El rostro polifacético del protestantismo y su legado de libertad de pensamiento

Martín Lutero

Martín Lutero

 

¿Por qué razón hay tantas iglesias evangélicas? ¿Cuál ha sido la influencia decisiva de la Reforma en la sociedad? El teólogo evangélico René Krüger responde aquí a estos interrogantes.

 

Marcelo Lorenzo

 

El 31 de octubre de 1517, en disconformidad con los abusos de la Iglesia Católica romana, Martín Lutero clavó un escrito de protesta en la puerta de la catedral de Wittenberg (Alemania).

Por eso este año todos los cristianos protestantes celebran los 500 años de la Reforma, ese cisma que consumó la ruptura de la unidad cristiana de la Europa feudal y causó una metamorfosis religiosa de alcance global.

Lutero puso en discusión ciertas verdades religiosas enseñadas tradicionalmente por el catolicismo. Afirmó que la fe en Cristo salva, sin necesidad de hacer actos de penitencia ni de buenas obras. Y postuló la fe basada en las Sagradas Escrituras libremente interpretadas, sin la intervención de la Iglesia.

Los protestantes europeos se hicieron presentes en el Nuevo Mundo (América) a través de distintas modalidades. En Argentina, por ejemplo, la fe luterana arribó con los inmigrantes que se establecieron en el país ya en la década del ‘30 del siglo XIX y fundaron una primera congregación en Buenos Aires, cuyo primer pastor llegó en 1843.

Luego con los colonos que a partir de mediados de ese siglo llegaron a Santa Fe, provincia de Buenos Aires, La Pampa y Entre Ríos, los cuales vinieron en búsqueda de una nueva vida.

Fue el caso de los alemanes del Volga que se establecieron en el sur entrerriano, según se desprende de la entrevista que este diario le realizó al teólogo evangélico René Krüger, y que fuera publicada en la edición del domingo 13 de agosto pasado.

El Día le consultó además a Krüger sobre dos tópicos: por un lado por qué hay tantas diferencias y divergencias en el campo evangélico, de suerte que se ve una pluralidad de iglesias; y por otro qué balance cabría hacer del protestantismo, a cinco siglos de su irrupción.

 

LA DIVERSIDAD, SIGNO DEL PROTESTANTISMO

 

 – La  pregunta invariable que suelen hacerse quienes miran desde fuera el panorama evangélico es la división en tantas iglesias o denominaciones, algo que se verifica en nuestras ciudad. ¿Por qué esto es así?

René Krüger:- Es cierto que el panorama evangélico es muy colorido, abigarrado, polifacético y también confuso. En parte esto tiene que ver con los diversos orígenes de las Iglesias: inmigrantes de diversos países, idiomas, culturas e Iglesias llegaron a la Argentina y aquí fundaron sus comunidades, manteniendo su fe y una serie de prácticas formadas en algunos casos durante siglos. Lo mismo vale para las diversas Iglesias Ortodoxas en la América Latina: la rusa, la griega, la ucraniana, la de lengua árabe y otras. Casi todas ellas se reconocen como plenamente ortodoxas, pero cada cual mantiene sus tradiciones y en muchos casos también su lengua. Luego de más de un siglo de presencia en la Argentina, aún no han logrado formar una Iglesia Ortodoxa Argentina, algo que algunos estudiosos y fieles esperaban ya muchas décadas atrás. La fusión de Iglesias es algo muy complejo. Hay un dato importante, que debe tomarse en cuenta cuando uno se percata de la gran cantidad de Iglesias evangélicas, y es el concepto de libertad desarrollado por el Protestantismo. La Reforma se desarrolló en un contexto mayor en el que también se fue formando un nuevo concepto de libertad y de conciencia del ser humano, impulsado por ideas del humanismo renacentista y expresado también en postulados sociales, políticos y económicos. Lutero y los demás reformadores encontraron las bases para su concepto de libertad y a la vez de responsabilidad en las Sagradas Escrituras. Ahora bien, esa libertad de ninguna manera implica falta de responsabilidad, al contrario. La Reforma subrayó enfáticamente el concepto de responsabilidad de cada creyente frente a Dios, su familia, su profesión, la sociedad, el Estado. La libertad que otorga el saberse aceptado y salvado por Dios por la obra de Jesucristo no significa poder hacer lo que uno quiere, sino sentirse libre para amar y asumir responsabilidad en su profesión –cada cual en la suya– para colaborar así con el bienestar común. Por otra parte, la diversidad de las Iglesias también tiene que ver con la diversidad de las personas y las culturas en sí. Cuando me preguntan por qué hay tantas Iglesias evangélicas, en ocasiones me animo a responder con dos preguntas: ¿Quién soy yo para exigirles a todos los evangélicos a formar una sola Iglesia? Y, ¿por qué no les preguntan lo mismo a los partidos políticos, cuya diversidad es impresionante, cuando supuestamente todos quieren el bien del país? A un nivel quizá ya algo más psicológico, es posible pensar –solo pensar– que la diversidad de Iglesias también ofrece la posibilidad de que aquellas personas que se sientan oprimidas por una determinada tradición o forma de practicar la fe tengan la libertad de elegir otra que les agrade más. Con esto no me escapo de la responsabilidad de dar cuenta del complicado panorama evangélico, sino solo trato de comprender causas históricas y situaciones específicas que formaron este paisaje.Lo bosquejado lógicamente no borra las dificultades de la falta de un testimonio más coherente de unidad cristiana, pues la división también tiene rasgos escandalosos, sobre todo cuando las Iglesias se pelean entre ellas, se desacreditan mutuamente e intentan “robar” miembros de otras.Por de pronto, sin forzar ninguna fusión obligatoria ni nada por el estilo, es importante que cada Iglesia sepa aceptar la presencia de Dios y su actuación en todas las demás; que esté dispuesta a aprender de las que son diferentes y a trabajar en conjunto en aquellas áreas en la que es posible un testimonio común entre varias Iglesias.

