Obesidad: la necesidad de controlar el medio

ObesidadLos sanitaristas dejaron de tratar a la obesidad como un fracaso personal y hablan de controlar los llamados “ambientes obesogénicos”. Creen que es la única estrategia consistente para enfrentar esta epidemia del siglo XXI.

Unos 2.200 millones de personas sufren sobrepeso u obesidad en el mundo y pueden tener problemas de salud relacionados con ese padecimiento, según un estudio publicado en 2017 en la revista especializada ‘The New England Journal of Medicine’.

Argentina tiene la mayor proporción de hombres adultos obesos (26,7%) de América Latina y el Caribe, al tiempo que ocupa el quinto lugar en la región en el ranking de obesidad en mujeres adultas (30,1%), según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Por otro lado, un informe de la FAO de 2016 revela que Argentina encabeza la tasa de obesidad infantil en América Latina con 9,9% al tiempo que 1 de cada 4 adolescentes padece obesidad y sobrepeso.

Hace tiempo la OMS conceptualiza a la patología como una verdadera epidemia, que está detrás de enfermedades como la  diabetes Tipo 2, los problemas cardiovasculares y el cáncer.

Durante décadas se culpó a los individuos y a las familias por consumir comida chatarra y optar por la televisión antes que por el ejercicio. Se daba crédito, así, a la hipótesis del “fracaso personal”.

Pero los expertos mundiales han ido reconociendo, sin embargo, que la obesidad es inducida principalmente por factores sociales y ambientales que limitan la capacidad para comer alimentos saludables y realizar ejercicios.

Se habla entonces de los “ambientes obesogénicos”, de aquellos entornos urbanos donde la movilización en vehículos está por encima de caminar, donde se privilegian los ascensores y escaleras mecánicas por sobre las escaleras fijas, y donde pululan los negocios que venden comidas con alto contenido calórico.

Hay consenso entre los expertos respecto de que la sociedad moderna, con su oferta enorme y diversificada de alimentos y sus dispositivos tecnológicos que ahorran trabajo, contribuye decididamente a la obesidad.

En Estados Unidos, país que encabeza la cantidad de personas con sobrepeso, se vienen haciendo campañas oficiales contra la obesidad infantil, como la que lideró en su momento la primera dama Michelle Obama.

La estrategia consiste, justamente, en desmantelar los ambientes obesogénicos de los más pequeños, incluyendo la prohibición de publicidad de “comida chatarra” y refrescos azucarados en las escuelas.

En tanto, en algunas ciudades europeas, como Birmingham (Reino Unido), las autoridades locales han decidido controlar los factores externos, por ejemplo limitando el número de locales de comida rápida en las zonas comerciales.

El concepto de “ambiente obesogénico” fue acuñado por Boyd Swinburn, experto en salud pública de Nueva Zelanda, quien estudio el impacto del estilo de vida norteamericano en los indígenas de la reserva de Arizona.

Quienes sugieren prestar atención al ambiente social, como causante de la obesidad, relativizan las decisiones individuales y la predisposición genética.

Al respecto, se argumenta que la dotación genética del hombre actual es básicamente la misma que la del hombre de hace, por lo menos, un siglo atrás. Y no hay razones para suponer que es más débil de voluntad o más indolente que sus padres y abuelos.

Lo que ha cambiado, entonces, para que se esté produciendo un avance generalizado de la obesidad, es la presión del entorno socio-cultural, razonan.

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