¿Masajes, miorelajantes, técnicas posturales o lámpara de infrarrojo?

contractura¿Cuáles son las estrategias terapéuticas que han demostrado mejores resultados?

 

Lic. Federico Peralta*

MN: 12024, MP: 1405

 

Al momento de recibir atención en salud, las personas pocas veces cuentan con estándares de buena asistencia. En los últimos 50 años ha habido un aumento exponencial de la investigación científica en salud. Se ha dado un cambio de paradigma en relación a cómo generar conocimiento para la mejor toma de decisiones. El modelo actual es el denominado Medicina Basada en la Evidencia, que se define como “la utilización consciente, explícita y juiciosa de la mejor evidencia clínica disponible para tomar decisiones sobre el cuidado de los pacientes individuales”. En este sentido la información sobre las mejores opciones terapéuticas se encuentra mucho más a la mano para los profesionales de salud que cuentan con la formación necesaria para poder leer e interpretar un trabajo de investigación científica.

En la misma línea esta nota tiene por objetivo educar a la población general sobre el tipo de abordaje que ha mostrado tener mayor respaldo por parte de la ciencia para el tratamiento del dolor lumbar. Dicho tratamiento es utilizado a modo de ejemplo y desde un punto de vista pedagógico, para que sea más clara la explicación, pero los conceptos que se desarrollan son aplicables a cualquier situación de enfermedad.

 

Salud- enfermedad: Causa y efecto

En primer lugar es fundamental entender que los procesos de salud-enfermedad que se dan en nuestro organismo necesariamente responden a una relación causa-efecto, que no siempre puede ser determinada. Es decir, si me duele la espalda tiene que haber al menos un motivo para que ese dolor haya sido generado. Habitualmente las causas de dolor lumbar son más de una, por lo cual el mejor abordaje es casi siempre multidisciplinario, pero más allá de que sea uno o más los factores que determinan el dolor, es fundamental poder llegar a entender cuál o cuáles son esos factores. En simples palabras, entender a causa del problema nos permite acercarnos al mejor tratamiento optimizando los resultados.

Siempre que el movimiento de una parte del cuerpo sea doloroso, genere disconfort o algún otro síntoma desagradable como podría ser el vértigo, esa zona del cuerpo optará por dejar de moverse. Un ejemplo más a la mano de esto es cuando nos golpeamos la mano y luego de ese golpe moverla aumenta el dolor. De manera automática la llevamos contra el abdomen y la contenemos con el otro brazo. Eso es lo que se le llama “signo del herido” y es una de las estrategias de nuestro sistema nervioso para disminuir el dolor. Es decir que si duele al movimiento el sistema nervioso intentará que esa zona se mueva lo menos posible.

Ahora bien ¿qué sucede con el dolor lumbar? ¿Cómo hace nuestro sistema nervioso para disminuir el dolor al movimiento?

La respuesta es bastante simple, contractura los músculos de la zona dolorosa para así disminuir el movimiento. Es común escuchar a personas decir “tengo la espalda como una piedra y me duele” o “me agaché y quedé duro”, es decir el movimiento me generó dolor y a partir de ahí mi sistema nervioso decidió que esa zona no se mueva para disminuir la sensación desagradable. Entonces en esta línea es entendible que la contractura muscular sea una consecuencia de un movimiento doloroso.

Cuando un músculo está contracturado por algún tiempo y la zona sobre la que trabaja reduce su movimiento, esto hace que ese músculo disminuya su longitud, es decir se acorte. ¿Para qué voy a mantener un músculo con una capacidad de generar movimiento y una longitud determinada, si no la uso? Una forma de ejemplificar esto es en las personas que realizan musculación en un gimnasio y al dejar el entrenamiento reducen de manera drástica su masa muscular. El cuerpo no va a “seguir dándole de comer” a músculos que pueden generar una fuerza que ya no se utiliza, entonces reduce la masa muscular acorde a las actividades que la persona realiza.

Ahora bien, si tenemos en claro que necesariamente hay una relación causa-efecto y que en esa relación el efecto es la contractura muscular en principio, y el acortamiento a largo plazo, es esperable que cualquier tratamiento que se lleve a cabo sobre los músculos en cuestión no llegue a los mejores resultados. “Si me muevo duele, el sistema nervioso responde reduciendo el movimiento, es decir contracturando los músculos, si descontracturo esos músculos con la estrategia terapéutica que sea, pero no modifico la causa del dolor, sería bastante lógico que si muevo nuevamente y duele mis músculos se vuelvan a contracturar y estamos de nuevo en el mismo lugar”.

 

Los tratamientos y su eficacia

Es por eso que los tratamientos orientados al músculo tengan resultados a corto plazo, pero a mediano o largo plazo el dolor vuelve. Algunas de las estrategias de tratamiento que han demostrado eficacia para reducir una contractura muscular son el masaje, drogas miorelajantes, la elongación y con ellas las técnicas posturales como el RPG, técnicas de relajación y algunos agentes físicos (“los aparatos, lámpara infrarrojo y demás”) de manera muy controvertida aún. Pero de esta forma, a pesar de alguna eficacia demostrada, si tratamos el músculo estamos omitiendo la relación causa-efecto y con ello los resultados no serán los mejores.

¿Es la persona que padece el dolor lumbar quien debe saber cuál es la causa de su dolor? La respuesta obvia es NO; quien debe tener la formación necesaria para poder determinarlo es el profesional de salud. La siguiente pregunta sería ¿cuál o cuáles son las herramientas que han demostrado ser más eficaces a la hora de determinar la o las causas? La evidencia científica ha demostrado que es la entrevista con la persona que padece la dolencia la mejor estrategia para poder llegar a la causa del problema. Es decir, hablar es lo necesario. Muchos pensarán sobre qué sucede con una resonancia magnética o una radiografía en este aspecto. Ha sido demostrado que los bien llamados estudios complementarios no sirven para llegar a un diagnóstico sino para descartar diagnósticos que tengan peor evolución, como podría ser un tumor. Está más que claro en la comunidad científica que tomar decisiones en base a un estudio por imagen es un error clínico muy grosero. Sólo para tenerlo en cuenta, el 50% de las personas de más de 40 años tiene al menos una hernia de disco y sin embargo no tiene síntomas, no tiene dolor.

Para terminar esta nota y dejar en claro algunos conceptos. La contractura muscular es una consecuencia necesaria que sólo podrá ser eliminada de manera definitiva modificando la o las causas que generan dolor. Los estudios por imagen son complementarios, no son útiles para tomar decisiones sobre el mejor tratamiento. Y por último, la mejor herramienta para llegar a la causa del problema es hablar, el profesional de salud debe saber qué y cómo preguntar para tener la información necesaria para llegar a los mejores resultados.

 

*Licenciado en kinesiología y fisiatría UBA orientado a rehabilitación neurológica, trastornos vestibulares y del equilibrio; docente UBA, investigador y responsable de CIRIC Formación Permanente.

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