comprar los típicos recuerdos del lugar, aparece en escena la mamushka, esa muñeca que contiene dentro a otra muñeca, que a su vez contiene a otra muñeca, y así sucesivamente. El número de muñecas que puede tener un conjunto va de 5 a… algunos dicen hasta ¡75!

“Aunque es muy común que todos tengan en su casa una matrioshka, que los viajeros las lleven como un souvenir inconfundible de su paso por Rusia y que aun los propios rusos crean que se trata de una tradición milenaria de nuestro país tienen que saber que el origen de esta muñeca es japonés”, cuenta ante la sorpresa del grupo de argentinos que la escucha.

Según explica la guía, a finales de 1890 todo lo relacionado con la cultura oriental estaba de moda en Rusia. Fue para esa época que un conocido industrial ruso llevó de Japón a su país una serie de siete divinidades de la Fortuna. La más grande representaba a Fukurokuju, el dios calvo de la sabiduría y la felicidad.

Algún tiempo después, el pintor Serguei Maliutin creó una versión rusa del juguete en su taller de artesanía popular. El artista representó una campesina feliz que contenía dentro de ella toda su descendencia hasta un recién nacido.

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La muñeca se hizo muy popular en Rusia y recibió el nombre típico “matriona” (como se identificaba a las campesinas), y cuyo diminutivo es matrioshka. En 1900 el juguete causó sensación en la Exposición Universal de París, donde ganó una medalla de bronce.

No pasó mucho tiempo antes de que la política tiñera la vida de las mamushkas y fue así como en 1920 surgieron las “mamushkas bolcheviques” que representaban a obreros, personajes históricos y hasta a “enemigos del pueblo” como el “kulak” (denominación peyorativa que se le daba a los campesinos ricos, a los que se identificaba con una gorra y los brazos cruzados sobre una abultada panza).

A partir de 1930, el Estado intervino de modo directo en la producción de las muñecas y aparecieron fábricas en varias ciudades rusas.

Aunque las matrioshkas originales representan a alegres campesinas rusas son sus pañuelos en las cabezas y sus floridas vestimentas, hoy es posible encontrar desde caricaturas de Lenin, Stalin, Putin y Obama, hasta los Simpson, Harry Potter, los Minions y cuanto jugador de fútbol pueda uno imaginarse.

Respecto del significado de las matrioshkas, una de las teorías dice que son un símbolo de alegría, prosperidad y sabiduría ya que al abrirse revelan lo que cada una tiene dentro y eso se interpreta como una simbología de la representación interior de las personas. Otros sostienen que representan la fertilidad y maternidad.

Las muñecas generalmente están hechas de madera, y por lo general se utiliza madera de tilo por la ligereza de su textura. Cuentan los expertos que los árboles que se destinan a la elaboración de las matrioshkas son cortados en abril (primavera en el hemisferio Norte) por ser el período en el que tienen más savia.

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Tras ser cortada en bloques y procesada durante al menos dos años, un maestro maderero realiza la elección de las piezas que servirá para dar vida a las muñecas. Todas las muñecas incluidas en una matrioshka deben ser construidas a partir del mismo bloque de madera ya que según dicen, la expansión y contracción de la madera, así como la humedad, son características únicas que varían de bloque a bloque.

Con la ayuda de tornos y cinceles de diferentes tamaños, los talladores comenzarán a dar vida a las piezas. La primera figura en ser tallada es la más pequeña (es la única pieza entera, no se separa en partes, y es la que dará al resto de las muñecas, la medida).

La parte inferior de la siguiente muñeca es tallada dejando como último trabajo el aro superior que se unirá con la parte superior de la muñeca. El trabajo de tornear las piezas y lograr que encajen una con otra es bastante dificultoso y requiere de mucha habilidad.

La madera al finalizar el torneado es blanca y se trata con aceite para protegerla de los cambios externos y de la humedad. Luego se aplica una base de pintura y se deja reposar. Luego son decoradas con pinturas al óleo y finalmente las piezas se recubren con laca, cera o barniz.

Aunque ahora sabíamos que el origen de las matrioshkas no era ruso, la belleza de cada una de esas pequeñas obras de arte puso entre paréntesis ese detalle.

Tal vez en este caso vale la pena aplicar una adaptación de la célebre frase con la que el personaje del cartero Mario Ruoppolo (en la película Il Postino) intenta justificar ante el exiliado Pablo Neruda el plagio que hace de su obra: “La Poesía no es de quien la escribe, es de quien la necesita”. Con la matrioshkas bien podría decirse más allá de su nacimiento formal, hay que reconocer el sello con el que los rusos lograron destacar (e instalar) a las muñecas en el mundo al punto de transformarlas en uno de los objetos que simbolizan a su país.

 

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