Moyano y los sindicatos, un fantasma tan rendidor como Cristina

Macri MoyanoDespués de caer 7 puntos en las encuestas y en medio del enésimo reajuste de tarifas, el gobierno busca retomar la iniciativa utilizando sus propios errores. Es la única lectura al decreto presidencial que le pone límites a la presencia de familiares en el Estado después del escándalo con el Ministro de Trabajo.

 

 

 

Jorge Barroetaveña

 

 

 

Sólo la confianza presidencial y el buen diálogo que tiene con los sindicatos le dan algún sustento a su permanencia en el gobierno. No alcanza con que hayan renunciado su mujer y sus dos hermanas y algún otro pariente oculto que haya nombrado o hecho nombrar. Ni Peña ni Frigerio quedaron al margen de la guadaña: el padre del Ministro del Interior debió irse de un cargo de director de YPF y algo similar le pasó al Jefe de Gabinete. ¿Era necesario un decreto, más allá de la decisión política, para limpiar el Estado de parientes?

Si esa misma guadaña baja a los niveles provinciales y municipales es probable que estemos en presencia de un éxodo político nunca visto en la Argentina. La degradación de la política en el manejo del estado, que ha sido sembrado de parientes, amigos, amantes y otras yerbas, es una carga pesada para cualquier sociedad y nosotros no somos la excepción. El ejemplo más palmario son las legislaturas. En ellas existen las ‘capas geológicas’ de empleados que han ido dejando las sucesivas administraciones. No importan las capacidades ni las idoneidades, apenas los padrinazgos políticos. Ese fue uno de los mandatos de Cambiemos para ganar las elecciones del 2015. Que no significa renegar de la política ni del sistema, apenas de unos cuantos operadores que se dedican a sacarle el jugo al estado y sus adyacencias.

Pelear contra esas estructuras siempre ‘garpa’ políticamente. Tanto como poner en la vereda de enfrente a un desprestigiado sindicalismo. Quizás sea cierto que Balcedo, este muchacho con mansiones en Punta del Este, 10 millones de dólares en el banco y una joven mujer que tiene incrustaciones de piedras preciosas en la boca, no sea la imagen más patente del sindicalismo argentino. Lo mismo el ‘Pata’ Medina o el ‘Caballo” Suárez. O un poco más lejos en el tiempo los Pedraza o Zanola que purgan penas de prisión.

 

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Parece un sino del destino porque cuando el fantasma de Cristina empieza a dar señales de fatiga para ciertos sectores sociales, el sindicalismo viejo es igual de refractario. Los Moyano y compañía aseguran convocatoria y poder de presión pero ya no sirven para ganar elecciones, si es que el rédito electoral es lo que habita al final del camino.

En este caso claro, se mezclan la justicia de los reclamos, con la situación judicial cada vez más comprometida del camionero, y su familia. No sólo por el caos de la empresa OCA, sino también por su propia situación patrimonial y la relación con la barrabrava de Independiente. Escuchar a ‘Bebote’ Álvarez acusar a los Moyano es tan extraño como sorprendente y es un vínculo que la Justicia deberá probar. Lo cierto es que las balas cada vez pican más cerca del histórico dirigente que construyó su inmenso poder al calor de Néstor Kirchner a quien le brindo un servicio inestimable: el control de la calle.

 

Gestos para marcar la cancha

Habrá que ver entonces si el fantasma sindical es tan redituable como el de Cristina. El jueves, Macri y Vidal dieron muestras de este zamarreo durante una inauguración en provincia, marcando con tinta indeleble quienes son sus enemigos. El detalle, es que pusieron en el mismo nivel a sindicalistas pero también a empresarios. Raro para un gobierno lleno de gente que viene de la actividad privada.

En esta seguidilla de gestos, destinados a marcar la cancha, Macri sigue mostrando su verdadera cara. Lejos de guardar las formas, abriendo la puerta para que lo acusen de intentar presionar a la justicia, recibió en la Casa Rosada al policía comunal de Avellaneda, procesado y embargado por matar a un delincuente que apuñalo a un turista en La Boca. No fue solo la foto. El Presidente le dijo que le gustaría que todos los policías fueran como el, y remato Bullrich con el “vamos a cuidar a los que nos cuidan”. Es obvio que subyace un debate legal sobre el accionar del efectivo y si hubo o no exceso en la legitima defensa como plantea el juez. Pero lo que salta a la vista es la actitud política de marcar la cancha, ahora al Poder Judicial, y pegarle en los tobillos al galantismo. ¿Las formas? Quedaran para mejor ocasión, el objetivo es mostrar ante la sociedad por dónde pasa el poder y cuál es su actitud ante la delincuencia. Otro de los mandatos que lo ungieron a Macri Presidente.

 

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En esta construcción del camino que lo lleve a la reelección, el Presidente ya dividió la cancha y va poniendo de uno y otro lado, a aliados y enemigos. Después de dos años se dio cuenta que el ejercicio del poder en toda su dimensión, no es posible con multitud de grises. Quizás la contundencia del resultado electoral del año pasado le hizo caer la ficha o le dio el aire para empezar a mostrarse tal cual es. Esto tampoco garantiza resultados pero al menos lo acercan a su propia esencia.

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