El nuevo lema del PJ: “Con Cristina no ganamos pero sin ella, menos”

Cristina y RandazzoCon la venda puesta en los ojos, tanteando en la oscuridad, pero dando señales de vida, el peronismo intenta comenzar a bucear en su reconstrucción. Es probable que Cristina o Moyano no sean los mejores exponentes pero algo es algo ante la falta evidente de liderazgos y de una generación de dirigentes que todavía no alumbra.

 

Jorge Barroetaveña

 

Es como definió Alberto Fernández, aquel de Cavallo, luego de Néstor, Massa y hoy de Randazzo cuando espetó algo así como que con Cristina no ganamos pero sin ella menos.

Al cabo, el peronismo en la oposición parece haberse dado cuenta que si no están juntos, no importa si revueltos, volver al poder rápido suena bastante complicado. Las sucesivas derrotas lo dejaron sin un liderazgo claro, más allá del de Cristina, que para algunos impide la aparición de alternativas. Aunque en política nunca se sabe hasta dónde llegan las culpas ajenas y los méritos propios. Quizás sea porque todavía no hay nadie que esté en condiciones de sustituirla en la conducción.

En el rompecabezas peronista hay dos actores claves, por el poder institucional que detentan y porque son los que podrían cobijar las alternativas: gobernadores y legisladores con el eterno Miguel Ángel Pichetto a la cabeza. Justo ninguno de ellos estuvo en la entente de esta semana, aunque tampoco nadie se atrevió a descalificarla. Sólo Pichetto que volvió a repetir que hay que cortar con el pasado si es que el peronismo busca recuperarse. Cristina, teléfono.

Cristina Kirchner

Los gobernadores, como siempre, hacen la suya. Tienen que gestionar, asegurarse los fondos para pagar sueldos y jubilaciones y hacer algo de obra pública. Hace unos días circuló profusamente por los celulares un audio atribuido a un alto e histórico dirigente del peronismo entrerriano. En él daba las razones de la situación de la provincia y justificaba el comportamiento de los legisladores. Si dijeran que el audio tiene 39 años nadie dudaría: es que poco ha cambiado en el nivel de dependencia que los estados provinciales tienen con la Nación. Al contrario, se ha profundizado.

En esta disyuntiva se debaten los gobernadores del amplio mundo peronista cuando los invitan a formar nuevos liderazgos. Bordet o Pasalacqua de Misiones no dudaron un segundo cuando Macri los invitó a subirse al avión de su última gira. Los ruidos de la interna no alcanzan para pagar los sueldos ni acallar los reclamos de los intendentes por falta de fondos. La necesidad tiene cara de hereje. Tampoco les importará mucho si tienen que reformar el sistema electoral o la fecha de las elecciones. Cada día que pasa es oro para saber cuánto puede beneficiar o perjudicar el desdoblamiento de las elecciones.

 

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Analicemos el caso de Bordet. La actual gestión provincial viene de perder feo con Cambiemos el año pasado. Deberá repechar una cuesta grande para recuperarse y seguir conservando el control de la provincia. ¿Qué pasa si no desdobla? Irá a suerte y verdad con el candidato presidencial que lleve la oposición dura (con grandes chances que sea Cristina), corriendo el riesgo de una polarización prematura, algo que no sucedió en el 2015 y le permitió al PJ, conservar la provincia en sus manos. Otra eventual ola amarilla podría dejar en pampa y la vía el proyecto de Bordet. ¿Estará dispuesto a correr ese riesgo?

Supongamos que, antes de fin de año, da el paso y separa los comicios. Jugará todo a suerte y verdad, porque dejará a la intemperie su relación con la Nación y pondrá indirectamente el foco en su propia gestión. Será su propio cuero el que estará en juego y la evaluación que los entrerrianos hagan de su tarea. Sin tener en cuenta grandes distritos como Paraná, Gualeguaychú o Concepción del Uruguay que el año pasado le dieron la espalda. ¿Podrá el gobernador encolumnar a todo el PJ detrás suyo, sin las heridas que quedaron del 2017? ¿Le florecerán opositores internos, quizás con apoyo kirchnerista, como para poner en riesgo su futuro político? ¿Se decidirá a limpiar definitivamente su gestión del pasado urribarrista que todavía lo persigue y lo condiciona?
Su estrategia también depende de lo que haga Cambiemos y el candidato que presente la alianza. Los radicales, siempre con tiempo para estas cosas, ya se pintaron la cara y avisaron que se preparan para gobernar. Ergo, presentarán candidato propio en las PASO. ¿Se anotará Varisco en esa parada? ¿Otra vez intentará Benedetti cumplir su sueño? ¿La sombra de Frigerio dejará de ser tal para bajar al llano y dar pelea? ¿Aparecerá algún tapado de esos que le gustan al PRO, como modelo para armar? Quizás no haya tiempo para eso, pero no se debería olvidar que la política argentina se construye de a minutos, ni siquiera de a horas.

Las opciones no son muchas. El oficialismo que empieza a pagar los errores de gestión pero conserva algo del viento que le dieron las urnas el año pasado y la presencia siempre rendidora de opositores funcionales. Y los opositores que están parados sobre un tembladeral. De un lado el precipicio, del otro, ¿la tierra prometida? Pero le faltan los diez mandamientos y un conductor que nadie cuestione. Como si fueran dos patos rengos, a falta de uno.

 

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