Oficialismo y oposición: un duelo de menesterosos con final incierto

Marcha Moyano nota Barroetaveña

El capítulo dedicado a la oposición política se escribió el miércoles e irá tomando forma a medida que pasen los meses y el calendario electoral vaya cayendo solo. Nadie supondrá que Hugo Moyano alcanzará por sí solo para ganar una elección ni tampoco nadie lo imagina como candidato. Sí, quizás para servir como catalizador del amplio arco opositor que no encuentra un canal de expresión eficaz, ante la sociedad y ante el mismo gobierno.

 

Jorge Barroetaveña

 

Moyano es un sindicalista cuestionado y cuestionable, con negocios cruzados con todos los gobiernos, que ha mantenido, es justo reconocerlo, una cierta línea ideológica, difícil de encontrar en la mayoría de la clase política. Cuando varios de los sindicalistas que ahora lo respaldan, aplaudían las privatizaciones de Menem, él fue un férreo opositor. En el 2010, cuando el gobierno de Cristina dejo de escucharlo, se cruzó a la vereda de enfrente y también se volvió opositor. Con Macri la relación lleva muchos años, de política y negocios cruzados. Arranco en la ciudad de Buenos Aires con la recolección de residuos y se extendió a otros negocios en común. Su prescindencia en 2015 fue la principal señal de convivencia entre él y el  por entonces futuro Presidente. A eso contribuyó la debacle del PJ y la tirria que Cristina siempre le tuvo al camionero. El único nexo entre ellos fue Néstor. Desaparecido el ex presidente, nada más los unió.

 

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Hoy, cierta coherencia ideológica, es el principal capital que Moyano tiene para aportar a un polo opositor. La capacidad de movilización ya no pesa como antes, ni las amenazas de ‘parar el país’, si va preso. Más que juntar, esas proclamas son refractarias a buena parte de la sociedad que quiere vivir en paz. En esa grieta se filtra la jugada oficial de pegarlos a todos con Cristina y blandir otra vez los mismos fantasmas.

Fue eficiente Triaca (golpeado después del escándalo de su empleada en negro y sus familiares en el gobierno) para rodear de soledad a Moyano en la movilización del viernes. Fue dañino para dejarlo aislado de buena parte del movimiento sindical tradicional y exponerlo sólo con los ultra K y los gremios cercanos a Cristina. Pero Moyano es un hueso duro de roer y no será tan fácil sacarlo de la cancha. Tampoco es inocuo alimentar las rencillas entre los gremios, porque la atomización es otro riesgo en un escenario económico cargado de conflictos.

Claro que la mirada oficial ya va más allá de esta coyuntura y se deposita en las elecciones del 2019. Y Macri teje y desteje y pensando en eso. No fue casual que, a la misma hora que Moyano hacia su acto en defensa propia en Capital, el Presidente recorriera con gobernador e intendente peronista la emblemática ciudad de Concordia en Entre Ríos. En la visita, alguien susurró por lo bajo que la relación con Bordet es tan buena, que la Casa Rosada no vería con malos ojos que se desdoblen las elecciones en Entre Ríos y el concordiense obtenga su reelección. Fuera de la cancha Frigerio, el PRO no tiene una figura convocante para enfrentar a los radicales, que se anotan y creen tener la elección asegurada. ¿Puede que como integrante de Cambiemos el Presidente prefiera a un peronista antes que un radical? La  respuesta sólo la tiene Macri y los comportamientos futuros irán develando la respuesta. Pero la sospecha está instalada.

Los gobernadores actúan hoy como líberos sin confianza. No tienen que reportarse ante nadie pero tampoco pueden hacer lo que quieren. Su grado de dependencia con el poder central les recorta el margen de maniobra y condiciona sus gestos. Igual, y a medida que el recambio se vaya acercando y con él la hora de las definiciones, las turbulencias crecerán y las presiones se multiplicarán. El desdoblamiento acciona pues como una válvula de salida para muchos de ellos, que todavía no encuentran al líder que los conduzca de nuevo a la tierra prometida. Saben que con Cristina ya no hay chances, tampoco la quieren, pero todavía no asoma nadie en su reemplazo.

Juegan además con los errores del gobierno y el desgaste de la gestión. Macri atraviesa el peor momento desde la victoria electoral del año pasado y luce desorientado en materia de política económica. El desgaste ante la opinión pública en cuestiones de transparencia también ha sido grande y los errores insólitos. Es llamativo que alguien que vive de los focus Group no haya percibido hasta dónde la sociedad ha cambiado. Esa misma que lo llevó al lugar donde está.

Pero las falencias propias suelen disimularse, hasta ahora, con los yerros ajenos. El amplio universo peronista aún debate identidad y liderazgo. Algunos suponen que los rejuntes pueden servir para el 2019. Nada indica que el ‘rejunte’ sea grande ni la sociedad lo vaya a sentir superador de lo que ya vivió hasta el 2105. En el duelo de menesterosos políticos, nadie tiene la vaca atada y es la mejor noticia que, como democracia en crecimiento, podemos tener.

 

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