Qué pasa en la mente de un terrorista suicida 

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El atentado suicida en un concierto de música en Manchester (Gran Bretaña), que dejó al menos 22 personas muertas y más de 50 heridas, vuelve a plantear por qué y cómo un sujeto da el paso de morir matando.

En 1897, Emile Durkehim, uno de los fundadores de la sociología, escribió “El Suicidio”, un texto que pretende demostrar que ese acto extremo no se explica sólo desde los móviles individuales.

Ese autor pensaba que había fuerzas dentro de la sociedad que influían sobre la decisión de una persona para suicidarse. En su clasificación sociológica, lo que ocurrió en Manchester podría encuadrarse dentro de lo que Durkheim llamó “suicidio altruista”.

Este concepto describe una situación en la cual el individuo está tan atado a un código de deberes de sentido grupal, que se siente obligado a inmolarse por los suyos.

Se diría, entonces, que tanto los ataques suicidas de los kamikaze japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, como los realizados por el terrorismo islámico corresponden a la categoría de suicidio altruista.

En el siglo XI dC. una secta musulmana ismaelita, de origen persa, denominada secta de los Asesinos, empleaba el suicidio con fines político-religiosos.

El líder del grupo Hassan ibn Sabah, enviaba a sus seguidores a cumplir misiones suicidas contra sus enemigos (cruzados cristianos), en lugares públicos.

No debían sobrevivir a sus misiones, ni tampoco escapar, porque huir y sobrevivir se consideraba un signo de vergüenza. Como premio por el cumplimiento de la misión, Hasan ibn Sabah les prometía un lugar en el paraíso.

La tradición musulmana, basada en la promesa del paraíso, todavía existe entre los modernos grupos terroristas islámicos, como Hezbolá, Hamas, Al Qaida o los militantes de Isis (Estado Islámico).

Mohamed Rezrazi, director del observatorio marroquí contra el extremismo y la violencia, ha venido estudiado a grupos de jóvenes musulmanes que han estado a punto de hacerse estallar en nombre de Dios.

Cada uno gestiona la angustia que produce saber que va a morir de una manera diferente: “Unos recitan versos del Corán como si fueran un mantra, para no tener que pensar. Otros, pese a sufrir un ataque de pánico, siguen adelante con el ataque. Los hay que ya están en duelo pensando en lo mal que lo pasará su familia cuando él muera y, en muchos casos, los suicidas tratan de borrar su pasado, como si no tuvieran memoria”, refiere Rezrazi.

Muchos de ellos, dice, deciden sacrificar sus vidas porque entienden que algo mejor “les espera después, en la otra vida”, de acuerdo a la recompensa del paraíso que la religión musulmana le concede a los “mártires”.

Entre los casos abordados por Rezrazi, hay uno que le impactó mucho. El experto recuerda cuando uno de los chicos entrevistados le dijo: “Yo he hecho esta elección porque he leído que si me convierto en mártir, puedo obtener autorización para salvar a 40 personas”.

La frase cobraba sentido en su contexto familiar: la hermana de este joven era prostituta, su madre pedía en la calle, y ni él ni su padre trabajaban.

Scott Atran, un antropólogo del Centro Nacional de Investigación Científica (Francia), también ha estudiado la mente de estos terroristas. En su opinión, “hay un proceso de formación de lazos duraderos entre ellos, hasta tal punto de que se sacrifican unos por otros, explotando un mecanismo psicológico en favor de una ideología, que es similar al mecanismo por el cual nosotros somos capaces de sacrificar nuestras vidas por nuestros hijos o hermanos, algo impreso en nuestros genes”.

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