Mes que suele ser intenso y agotador

navidadDiciembre tiene la característica de ser muy complicado y traer, si no se regula el estrés, algunos conflictos. La sobrecargada agenda, ligada al hecho de que termina el año, no debiera conspirar contra las personas.

Este último tramo del año suele ser agobiante por las tensiones que genera una agenda saturada de compromisos familiares, sociales y laborales. Con lo cual el desafío parece ser sobrevivir a diciembre.

Se acaba el colegio, se preparan las fiestas de fin de año y todo el mundo anda cansado y tratando de cumplir de la mejor manera con todas las obligaciones.

Las grandes protagonistas de diciembre son las celebraciones de Navidad y Fin de Año. Y aunque a primera vista debieran ser disfrutadas con familia y amigos, alguna gente le huye a estos eventos.

El hecho de tener que decidir con quiénes se pasarán las fiestas, puede llevar a grandes desacuerdo entre los miembros de la familia. La perspectiva de encontrarse con gente con la que se arrastran problemas de relación, le agrega dramatismo a esas reuniones.

A veces las celebraciones pueden convertirse en una ocasión para aumentar las desavenencias o los desencuentros. A esto se le sume el hecho de que algunas personas se deprimen en esta época. En principio ante la sola percepción del inexorable paso del tiempo.

Están también las cuestiones ancestrales vinculadas a la infancia. El recuerdo de un tiempo pasado que ya no volverá –porque los seres queridos, por ejemplo, ya no están- hace que alguna gente, presa de la melancolía, prefiera evitar estas celebraciones.

Por otro lado, dado que se está en tiempo de “balance”, es el momento en que cada quien se interroga sobre cómo le ha ido y sobre el estilo de vida elegido. Por tanto, el período no está exento de la posibilidad de reproches o arrepentimientos.

El estado de ánimo que caracteriza a la antesala de las fiestas, suele estar alterado por el hecho de que se siente el peso del año, que hace que el cuerpo y la mente muestren signos de agotamiento.

Los psicólogos coinciden en el diagnóstico de que a esta altura del año, las personas parecen pedir vacaciones a gritos, les cuesta más levantarse, llegan con poca energía a trabajar, les agobian las preocupaciones y la presión final les irita más de lo normal.

Y aunque la mayoría espera con ansias las fiestas de fin de año -aclaran-, para otros estos eventos y la organización de las vacaciones conllevan angustias que desencadenan el temido estrés del último tramo del año.

Además, dado que las personas son ellas y sus circunstancias, cabría especular sobre si hay países más estresados que otros. ¿Vivir en la Argentina, un país imprevisible y con problemas sociales, no agrega más tensión que la normal a sus habitantes?

Entre los consejos que dan los especialistas para mitigar el estrés de fin de año, aparece la fórmula “bajar un cambio”, una actitud tendiente a reducir los niveles de ansiedad.

Sostienen, al respecto, que si no se administra cognitiva y afectivamente diciembre, se corre  el riesgo de caer en esta época en todo tipo de excesos (gastos, comida, bebida, reuniones).

Los síntomas habituales de diciembre, si la tensión no se controla, se vinculan a la irritabilidad, problemas de memoria y concentración, cambios de alimentación, insomnios y ansiedad.

Desde el punto de vista corporal, los médicos aconsejan vigilar la alimentación y mantener un peso adecuado. Algo que se considera necesario es el ejercicio físico, siendo recomendables las caminatas.

 

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