Secretos del taller murguero donde nace la magia de los Endiablados

FOTOS: SANTIAGO BURGOS

FOTOS: SANTIAGO BURGOS

Detrás de toda murga esplendorosa hay un mundo que se mueve en las sombras y trabaja a destajo. Endiablados, la murga del club Independiente, invitó a ElDía a conocer “la cocina murguera” donde diseñan, arreglan y arman todo el vestuario que los hace brillar en la pista. Anoche se vivió una gran segunda jornada del Corso Popular Matecito.

 

Amílcar Nani

 

La manzana que rodean las calles Ituzaingó, Seguí, San Juan y Santiago Díaz, esa donde todo es color rojo y desde hace más de 100 años marca el pulso del barrio el Club Independiente, tiene en sí misma una infinidad de historias.  Y ahora mismo, se cuenta una nueva, y es Endiablados, la murga de la institución, la que la protagoniza.

En medios de los calores agobiantes de este verano, el barrio vibra hace rato al ritmo de los tambores, las cornetas y los cantos que los murgueros de la familia roja, que por segundo año consecutivo participan en los Corsos Populares Matecito. Y aunque todas las miradas suelen estar enfocados en los que salen a la pista, existe todo un mundo que sucede tras bambalina y que es vital para que el espectáculo que brindan tenga el brillo que muestra.

En el predio donde está el quincho, detrás de la cancha de cemento donde se practica hockey sobre patines, Luciano Navone y Tomás Marchesini, ambos integrantes de la banda de reggae Divina Ciencia y los encargados de la percusión en la murga, calientan con ritmo y distención con los demás integrantes de la batucada antes del ensayo general. Todos saludan, todos sonríen, todos se divierten, y con amabilidad invitan a pasar al edificio donde se dictan los talleres de música del Instituto Luis María Bettendorff, el colegio del club. Unas ventanas iluminadas del primer piso indican que es allí donde funciona “la cocina” de los Endiablados.

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Al entrar, la imagen no deja lugar a dudas: una enorme mesa blanca ocupa gran parte del salón y encima un ejército frenético trabaja sobre los trajes que todos los viernes salen a la pista cuando a Los Endiablados les toca reinar en la pista.

El equipo conformado por Yamila Zamborlini, Romina Peralta, María Silvia Martinez, Silvia Ferreyra, Roxana Flores, Marta Bonzon, Emilce Carles y Nancy Hernández, entre varios muchos más de “la familia roja de Independiente”, van de aquí para allá, arreglando costuras, remendando, agrandando talles, colgando y descolgando de las perchas cada elemento del vestuario con el único objetivo de que esté impecable para la próxima salida.

Se mueven como expertas costureras y la mirada ordinaria jamás podría imaginar que ninguna de ellas se dedica a esto: todas son parte del equipo administrativo o docentes del Bettendorff, y aprendieron los pormenores de la realización de indumentaria con mucha maña, mucho ingenio y, fundamentalmente, con mucho espíritu colaborativo, porque ninguno sabía nada sobre este oficio cuando hace dos años el club formó la murga. Sin embargo, el no saber hacer algo no impidió a nadie querer acercarse para colaborar con el proyecto.

 

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La murga de la “familia roja”

“Es un placer para nosotros hacer esto, no es un trabajo, aunque hayamos hecho muchísimo esfuerzo para preparar todo. Venimos felices porque esto es lo que le estamos dando a nuestra institución. Y somos exigentes con nosotros mismos porque sabemos que salimos y estamos representando a Independiente”, cuenta con orgullo Nancy Hernández, la encargada de coordinar todas las áreas que trabajan para Los Endiablados.

“Yo hace dos años ni siquiera sabía agarrar una aguja. Nunca había hecho algo parecido en mi vida o en mi casa. En más: cuando a mi hija se le rompía alguna ropa yo era más capaz de arreglarla con una abrochadora que con una máquina de coser”, cuenta con orgullo y picardía Roxana Flores, mientras a un costado su hija, Yamila Zamborlini, asiente con la cabeza como remarcando que nada de lo que dijo su madre es una exageración. “Cuando me sumé a la murga aprendí cosas que jamás me hubiera imaginado aprender. El que sabe algo, se lo enseña al resto, y todos aprendemos entre todos”, resalta Roxana inmediatamente.

“Todos aportamos para sumar, y la opinión de cada uno es tenida en cuenta. Nos manejamos así desde el principio: ya con los primeros bocetos, muchos los veían y proponían agregar algo, un detalle, y si eso sumaba lo tuvimos en cuenta enseguida. Los Endiablados se fue diseñando con el aporte de todos”, resaltan en conjunto mientras las máquinas de coser suenan dentro y las cornetas y tambores lo hacen afuera.

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“La murga es la manifestación artística donde hemos podido englobar todas las actividades y disciplinas del club. Con Endiablados encontramos que desde diferentes sectores, personas con talentos e intereses diversos, podían aportar y sumar en un proyecto en común. Por eso consideramos que esto como una “Construcción Colectiva”, porque nada de todo esto podría existir si no hubiéramos tenido este empuje grupal”, destaca con énfasis Nancy.

“Independiente fue muy famoso por los bailes de carnaval, que marcaron una época. Pero esos tiempos no volverán, porque los tiempos cambian y esos bailes eran la moda y el entretenimiento de esa época. Ahora, con la murga encontramos una forma de rescatar ese espíritu y reunir a la familia, porque esa es la finalidad de Endiablados, que la “Familia Roja” venga, la pase bien, se divierta, se conozca entre sí y que compartan. Nunca tuvimos ánimos de formar una murga para competir con alguien: nos sentimos ganadores cuando logramos que miembros de todas las disciplinas del club se encontraron en un mismo proyecto”, afirma Nancy Hernández, quien sin dejar en paz a su espíritu inquieto deja la aguja, los bocetos y los trajes y agarra a la pasada una corneta para unirse al ensayo semanal de los corneteros y la batacuda, demostrando que para ser un Endiablado hay que ser un poco “todoterreno” y tener muchas ganas de pasarla bien.

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