Seguir apostando por la formación técnica

Diego y Matías, de la Escuela Técnica Nº2, trabajan en soledad en su carroza. “Los otros se fueron, pero ahora volvían”, comentaron entre risas

Diego y Matías, de la Escuela Técnica Nº2, trabajan en soledad en su carroza. “Los otros se fueron, pero ahora volvían”, comentaron entre risas

Hoy es el día de la Educación Técnica, un sector vital para un país que aún no logra que sus jóvenes se vuelquen decididamente al desarrollo de capacidades asociadas a la ciencia y la tecnología. 

Mientras que en la industrializada Alemania el 60% de los alumnos se capacita en esas materias en el secundario, en la Argentina apenas llegan al 15% los chicos que están dispuestos a capacitarse en un oficio (aproximadamente 600.000 alumnos).

Por lo visto en el país hay una retórica a favor de las carreras pro-industriales, al tiempo que se insiste que la demanda empresaria de técnicos supera a la oferta, pero se prefiere la formación tradicional humanista.

Aunque hay una promoción importante de esta enseñanza, por parte de estudiantes y profesores, su incidencia sin embargo en el conjunto del sistema escolar está por debajo de lo esperado.

¿Acaso en la sociedad argentina persiste un prejuicio cultural hacia el trabajo manual, y esto hace que los sectores medios, más interesados en que sus hijos vayan a la universidad, lo miren con desdén?

Eso piensa Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP), para quien “Argentina tiene una tradición academicista en su sistema educativo, y hay una idea muy de clase media de que los hijos vayan a la universidad y sean abogados, médicos o contadores. Las escuelas técnicas no están tan valorizadas por la aspiración general a ser universitario y seguir estudiando”.

Al margen de estos prejuicios culturales, otros creen que la enseñanza técnica es poco atractiva porque demanda más esfuerzo y tiempo de permanencia en los establecimientos (los alumnos asisten en doble turno y deben cursar estudios durante 7 años para obtener el título).

Las escuelas técnicas implican una diferencia a favor para aquellos alumnos que quieran seguir en la universidad carreras tecnológicas o de ingeniería.

De aquí se explica que sea pequeña la proporción de graduados argentinos en disciplinas científicas y tecnológicas frente a la de otros países de la región.

El primer establecimiento de enseñanza técnica en la Argentina fue la Escuela Industrial de la Nación, con sus especialidades en mecánica, química y construcciones, fundada en 1899 y dirigida por el ingeniero Otto Krause, hijo de inmigrantes alemanes.

Quizás esto no sea casualidad, ya que el modelo alemán de enseñanza media, orientada a la capacitación para los principales procesos productivos, dejó su impronta en todo el mundo.

“Me parece que es importante que en Argentina haya una alternativa de excelencia que no sea solamente la universidad, que también pueda ofrecer capacidades y habilidades buenas para que los jóvenes progresen en su vida profesional”.

Eso dijo hace poco en una entrevista Gabriel Sánchez Zinny, director del Instituto Nacional de Educación Tecnológica (Inet), dependiente del Ministerio de Educación

“En los últimos años se ha incrementado mucho el valor de la secundaria técnica. La ley 26.085, ha contribuido a reinstitucionalizarla y revalorizarla”, apuntó el funcionario, quien no obstante señaló que hay mucho por hacer.

Al respecto llamó la atención respecto a un dato dramático: hay cinco millones de argentinos que no terminaron la escuela secundaria, muchos de ellos jóvenes adultos.

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