Nueva religiosidad en tiempos posmodernos

Un nuevo sincretismo religioso que tiene inocultable filiación con la teología de origen oriental, que algunos asimilan a la llamada “New Age” (Nueva Era), prospera en una época de crisis de los paradigmas ideológicos de la modernidad.

Se trata en realidad de un conglomerado variopinto de manifestaciones espirituales, pero que se ajustan en todos los casos al individualismo del hombre y de la mujer contemporáneos, proclives a la variedad de creencias “a la carta”.

Es factible rastrear aquí la creencia ancestral en el panteísmo cósmico, en la reencarnación o la idea budista de que es posible llegar al éxtasis o Nirvana, vinculado a técnicas de control mental y de ejercicios que dan bienestar al cuerpo.

En la New Age se encuentra de todo: espiritismo, reencarnación, astrología, eros tántrico, medicina alternativa, macrobiótica, yoga, umbanda, Tarot, budismo Zen, ovnis, karma, cábala, etc.

La feligresía del orientalismo New Age crecería, entre otras razones, porque los valores religiosos tradicionales han perdido su fuerza de convicción y su carácter de seguridad. Y porque lo religioso, en Occidente, también sufriría un proceso de “des-institucionalización”.

La contracara de la pérdida de fieles en las iglesias cristianas, es este boom de una espiritualidad alternativa, que tiene mucho de búsqueda individual de la trascendencia y que viene en alza sobre todo en los sectores medios urbanos de Occidente.

Frente a la religión cristiana occidental (en sus variantes católica y protestante), el orientalismo aparece como una estrategia de vida en la cual Dios no es el epicentro sino uno mismo.

Estas creencias importadas de Oriente, según la especialista Violeta Gorodischer, “combinan pensamiento positivo, cuidado del cuerpo, alimentación responsable, y ecología, bajo la forma de una silenciosa revolución cultural”.

Más allá de la interpretación que se dé a esta nueva espiritualidad, cabría sostener que dibuja un cuadro en el cual se ve una expansión de la sed religiosa en un contexto de secularismo.

Es decir, se estaría frente a un síntoma de que el hombre, en un contexto cultural que rechaza lo religioso institucional, busca de todos modos siempre algo más.

La vuelta al mundo interior, la necesidad de una trascendencia, el afán de obtener respuestas que calmen los interrogantes asociados al sentido de la vida, son aspectos que delatan una insuficiencia de la modernidad.

El antropólogo Mircea Eliade dice que en toda experiencia religiosa la persona se comunica con algo distinto que está más allá de su manifestación, algo que conecta con el misterio.

Desde este punto de vista, en todas las sociedades está presente el elemento religioso. Según la etimología latina, “religare” significa “volver a unir, enlazar, relacionar”, en este caso a los hombres con la divinidad.

Lo concreto es que en la cultura urbana posmoderna, se observa un estallido de una religiosidad sui géneris, de carácter alternativo.

Sus difusores aseguran que no se trata de una religión sino de una nueva espiritualidad que encaja con la cultura posmoderna, básicamente sincretista. Aquí el objetivo no sería cumplir un dogma ni seguir los preceptos de determinada organización eclesial, sino satisfacer  una búsqueda del yo.

El “sentirse bien”, el “encuentro con sí mismo”, o la búsqueda excluyente del propio bienestar, guiaría así a muchas personas en el movimiento de la Nueva Era.

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