El peronismo lame sus heridas y empieza un largo proceso de reconstrucción

Peronismo Massa Cristina Randazzo

Es como un rompecabezas. Más allá del resultado electoral del 22 de octubre, el peronismo en sus múltiples formas, va dando señales de reconstrucción. Será largo, llevará tiempo, pero los antecedentes así lo marcan. Para algunos el vidrio se rompió hace mucho tiempo. Habrá otro, nuevo y reluciente, nunca igual al anterior.

Jorge Barroetaveña

El peronismo viene de perder todas las elecciones nacionales desde el 2013. Aquel año fue Massa el que le puso la lápida a los sueños reeleccionistas de Cristina. En el 2015, fue Cambiemos, un frente de partidos que se armó seis meses antes de la elección, el que se quedó con el premio mayor. Encima la oposición ganó la estratégica Provincia de Buenos Aires. Y ahora, si la gente vota más o menos igual que en la PASO, la sociedad le asestará su tercera derrota consecutiva en comicios nacionales. No hay antecedentes recientes de semejante debacle, porque en los ’80, Alfonsín ganó la presidencial y las legislativas del ’85, pero perdió en el ’87 a manos de la renovación cafierista. Si el 22 pierde el PJ, serán tres al hilo, demasiado para un partido acostumbrado a ganar y ejercer el poder.

La discusión sobre el verdadero peronismo o quién tiene el peronómetro es tan estéril como inconducente. De nada le sirve al nuevo peronismo que asoma ponerse a debatir lo que pasó en los años del kirchnerismo. Todos, en más o en menos, han sido cómplices del vaciamiento partidario. Es gracioso escuchar ahora a la ex presidente decir que ella nunca fue kirchnerista, siempre fue peronista. Los equivocados fueron los demás entonces, aunque tampoco explica porque no le dio la interna a Randazzo y se fue del PJ, creando un partido nuevo. “El escudo y la marchita se la meten en el c…”, inmortalizo alguna vez Aníbal Fernández. Tampoco los detractores del kirchnerismo fueron capaces de plantarse enfrente. Todos, más temprano que tarde, optaron por permanecer al calorcito del poder, y aprovechar sus prebendas. Claro, cuando se acabó el estado, se diluyó la lealtad. Todos esperan en sordina que el 22 llegue el mandoble definitivo sobre Cristina. Desde el Congreso, el incombustible Pichetto ya prepara la ‘bienvenida’ para la ex mandataria con la conformación de un megabloque peronista que sumará a massistas y bossistas. Todo con el aval de los gobernadores que se frotan las manos pensando que serán los únicos que quedaran con poder real para enfentar a Macri.

El dato es que, más allá de una eventual derrota (hay que esperar hasta el 22 para saberlo con exactitud), Cristina seguirá concentrando una masa de votos nada despreciable en el distrito más grande de la Argentina. Ni un solo gobernador podrá golpearse el pecho y menos otros referentes como Massa o Randazzo que saldrán debilitados de las urnas. Tampoco asoma un liderazgo claro capaz de canalizar las expectativas. Urtubey, que se postula, parece verde aún, si bien es cierto que el 22 a la noche puede ser de los pocos en golpearse el pecho y decir ‘yo gane’.

El desafío del peronismo es reconstruirse desde el llano, sin la mística de otros tiempos ni figuras convocantes. Ni contando con el inmenso aparato y los fondos que da el estado. Será una tarea improbable, no exenta de avatares, pero que le servirá para sentar las bases de un renovación en serio.

Es cierto que un sector de la sociedad no quiere saber más nada con todo lo que huela a peronista. Se equivoca. El peronismo como fenómeno de masas no desaparecerá nunca. Mutará, se transformará, tendrá otros nombres y le ofrecerá otros protagonistas a la sociedad.

A la Argentina, con su rengo sistema de partidos, le conviene tener estructuras bien consolidadas. Con vida interna, debate y con matices ideológicos. Cambiemos es un experimento que nació más o menos pero hoy goza de buena salud y tiene el desafío de gobernar, lo que no es poco. Es mucho más fácil construir desde la abundancia que desde la carencia.

Pero que nadie se equivoque. El peronismo sigue siendo necesario para expresar una porción de la sociedad que pide movilidad a gritos. Eso que en sus comienzos, les dio Perón y buena parte de sus descendientes le quitaron.

De la crisis de liderazgo y representación alumbrará otro partido, hoy vacío de contenido, apenas una cascara que se usa para las elecciones pero que ya no convoca a nadie. O a pocos, solo los que buscan algún favor o alguna ventaja.

La Argentina es tan cambiante que nadie puede asegurar que Macri tenga su reelección asegurada. Decir o casi hasta pensar eso es una locura que no tiene en cuenta nuestra historia reciente. Que los factores de poder y los que vagan alrededor de ellos lo piensen, no significa que vaya a ocurrir. Son los mismos que pensaban que el kirchnerismo solo podía perder si enfrente tenia a Macri y Massa juntos. La gente hizo lo que quiso y les dio una lección.

Por eso es importante que el peronismo se reorganice. Que construya nuevos liderazgos. Que vuelva a ser una alternativa cierta de poder. De las experiencias traumáticas nadie sale indemne. Nadie sale igual. Para el peronismo perder una elección es traumático. Dos es crítico. Pero tres no será mortal.

 

 

Comentarios

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.