El sentido que damos a lo que nos sucede 

Stephen-Hawking

Una cosa es lo que nos sucede y otra muy bien diferente es cómo lo vivimos, lo que hacemos con ello, el sentido que le damos a lo que nos ocurre en la vida.

La reflexión surge a propósito de Stephen Hawking, el célebre físico británico fallecido hace poco, cuyo aspecto más sorprendente se vincula al hecho de cómo lidió con una dura enfermedad.

El dato es que la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), enfermedad que padeció durante medio siglo, no sólo no pudo abatirlo, sino que lo ayudó a convertirse en una nueva persona.

“No morí. Y he sido más feliz; antes de la enfermedad, la vida me aburría”, llegó a decir, sugiriendo que ese mal incapacitante, que desconectó su cerebro de casi todos los músculos del cuerpo, le dio un sentido renovado a su vida.

Hasta su deceso el martes pasado, llevada sobreviviendo cincuenta años desde que le diagnosticaron la enfermedad y cuando los médicos le dieron, apenas, dos años de vida.

“Hawking es un emblema para los afectados por la ELA. Una mente brillante en un cuerpo devastado por el alcance de la enfermedad. Su prevalencia con ELA de casi cinco décadas es algo extraordinario”, reconoció Darío Ryba, presidente de la Asociación ELA Argentina

La vida del físico británico, en realidad, da pie para pensar que cuanto ocurre es menos importante que el modo con que reaccionamos ante ello, es decir de las lecturas que hagamos sobre los acontecimientos.

Es conocida, al respecto, la máxima de Epícteto, un esclavo que fue filósofo y vivió en el año 50 d.C: “Los hombres no sufren por los hechos sino por las representaciones que tienen de los hechos”.

La vida muchas veces nos golpea severamente, por ejemplo a través del dolor físico, como el que aquejó a Hawking. Pero una cosa es el dolor, que obedece a razones biológicas, y otra el sufrimiento, que es la interpretación o juicio que nos hacemos acerca de la dolencia.

El escritor inglés Oscar Wilde, en “De Profundis”, sugiere que mientras el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional, en el sentido de que la adversidad puede tener un sentido tanto negativo como positivo, dependiendo de la lectura que hagamos.

Dice Wilde: “Si no me quedara un amigo en el mundo; si no hubiera una sola casa abierta para mí siquiera por compasión; si tuviera que aceptar el zurrón y el capote raído de la pura indigencia; mientras me viera libre de resentimiento, dureza y acritud podría afrontar la vida con mucha más calma y confianza que si mi cuerpo vistiera de púrpura y lino fino, y dentro el alma estuviera enferma de odio”.

Un ejemplo de dolor constructivo coincidiría con el planteamiento del Viktor Frankl, afamado psiquiatra y filósofo vienés, quien desarrolló una psicoterapia centrada alrededor de la “voluntad de sentido”.

“El interés principal del hombre es encontrar un sentido a la vida, razón por la cual el hombre está dispuesto incluso a sufrir a condición de que este sufrimiento tenga sentido”, sostuvo.

En sus reflexiones, Frankl cita esta célebre frase de Friedrich Nietzsche: “Quien dispone de un porqué para vivir es capaz de soportar casi cualquier cómo”.

Sobre el particular cabría especular que Hawking, en lugar de abatirse y dejarse morir a causa de su enfermedad, logró hacerla su aliada e incluso utilizarla como plataforma para desarrollar su misión como científico.

“He tenido una vida plena y satisfactoria”, afirmaba el físico, que no obstante reconocía que “siempre he tenido la tentación de compadecerme de mí mismo”.

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