El Siglo XXI obliga a pensar todo de nuevo 

Lo que somos y cómo nos relacionamos está mutando a una velocidad que ha vuelto obsoletos los esquemas de pensamiento. Un mundo en ebullición donde todo aparenta ser transitorio e inaprensible.

El problema es que el siglo XXI se presenta desconcertante, sus nuevas realidades desafían lo pensado hasta aquí, convirtiendo en obsoletas las ideas recibidas, todo lo cual sugiere una crisis del conocimiento.

“El poder ya no es lo que era. Se volvió más fácil de obtener, más difícil de usar y mucho más fácil de perder”, teoriza el académico Moises Naím, para quien se está instalando en todo el mundo un paradigma político donde el poder es cada vez más líquido y fugaz.

Pero en este terreno, según Naím, a contracorriente de los cambios sociológicos, abundan los retrógrados que siguen aferrados a fórmulas del pasado. Tendencia que denomina la “necrofilia política o ideológica”.

Se trata, dice, de “un amor apasionado por las ideas muertas, ideas que han sido probadas una y otra vez y no funcionan, siempre dan malos resultados”.

Una fórmula disonante en el plano político, por ejemplo, sería recrear hoy un partido de masas de cuño fascista, donde una masa disciplinada entrega su libertad a un líder carismático y autoritario.

¿Cómo se compagina esta construcción típica de la primera parte del siglo XX con la nueva sociedad horizontal e interconectada del siglo XXI, donde según el tecnólogo español David de Ugarte ya no “cabe aproximarse desde la lógica de la conquista, la explotación o la ocupación”?

Esto del líder encumbrado que mantiene desde arriba una relación de poder con la masa indiferenciada que lo mira extasiada desde abajo, imagen típica de los autoritarismos del siglo XX, colisiona con la trama cultural que tejen internet y las redes sociales.

Según Ugarte el mundo de los certeros conquistadores del pasado deja paso a un futuro de “cartógrafos de lo movedizo”, donde una nueva individualidad empoderada tecnológicamente no se deja conducir como un rebaño.

El escritor y futurista estadounidense  Alvin Toffler habla por su parte de que el siglo atraviesa la Tercera Ola, época de personalización, descentralización y desmasificación. Y donde la soledad se ha convertido en una cuestión antropológica crucial.

La llamada tercera ola implica “una auténtica revolución global, un salto cuántico de la Historia” que está cambiando todas las estructuras sociales, económicas y educacionales.

Toffler dijo hace poco tiempo que los políticos “no tienen ni la más remota idea” de cómo responder a los nuevos desafíos de la tercera ola. “Lo que tenemos son sistemas políticos obsoletos que no saben cómo actuar en la sociedad de la información, una sociedad que sufre un creciente malestar y altos niveles de imprevisibilidad”.

Por su parte, el filósofo italiano Luciano Floridi acuño el término “infoesfera” (información + esfera), para explicar que “así como un pez no puede conceptualizar el agua o las aves, el aire, el hombre apenas entiende su infoesfera”, una envolvente ambiente dominado por la información.

Floridi trabaja en el Instituto de Internet de la Universidad de Oxford, y escribió un libro llamado “La 4ª revolución: cómo la infoesfera está remodelando la realidad humana”.

La cuestión fundamental que se plantea el libro de Floridi es: ¿qué estamos haciendo con todo este poder de computadores personales y corporativas? Y ¿qué nos está haciendo?

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