Paridad de género: “Es un retroceso hacia la generocracia populista”

Paridad de género nota Giusto

La multifacética corriente populista, firmemente arraigada en la cultura política argentina desde hace décadas, acaba de lograr otro resonante triunfo con la aprobación de la ley de paridad de género para los cargos legislativos y las concejalías.

 

Patricio Giusto

 

En esta ocasión, los populistas exhibieron una de sus caras más sensibleras: la famosa cuestión del género en la política. Si se me permite el neologismo, allanaron el camino hacia la consolidación de una suerte de generocracia populista en Argentina.

El cuestionable espíritu de esta ley es que las mujeres, por el mero hecho de serlo, ya tienen asegurado el 50% de los cargos legislativos en la provincia de Buenos Aires. Y no mucho más, en materia de argumentación, por parte de los ideólogos de la norma.

Esta ley representa un terrible retroceso institucional, al menos desde la óptica de quienes aborrecemos el populismo y la demagogia y, en cambio, bregamos por una política más profesional y meritocrática. Algo que no es, de ninguna manera, contradictorio con la plena vigencia de la democracia ni con la libre y equitativa participación de las mujeres en la política.

La supuesta posición de debilidad de las mujeres frente a los varones en política no puede traducirse en un adefesio legislativo que genere cargos automáticos para las primeras, por su mera condición de género. Es una degradación de la actividad política, en este caso, de la función legislativa.

¿En qué mejora a la política la inclusión de más mujeres en cargos legislativos? La respuesta es tan contundente como sencilla: a priori, en nada. No obstante, a los demagogos del género les bastó con argumentar que es justo asegurar mediante una ley el acceso de más mujeres a esos cargos.

Cabe destacar que esta ley casualmente se aprobó la misma semana en que la organización Directorio Legislativo difundió un informe que revela que uno de cada diez diputados nacionales no tiene título universitario. Y un importante porcentaje de senadores nacionales tampoco.

Esa es la primera y gran lucha que tenemos que dar para mejorar la política: la de los títulos, no la de los carguitos. En otras palabras, la de avanzar hacia una política profesional que, en todo caso, facilite el acceso a cargos en función de la idoneidad y el mérito. Sin dejar de votar, sin dejar de tener democracia. Y, por supuesto, sin cerrar la puerta a ninguna mujer que quiera competir por esos puestos.

Que nos gobiernen 100% de mujeres o 100% de hombres. A mí me da exactamente igual, si es que resultan ser los mejores para lograr el bien común de nuestro país. Pero dejemos de lado la hipocresía, la demagogia y el chiquitaje electoralista. Por una mejor política y, por ende, una mejor democracia. (Publicada en Infobae)

 

*Politólogo (UCA) y magíster en Políticas Públicas (Flacso). Docente universitario (UCA) y director de Diagnóstico Político.

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