Postureo, el arte de aparentar en las redes

chicafacebookDesde que la sociabilidad se ha refugiado en las redes sociales, una conducta tan humana como fingir que se es feliz ha hallado un campo fértil e incluso se ha determinado una forma lingüística propia para designarla.

En efecto, la Real Academia Española (RAE) acaba de incorporar a su diccionario el término “postureo”, un neologismo que hace referencia a la exposición del éxito y la perfección en las redes sociales.

En realidad la obsesión de mostrar una “aparente felicidad”, sea en Facebook, Instagram, Twitter o YouTube, se ha convertido casi en una patología de época, según algunos psicólogos.

Producirse estéticamente y luego tomarse una foto (selfie) como si esa imagen reflejase la realidad de todos los días, para luego subirla a las redes, o hacer algo parecido con un video, ha devenido en un modo de ser digital que afecta sobre todo a las nuevas generaciones.

Las publicaciones tristes o negativas o las imágenes desfavorables sobre la fisonomía individual casi no existen en el mundo virtual, salvo cuando se quiere hacer bullying, es decir cuando se quiere afectar a otra persona.

La expresión “postureo” es de origen español, aunque tiene su equivalente en inglés “be poser”. En ambos casos designa lo que en psicología se conoce como el “complejo de Eróstrato”.

Con él se alude a aquellas personas que buscan la fama, la notoriedad o pasar a la posteridad utilizando todos los medios legales o ilegales a su alcance.

Pero aquí no importa el contenido de la fama, porque la notoriedad puede construirse desde la infama. Eso refiere el mito griego de Eróstratro, un pastor de Éfeso convertido en incendiario.

Fue responsable de la destrucción del templo de Diana, considerado una de las siete maravillas del mundo. Según registra la historia, su único fin fue lograr fama a cualquier precio.

Al descubrirse la intención del incendiario, se prohibió bajo pena de muerte el registro del nombre de Eróstrato para las generaciones futuras, lo cual, evidentemente, no bastó para borrar de la historia ni el nombre ni tampoco la acción.

En cita de Valerio Máximo: “Se descubrió que un hombre había planeado incendiar el templo de Diana en Éfeso, de tal modo que por la destrucción del más bello de los edificios su nombre sería conocido en el mundo entero”.

¿Cuántos Eróstratos hay en las redes sociales? ¿Cuántos pretenden alterar su propia realidad, inventando una apariencia falsa, con el propósito de ganar aprobación social? ¿No son acaso las selfies un síntoma claro del postureo?

Se cree que las generaciones más afectadas por este fenómeno son aquellas nacidas después de 1985, que fueron las que nacieron en la era digital y no conciben otra sociabilidad que la que se construye desde lo virtual.

Algunos estudios revelan que sin las TIC, los jóvenes se sentirían aislados, incomunicados, incompletos y no sabrían cómo llenar rutinas, integrarse y socializar. Son ellos, por tanto, los más expuestos a los riesgos del exhibicionismo social y al complejo de Eróstrato.

Vivimos en el simulacro universal, llegó a decir el sociólogo francés Jean Baudrillard. Lo real del acontecimiento se desvanece, se torna irrelevante ante el efecto que provoca su exhibición.

El simulacro produce una disociación entre lo que se muestra y la realidad, entre el ser y el parecer. El postureo en las redes sociales sería, en suma, una expresión contemporánea de este fingir tener lo que no se tiene.

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