Sartori: “Tenemos que encerrar a las vacas para que no nos las roben”

Encierre. La mayoria de los productores protegen a sus animales en corrales cercanos al establecimiento

El productor y cooperativista de Sarandí indicó que por cuestiones de seguridad todas las tardes encierra su rodeo a un costado del casco de la casa paterna.  Se considera un defensor del cooperativismo y de las instituciones. En la actualidad, preside el consejo asesor de la Agencia del Inta en la ciudad.

No es el único que lo hace. La mayoría de los chacareros que viven en el campo, máxime aquellos que están cerca de la ciudad, desde hace un tiempo encierran los animales a última hora de la tarde, y los sueltan al amanecer con la finalidad de que no se los roben o faenen, como le pasó a Mario tiempo atrás. “Me sacaron una vaca Holanda, muy mansa, para matarla en la entrada misma al campo”, recuerda el chacarero que proviene de una familia trabajadora de la zona rural de Sarandí.

“Mi viejo trabajó toda su vida en el ámbito rural. Comenzó a los 5 años y no paró hasta los 80. Hoy con 89 años, sigue al tanto de todo lo que “pasa en nuestro establecimiento”.

Mario, junto a su padre y el resto de la familia, llevaron adelante distintos emprendimientos, tales como agricultura, ganadería y lechería. “Tuvimos un tambo familiar de baja escala en el que ordeñábamos a mano, vendiendo la producción en la Cooperativa”, además de darle “valor agregado con la elaboración y posterior venta de quesos de campo”.

Dijo que Don Víctor tuvo el “privilegio de ser el primer tambero en entregar su producción a Cotagú”.

Comentó que está atento a cualquier movimiento extraño que suceda en la profundidad de la noche en el campo. “Ladran los perros y salgo a ver qué pasa, a revisar la hacienda. Últimamente no ha sucedido nada extraño”, pero  advierte que no hay que bajar “nunca la guardia y jamás dejar la casa sola porque te la vacían”.

En la actualidad, Mario se dedica a la ganadería con hacienda en el campo de Sarandí y en Ceibas, campo bajo donde “no se puede hacer otra cosa que trabajar con rodeos vacunos”, mientras que en Sarandí la unidad económica es “pequeña y no da para trabajar con animales a una mayor escala”, además del tema de “inseguridad ya manifestado”.

El campo bajo, a tres kilómetros de localidad de Ceibas, es muy productivo “cuando el tiempo acompaña”, pero  en estos momentos está disminuido en su capacidad por el “avance de las aguas”.

En su momento, tuvo que vender parte de su producción y a la hora de reponer es como empezar de cero, puntualiza.

 

El Cooperativismo

Lo considera esencial para salir adelante y progresar. Indicó que hace algunos años en su función de consejero-representa a la Cooperativa Arrocera-, surgió la idea de formar una cooperativa de crédito impulsada por quien es gestor de la misma, el contador Ricardo Díaz, idea que acompañamos y en enero, “cumplimos el primer año de funcionamiento”, resalta.

Comentó que en lo personal, seguirá acompañando el cooperativismo, algo que heredó de su padre, quien es uno de los pioneros en la creación de la filial de la Federación Agraria Argentina, entidad que impulsa todo lo que tiene que ver con “conformar y agrupar a los productores en cooperativas”, destacó Mario.

Dijo que para hacer cooperativismo, se necesitan personas que “entiendan lo que significa y lo lleven a la práctica”. Asegura que el “sistema es muy eficiente”, pero a veces se generan problemas por quienes están a “cargo de diferentes cooperativas”.

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