Siempre ellos: Macri y Cristina se dividen para maniatar al peronismo

Cristina elecciones

Macri y Cristina van de la mano y los contribuyen a impedir el rearmado del peronismo. Al menos a la versión clásica de los descendientes de Perón. Recargado, el Presidente se pintó la cara y se envalentonó después de las PASO. Cristina hará el lunes una fiesta con el resultado de Buenos Aires y se proclamará como la ganadora moral y algo más de la elección.
Jorge Barroetaveña
La guadaña que sobrevuela sobre la cabeza de Sergio Massa y Florencio Randazzo luce afilada. Los dos quedaron expuestos por sus bajos desempeños a ser comida para los buitres grandes. En el Gran Buenos Aires la disminución del caudal de Massa fue notable, perdió más de medio millón de votos. Apenas Tigre, su pago chico, pudo rescatar de la debacle por un puñado de votos. Desde el 13 de agosto Massa no ha dado entrevistas y todavía está recalculando su estrategia. Aunque no está solo en esto. A la distancia lo asisten y lo apoyan varios gobernadores peronistas que quieren esmerilar a Cristina y quitarle meritos a su triunfo en Buenos Aires. Es el peronismo no K que necesita de líderes victoriosos detrás de los cuales encolumnarse. Los contactos de Massa con ellos no son nuevos ni nada por el estilo. En este elección buceo en alianzas, como es el caso de Bordet en Entre Rios, todavía de resultado incierto aunque con pronostico reservado. Fue un poco raro porque es una alianza que formalmente no existe. Nadie la anunció ni se hizo cargo de ella pero existe y fue a elecciones. Habrá que esperar hasta octubre para sacar conclusiones pero es evidente la travesía: el peronismo tantea en la oscuridad buscando alguien que no solo lo saque de la derrota sino que lo conduzca de nuevo hacia el poder. En esta carrera, después de la debacle de agosto, Massa, con sus magullones a cuestas, sigue en carrera. No tanto por meritos propios sino porque en el horizonte no abundan los que se le hayan plantado a Cristina.
En esto, el peronismo no K debería hacer una autocrítica. Todos esperan que sea Macri el que les haga el trabajo sucio de sacar de la cancha a la ex presidenta. Algunos lucen muy cómodos en sus butacas presenciando el espectáculo, lejos de meterse en el barro.
A la luz de los resultados que se confirmarán en las próximas horas, la líder y fundadora de Unidad Ciudadana, será senadora, no importa que gane o pierda en octubre. Su sola presencia en el Senado será un agujero negro para las intenciones de aquellos peronistas que se la quieren sacar de encima.
Es probable que Cristina ya no tenga resto para volver a la Presidencia. Es probable que sus altos niveles de rechazo la dejen en un lugar lejano pero su influencia seguirá vigente. Para sus defensores su capacidad de construcción, para sus detractores su capacidad de daño. En limpio: seguirá teniendo poder de fuego y eso la vuelve temible para cualquier proyecto de reconstrucción del peronismo que quiera prescindir de ella.
Se habrá restregado las manos mientras miraba cómo un grupo de camioneros se revoleaban cruces por la cabeza. Habrá sentido satisfacción con muchas caras que se subieron al palco y dejaron la protesta más cerca de ser un acto de campaña a favor de Cristina que algo genuino de los trabajadores. A esa satisfacción le siguió el enojo. Una verdad no confirmada dice que existía un pacto tácito para las protestas: esperar el resultado de las elecciones primarias. Para Macri muchos de sus sindicalistas ‘amigos’ no cumplieron con el trato.
Es que Macri cultiva con muchos de ellos una buena relación. Cuando las cámaras se encienden no lo parece pero sus ocho años como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le enseñaron mucho. Y sino habría que preguntarle a Amadeo Genta, veterano e histórico dirigente municipal porteño cómo se llevó con el ingeniero. O las charlas asiduas que el Presidente mantiene con Luis Barrionuevo o las veces que comió en Olivos con Hugo Moyano.
Es un juego de ajedrez el que mantiene con muchos referentes del sindicalismo, lo que a lo mejor ya no alcanza para ocultar su verdadero pensamiento sobre el modelo gremial argentino. El tema es sensible y conviene repasar la historia reciente: su intento de modificación en el 2001 fue el empujón política final para la caída del gobierno de Fernando De la Rúa. El escándalo impune de la Banelco en el Senado de la Nación, que incluía al peronismo, tuvo su punto de origen en un intento de flexibilización laboral. En los ’80, Alfonsín intentó con la Ley Rucci meter mano en los sindicatos y tampoco pudo. Su iniciativa naufrago entre la perdida de su poder y el delirio del Tercer Movimiento Histórico.
Hasta dónde pretende llegar Macri es una incógnita aunque dejó algunas puntas estos días. ¿Buscarán en serio la democratización de los sindicatos y la inclusión del cupo femenino por ejemplo? ¿Cuál será la reacción de los caciques que llevan décadas manejando las cuantiosas cajas de las obras sociales? ¿Cómo jugará la izquierda que ya jaquea varias conducciones gremiales históricas?
La intención es humo y marketing porque hablar mal de los sindicatos ‘garpa’ bien desde el punto de vista electoral o hay vocación real de cambiar el sistema. Entre tanta confusión hay una certeza: Macri se siente fortalecido después de las PASO y supone que tomará el aire que le falta en octubre. Piensa quizas que buena parte de sus votantes le dio un mandato. Que el cambio es algo más que un slogan. Si Cambiemos no cambia nada será más de lo mismo. Y para eso están los de siempre.

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