 

EL LEGADO ESPIRITUAL DE LA REFORMA

 

 – ¿Qué balance se puede hacer del Protestantismo, pensando en su influencia en la sociedad nativa?

– Esta pregunta suele hacerse a nivel mundial frente a toda religión, sea mayoritaria o minoritaria. Sin duda la pregunta tiene su razón de ser, pues algo totalmente inútil o, peor aún, peligroso, dañino y contraproducente para la sociedad debe ser cuestionado y tratado adecuadamente según la Ley. Ahora bien, la pregunta acerca de la influencia de una denominación religiosa más allá de los límites de la propia comunidad tiene sus bemoles. Es una pregunta que suena progresiva, es “políticamente correcta”, como se suele decir; pero hace prender por lo menos alguna luz amarilla de advertencia si esa comunidad busca prestigio o aplica criterios de éxito como son habituales en la economía. Por supuesto que toda Iglesia se alegra cuando se reconoce públicamente que está realizando un aporte importante al bien de los demás y a la sociedad entera. En este año 2017, en el que se conmemoran los 500 años de la Reforma Protestante (1517-2017), en todo el mundo hay estudios, conferencias, paneles y mesas redondas que analizan la influencia del Protestantismo en numerosas áreas de la vida: pedagogía, artes, economía, ética, legislación y todo lo que uno puede imaginarse.De hecho toda fe cristiana vivida con convicción y responsabilidad también ejerce su influencia sobre su entorno. Tenemos demasiados ejemplos de sociedades en las que han sido perseguidas sistemáticamente las Iglesias o donde se las ha eliminado; y cuando esas sociedades quedan privadas de toda ética basada en el amor de Dios, se convierten en monstruos asesinos, como lo evidencia un vistazo a la historia del siglo XX con sus dictaduras de muy diversos tintes políticos en todos los continentes. Ahora bien, la tarea original, fundamental y propia de la Iglesia es la proclamación del Evangelio: el anuncio de la venida y el señorío de Jesucristo para la salvación de la humanidad, el llamado a la fe en él y al seguimiento en una comunidad viviente. El primer y más importante aporte que las Iglesias deben y pueden realizar para el bien de la sociedad es, pues, la proclamación clara y pública del Evangelio y la formación de comunidad cristiana. Donde se proclama esto y se lo vive y celebra, pueden surgir obras de amor como consecuencia de la fe, pues la salvación proclamada y aceptada por fe ha de tomar cuerpo en una nueva vida y construir comunión solidaria y sanadora entre las personas. La modalidad de información propagada por los medios de comunicación nos ha hecho creer que todo tiene influencias rápidas y directas; entonces, cuando se habla del aporte de las Iglesias, y teniendo en mente la necesidad de presentar logros y éxitos, se suele pensar en influencia sobre la opinión pública, instituciones respetables y logros inmediatos, como si la Iglesia fuera una ONG dirigida por un grupo de personas muy capacitadas que persigue una meta fija. En mi comprensión, la acción de cada cristiano y de la Iglesia como comunidad es una consecuencia de la fe, no la meta de la tarea de la Iglesia. Si se olvida eso, la Iglesia puede caer en actitudes arrogantes creyéndose institución salvadora para todos los males de la sociedad. Todo cristiano sincero puede pertenecer a la reserva moral de una nación, pero las Iglesias está formadas por todo tipo de personas; y en la comunidad cristiana también deben caber los imperfectos, fracasados, tímidos, inseguros, los que dudan y los que no pueden hacer ningún aporte medible a nada. Por eso se me prende una luz amarilla de advertencia cuando se pregunta acerca de la influencia de una Iglesia o del Protestantismo en general. Por otro lado, y acaso para abrir otro diálogo, diría que como miembro de toda la vida de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP), pastor y profesor de teología jubilado, no soy el indicado para enumerar la influencia de mi Iglesia. Esa la debe considerar y evaluar la sociedad en la que vivimos y de la que formamos parte.

 

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