Protagonistas invisibles de la Fiesta del Pescado: “Nuestra vida está en el río”

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Más de 70 mil personas pasaron el fin de semana pasado por el evento que promete ganarse un lugar en el calendario nacional de festividades. Los pescadores de la ciudad que fueron parte contaron su experiencia en el mismo y la vida que eligieron. “Es sacrificado, pero es lo que nos gusta hacer”, coincidieron.

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Los flashes se los llevaron Agarrate Catalina, Soledad Pastorutti y Raly Barrionuevo, lógicamente. Pero la segunda edición de la Fiesta del Pescado y el Vino contó con cientos de protagonistas invisibles para los miles de visitantes que se dieron cita en el puerto el primer fin de semana de enero. Entre ellos, por la propia esencia del evento y por la rica historia que los constituye, ElDía eligió dialogar con los pescadores que se animaron a dejar la tranquilidad de sus botes para embarcarse en un mundo ajeno al que están acostumbrados.

 

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José Sire, Carlos González y Kévin Medina hablaron de la fiesta, de sus proyectos a futuro y de su habitualidad, pescar en las aguas del río Uruguay.

El legado de la familia

“Tengo 52 años y pesco desde que tengo uso de razón. Iba a la Escuela Nº10 y me iba al arroyo El Cura a pescar mojarras para encarnar los espineles de mi viejo. Fue siempre mi medio de vida, aunque ahora con el aumento de la nafta, sumado a que a veces lo que se le saca al pescado es poco, se complica”, relata José, nacido y criado en el barrio de Pueblo Nuevo.

Su padre falleció hace algunos años, por lo que ahora sale temprano, apenas pasadas las 5 de la mañana, junto a uno de sus hijos, con quien visita habitualmente el paraje que hicieron junto a su papá hace 30 años.

 

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“Lo que más sale en esta época son sábalos, algunas tarariras y bogas”, dice el hombre que fue parte de las dos ediciones de la fiesta impulsada por el Municipio, donde vendió milanesas, hamburguesas, patinesas y porciones de pescado para hacer al horno.

“A veces, no alcanzamos a juntar 2 mil pesos por semana, es complicado por el aumento de la nafta, sobre todo. Entonces, contar con el ingreso que nos dejó la fiesta, que para algunos puede ser poco pero para nosotros es importante, es lindo”, reconoce José, quien, pese a las dificultades de no contar con un sueldo fijo, tiene claro lo que siente: “nuestra vida está en el río”.

Carlos, en el puesto de la Fiesta del Pescado y el Vino

Carlos, en el puesto de la Fiesta del Pescado y el Vino

Pescador solitario

A Carlos González todos lo conocen como “El Chino”, hace 23 años es pescador y, al igual que su colega, fue uno de los pocos que se animaron a estar presentes desde la primera edición de la fiesta. Su “gran maestro” fue Don Oscar Sire, el papá de José, quien le enseñó todos sobre el oficio cuando para él se trataba apenas de una diversión, un pasatiempo.

“Actualmente, somos entre 25 y 30 pescadores los que pescamos en la zona del Uruguay. En mi caso, me gusta hacerlo solo, y para la fiesta tuve que salir a pescar dos meses antes de la fecha”, explica el hombre de 46 años que vive de lo que pesca.

“No es fácil salir del río y ponerte a montar el stand, por eso somos pocos los pescadores que participamos. Nosotros tenemos escasos recursos, muchas cosas –hornos, freidoras, freezers, etc.– fueron prestadas por amigos y conocidos. Nosotros somos pescadores, no somos empresarios, pero la verdad es que lo de la fiesta fue una experiencia hermosa. El año pasado se vendió absolutamente todo, éste año hubo más puestos, así que quedó algo de mercadería, pero nos sirvió igual”, agregó “El Chino”, quien, al igual que sus colegas, trabajó junto a su familia durante todo el fin de semana.

 

El sueño del bote propio

“Hace poco empecé a pescar. Me gustó, arranqué a conocer a pescadores que tienen muchos años en esto y, de a poco, voy aprendiendo. Por ahí un día de pesca mío es diferente al del resto, porque yo no tengo embarcación propia; tengo que esperar a salir con algún otro o pedir prestado, pero generalmente puedo hacerlo”.  El que habla es Kevin Medina, quien a sus 28 años empezó a trabajar duro para lograr su objetivo: el bote propio.

“Después de la primera fiesta me acerqué a la oficina de empleo para conocer de qué se trataba esto. Ahí recién estaba dando mis primeros pasos en la pesca. En octubre empezamos con las capacitaciones, que realmente fueron muy productivas, aprendimos mucho”, dice Kevin quien, gracias al acompañamiento y colaboración de buena parte de su familia, tuvo una gran primera experiencia como puestero.

“Me quedé en el stand desde el jueves hasta el martes para cuidar todas las cosas. Mi amigo Mario me dio una mano, mientras yo dormía cuando estaba fusilado y, gracias a Dios, se vendió bien”, celebra el joven, quien innovó con la “pizza de pescado”, uno de los platos más elegidos por los visitantes. “¡Trescientas pizzas vendimos!”, festejó Kevin, quien aspira a juntar la plata suficiente para comprar su primer bote y, en el corto plazo, vivir de la pesca.

 

El Dato 

José, Carlos y Kevin son parte de un grupo de cerca de 15 pescadores que fueron nucleados por la Dirección de Producción y Desarrollo Económico, a cargo de Lorena Arrozogaray. Desde donde, se generaron espacios de diálogo, cursos y capacitaciones para, entre otras cosas, darle valor agregado al pescado. Ésta instancias se desarrollaron durante todo el año, antes de presentarse en la Fiesta del Pescado y el Vino.

 

 

 

 

 

 

 

 

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