No hacer lo debido o caer en la inacción

“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, dice un conocido refrán, el cual alude a esa falta tan humana de aplazar las tareas, de dejar las cosas pendientes, algo que puede convertirse en un hábito dañino.

 

El vocablo latino desidia puede aplicarse en este caso ya que, según el diccionario, implica “negligencia, falta de cuidado y de interés”. Es sinónimo de dejadez, indolencia, desgano, pasividad y vagancia.

En los medios de comunicación suele utilizarse para referirse a la falta de cumplimiento de los gobiernos. Es común, así, achacarles desidia a las autoridades por la falta de mantenimiento de las calles, la suciedad de la ciudad, la inacción en distintos temas sociales acuciantes.

En el mundo de la psiquiatría el concepto se utiliza para referirse a un cuadro patológico relacionado con la depresión. Se habla, así, de una situación de tristeza y de desinterés constante.

La desidia es un rasgo típico de los deprimidos, que básicamente es una enfermedad asociada al hecho de que se han perdido las ganas de vivir y el pesimismo domina el pensamiento.

Pero no hacer las cosas que hay que hacer es propio de la pereza, considerado uno de de los “pecados capitales”, según la teología moral, donde la cosas se ven en términos de flojera espiritual ante el bien.

Este pecado metafísico se llama también acedia y alude a la continua inquietud e irresolución frente a la necesidad de hacer lo que el deber moral manda aquí y ahora.

La pereza, que implica descuidar notablemente las obligaciones y deberes del hombre moral, es visto como un acto contrario a la ley eterna de Dios, como lo son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, el orgullo y la gula.

“La pereza es la enfermedad de la voluntad, causa de la negligencia en nuestros deberes” refiere el teólogo católico Fulton Sheen, para quien este mal se ha extendido como una epidemia en la actual civilización.

Se refiere a una cierta pusilanimidad o cobardía por la cual el espíritu abatido no se atreve a poner manos a la obra, se abandona a la inacción, dejando que el mal triunfe sobre el bien.

Para el mundo de la religión los pecados son considerados vicios, desviaciones de la conducta humana que llevan al descontrol de la misma y a la corrupción del alma delante de Dios.

Pero los pecados han devenido en “trastornos psicológicos” o desviaciones de la conducta “normal” o funcional, para una ciencia secular como la psicología.

En este sentido, los psicólogos han popularizado el término “procrastinación”, muy emparentado con la desidia o pereza.

En efecto, procrastinación es postergar, aplazar lo que hay que en función de las metas que cada uno se propuso. Es la acción o hábito de posponer actividades o situaciones.

En este sentido, acaso muchas personas se propusieron hacer cambios fundamentales en su vida en 2017 que, a estas alturas, ya pospusieron para 2018.

Tim Pychlyl, de la Universidad de Carleton en Canadá, quien es parte de un grupo de investigación sobre la procrastinación, asegura que “en la actualidad es el problema más grave en la educación”.

Así muchos estudiantes toman la decisión de no completar determinados estudios, por ejemplo, a pesar de que saben que a largo plazo será negativo para ellos.

En el camino se distraen o encuentran excusas (otras actividades o una nueva pareja en vacaciones) para dejar las cosas para después, aunque con un gran costo para ellos.

Comentarios

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.