Las corazas bioenergéticas

De una profunda relación entre las áreas corporales y los conflictos predominantes en cada persona pueden aparecer cervicobraquialgias que no sólo limitan los movimientos, sino que aparece el dolor en la zona del cuello.


Colaboración con el Suplemento Salud

Lic. Susana Berman (*)
 
La experiencia diaria en la atención de cervicobraquialgias y algias faciales, señala la presencia de numerosas manifestaciones clínicas, con todos los síntomas ya conocidos, pero que no pueden ser encuadrados dentro de esos síndromes.
Esto nos lleva a investigar en otros campos de trabajo terapéutico, con la esperanza de proporcionar algún alivio a la legión de víctimas de los mismos.
En esa búsqueda, encontramos mucha información en la bioenergética, vocablo que tiene varias
connotaciones. Por un lado, significa energía de vida, energía vital, propia de todos los seres vivos, y puede aplicarse a todas aquellas técnicas que usan el movimiento, el masaje, los elementos de la naturaleza, como parte del arte de curar.
Como significado más específico, designa la teoría desarrollada por investigadores como William Reich, Alexander Lowen y sus discípulos y seguidores, sobre las corazas bioenergéticas que constituyen el sustrato anatómico de numerosas afecciones psicosomáticas.
 
Significado del cuello en la lectura cuerpo – mente  
La teoría de las corazas se basa en la relación existente entre las áreas corporales y los conflictos predominantes en cada persona.
En el tema que nos ocupa, el cuello representa el barómetro que mide nuestra expresión de sentimientos, pensamientos, proyectos, necesidades, reproches.
En la zona del cuello, encontramos los centros energéticos correspondientes a la garganta, laringe, tiroides, además del pasaje de todos los elementos anatómicos que comunican la cabeza con el cuerpo: nervios, músculos, vasos sanguíneos, glándulas, linfáticos, órganos digestivos y respiratorios, vértebras cervicales, etc.
Esta vía tiene una circulación en doble sentido, un va y viene continuo que requiere un espacio amplio y libre de obstáculos.
Cuando hablo de obstáculos no me refiero a los componentes anátomo- fisiológicos propios de la zona, sino a esas interferencias creadas por nosotros mismos, en función de las relaciones que mantenemos con nuestra persona y con el medio que nos rodea.
Si logramos expresarnos libremente, con fluidez, quizá logremos estar exentos de tensiones en esa área corporal llamada cuello.
Pero lo más frecuente es que, mientras realizamos el aprendizaje necesario para armonizar nuestra vida, el cuello sufra las tensiones resultantes del conflicto entre lo que opina nuestro cerebro-cabeza y lo que necesita nuestra mente-cuerpo. 
La estructura cervical se va haciendo cada vez más rígida, los elementos fasciales y ligamentosos se van fibrosando, adhiriéndose a planos profundos y superficies óseas, formando una especie de cápsula donde se concentran y aíslan los conflictos causantes de esas tensiones musculares.
 
La teoría de la polaridad
Para encarar esta problemática con objetivos correctivos, se han elaborado diversas propuestas que tienen en cuenta los factores anatomofisiológicos y psicosomáticos, en distintas proporciones.
Un componente anatómico que suele ser ignorado, es el de las fascias, estructuras de tejido conectivo cuya función se altera en virtud de cualquier desequilibrio fisiológico, contribuyendo a modificar la estructura cervical.
Cuando este tejido comienza a fibrosarse por acción del proceso funcional alterado, empuja el cuello hacia delante, desplazando la cabeza, produciendo un esquema corporal específico: observando a la persona, descubrimos que su cabeza llega antes que su cuerpo, por lo avanzada que se encuentra.
La mayoría de los músculos que intervienen en el desplazamiento de la cabeza, se insertan en las capas mas profundas de la nuca.
En los pacientes que presentan estas modificaciones estructurales, nuestra acción terapéutica se basa en trabajar directamente sobre las zonas afectadas, por supuesto luego de haber realizado todo el trabajo preliminar, consistente en el masaje generalizado del cuerpo.
Aplicamos la teoría de la polaridad, que propone la existencia de un polo positivo y otro negativo en ambos extremos de la columna vertebral, a lo largo de la cual circula la energía generada entre ambos polos. Podría suponerse que con solo restituir la libre circulación de energía mediante el masaje corporal, sería suficiente para recuperar la normalidad estructural. Pero esto no ocurre así. Es imprescindible actuar directamente sobre los tejidos más comprometidos con maniobras específicas para actuar sobre las dificultades residuales.  
Masajeando la base del occipucio, en los ligamentos de la nuca, logramos que las vértebras aflojen la tensión y se separen, liberando el mentón, dando espacio a los huesos craneales.
Como complemento, aflojamos el cuero cabelludo, cuya importancia solemos subestimar, ya que contiene una gran inervación.
A continuación, liberamos las articulaciones témporomaxilares, actuando sobre los ligamentos y músculos tensionados, contribuyendo a mejorar la mordida dentaria, y dejando espacios que atenúan las dificultades en la masticación.
Como consecuencia de todo este trabajo, se liberan las presiones sobre los ganglios nerviosos y linfáticos, lo cual influye dando movimientos de flujo más eficaces, con mayor drenaje.
 
 
 
(*) Lic. Susana Berman
  • Se recibió como Kinesióloga en la Universidad de Buenos Aires (U.B.A.) en 1967. Desde entonces ha trabajado con terapias de rehabilitación, siempre investigando paralelamente y acompañado con la docencia.
  • Autora de 3 Libros y de una colección didáctica en fascículos.
  • Dicta cursos, talleres y seminarios orientados a formar profesionales.
 
 

Comentarios

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.