Marte y el afán humano por traspasar las fronteras

El robot que acaba de llegar a Marte tiene un nombre, Curiosity, que sintetiza el afán de conocer el Universo que ha movido siempre al hombre, el cual por otro lado es un modo de conocerse a sí mismo.

El vehículo-robot (“ROVER”) fue lanzado el 26 de noviembre de 2011 en un cohete Atlas V 541 desde Cabo Cañaveral (Florida). En sus ocho meses y medio de vuelo recorrió 570 millones de kilómetros.

El mundo científico, sobre todo, ha saludado como un gran triunfo el arribo al planeta rojo de este sofisticado vehículo de la NASA preparado para explorarlo.

Se trata de otro paso decisivo del ser humano en la conquista del mundo cósmico que lo rodea. Al referirse al episodio, el presidente Barack Obama habló de “hazaña tecnológica sin precedentes”.
La misión, que ha reavivado el entusiasmo por la exploración espacial, persigue determinar si el planeta albergó vida en algún momento, realizar mediciones climatológicas continuas y estudios geológicos de la superficie.

Pero el propósito más audaz y trascendente tiene que ver con precisar las condiciones de habitabilidad de Marte para fundar los pilares de una civilización humana.

Para lograr este designio, deberá escrutarse la geología del planeta utilizando un laboratorio rodante capaz de realizar análisis químicos. También se deberá estudiar la atmósfera para tratar de caracterizar su evolución en la escala geológica, la radiación que recibe y la meteorología del lugar.

Los científicos sostienen que enviar una tripulación a Marte es una operación muy riesgosa. Y esto porque el planeta rojo carece de atmósfera y no está protegido contra las radiaciones cósmicas, que pueden atravesar fácilmente el traje de un astronauta y causarle daños irreversibles a la salud.

Marte es el cuarto planeta del Sistema Solar. Fue nombrado por los antiguos como el dios romano de la guerra, quizá por que su color rojizo se identificaba con la sangre.

Su diámetro representa un poco más de la mitad del diámetro de la Tierra. ¿Por qué se lo conoce como el ‘planeta rojo’? Esto se debe a que las rocas de su superficie desérticas contienen óxido de hierro.

La temperatura en promedio es de -62°C. Se trata, por tanto, de un planeta frío. Esto es así porque está ubicado a 228 millones de kilómetros del Sol (la Tierra está a 150 millones de kilómetros).

La expedición del Curiosity revela, una vez más, la maravilla del adelanto de la ciencia y la técnica. Pero además expresa la sed insaciable de comprender del hombre, que desde tiempos antiquísimos ha mirado el cielo en busca de respuestas al enigma de la vida en el cosmos.

Las antiguas mitologías, cosmologías y cosmogonías atestiguan la fuerza inmensa que impele a los seres humanos a ir más allá de su frontera terrestre. Las viejas civilizaciones –en particular la egipcia, la asirio-babilónica y la griega- han mirado hacia lo alto, hacia las estrellas, tratando de descifrar el significado de la aventura humana en el cosmos.

Los antiguos miraban al cielo para obtener información sobre el destino de los individuos y las naciones y para saber qué decisiones tomar desde el punto de vista político o militar, o para conocer cuándo sembrar y cosechar.

Sorprende que después de varios siglos, y a partir del avance extraordinario de la tecnología, el hombre quiera averiguar hoy las condiciones de habitabilidad de un planeta como Marte, porque su propósito es colonizarlo algún día.

Más allá de este fin pragmático, subsiste el anhelo humano de ir más allá para contestar los secretos que aun guarda el Universo.

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