Silvia Alcántara: “No tiren los chicos a la calle por el hecho de que se droguen”

Claudia Alcántara - copiaLa referente de las Madres contra el Paco, el grupo que nació a principio de la década pasada reclamando políticas públicas en adicciones, estuvo en la ciudad y dialogó con ElDía sobre la realidad que viven millones de familias a causa del flagelo. “Es tristísimo ver a niñas que se prostituyen por una dosis, y Gualeguaychú no es ajeno a eso”, expresó.

 

Luciano Peralta

 

“La droga de los pobres”. Ese fue el rótulo que se le puso al paco –residuo de la producción de cocaína– cuando se empezaron a conocer los devastadores e inapelables resultados de la droga que surgió de la marginalidad, de la Argentina de la crisis. A diferencia de la cocaína, apenas algunos pocos meses de consumo de paco o pasta base terminaron (y terminan, a cada hora) con miles de vidas. Esta realidad generó el surgimiento de Las Madres contra el Paco, quienes, desesperadas por la situación que atravesaban sus hijos, empezaron a golpear los despachos de la política y a recorrer los estudios de televisión para ser escuchadas.

Silvia Alcántara, una de las pioneras de ese proceso, visitó Gualeguaychú en el marco de la campaña de prevención “Por un Entre Ríos sin cocaína y cascarilla”, motorizada por la fundación El Edén y el instituto Del Prado, de Concepción del Uruguay.

En este marco, dialogó con ElDía sobre el tema, las dificultades que atraviesa cada familia que debe convivir con una persona en consumo y la gran deuda de la política con respecto a las adicciones, una constante que atraviesa todos los gobiernos desde el retorno de la democracia.

Campaña adicciones

“En 2002, cuando se nos viene encima la debacle económica, empezaron a surgir las drogas de bajo costo, algo similar a lo que está pasando en la actualidad. Esto es una estrategia narco para que los jóvenes no dejen de consumir. Así es que nace el paco, aunque en ese entonces eran desconocidas las consecuencias que acarrea”, explica, con la claridad de quien dedicó los últimos 15 años de su vida a hacer conocer el problema.

“En ese momento surgimos las Madres contra el Paco, para pedir políticas públicas en adicciones, para pedir que se haga algo al respecto”, agrega, al tiempo que, al ser consultada sobre las respuestas que fueron recibiendo, es taxativa: “todos los políticos, de todas las tendencias políticas, hablan del narcotráfico y de la prevención, pero muchas veces terminan siendo solamente palabras que se diluyen en eso, en palabras…y no se habla de asistencia concreta al adicto, no se pone sobre la mesa que el adicto es un enfermo, que la adicción es una enfermedad como sostiene la Organización Mundial de la Salud (OMS)”.

 

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– ¿Desde entonces cambió algo?

– Sí, pero para peor. Los índices de consumo en el país empeoraron de una manera tremenda. Por  ejemplo, el último censo que hizo la (ex) Sedronar en junio del año pasado indica que en Argentina el promedio de edad de inicio en el consumo de drogas es a los ocho años, que la mitad son mujeres, y que muchas de ellas están teniendo hijos. Esto es lo verdaderamente preocupante, porque todavía son niñas, no terminaron de formarse físicamente, y tienen hijos con problemas neuronales, hijitos con problemas en el sistema nervioso o con epilepsia al nacer. Y ellas ni siquiera pueden hacerse cargo de su crianza, no porque sean malas sino porque están enfermas. Entonces el problema es mucho más grave de lo que se habla o se conoce.

– ¿Cuál es la realidad de la ex Sedronar actualmente?

– La realidad es que por primera vez muchísimos años tenemos al frente de la Sedronar –hoy, Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas– a una persona como Roberto Moro, magister en adicciones con una formación intachable y con muchísima experiencia en el tema. La gestión es excelente, por primera vez está funcionando bien. Y esto no siempre fue así, de hecho la Secretaría estaba a punto de desintegrarse antes de que él llegara.

-¿Por qué dice que no siempre fue así?

– Porque ese lugar siempre fue un puesto político. Una vez estuvo un odontólogo, después un cura que dejó la sotana en la puerta y hasta una persona que venía de la SIDE. Gente que nos citaba a las madres y nos pedían, por favor, que les contemos qué es el paco porque no sabían. ¿Ustedes qué harían?, nos preguntaban. Por primera vez  hay gente que conoce la temática, y eso es importantísimo. Hoy podemos tener una relación de igual a igual y colaborar realmente para solucionar ciertos problemas.

– ¿Antes cómo era?

– Antes, te ponían un kiosquito. Te decían ‘tomá te pongo un merendero, ayudá en tu barrio’ y te bajaban la plata. Te metían adentro de una casa y la gente dejaba de reclamar, Madres contra el Paco se ocupaban de atender eso y abandonaban el pedido de políticas públicas en salud para nuestros hijos. O si no te ponían atrás de un escritorio, como funcionaria, y el resultado era exactamente el mismo.

Silvia Alcántara habla con seguridad, y aunque sabe que el monstruo con que se enfrenta es muy poderoso y en su camino se lleva puesta la vida de miles de niños y jóvenes, también es consciente de que se puede. Su propio hijo –hoy tiene 42 años– se lo demostró: luego de un largo tratamiento, pudo recuperar su vida, su salud y su familia.

“Hoy está muy bien y eso es lo que me da fuerzas para decirles a las mamás, a los papás y a las familias, que hay esperanzas de recuperación. Cuando él consumía le hice hacer unas resonancias magnéticas, y salieron problemas en la cabeza, depresión en la corteza cerebral, tenía el cerebro dañado. Pero después que hizo los tratamientos, que se trató con un neurólogo y salió de la droga, a tres años de los primeros estudios se los repetimos y dio todo perfecto, se había recuperado”, relata Alcántara. Y agrega: “no digo que todos los casos sean iguales, pero sí es muy importante ocuparse, acompañarlos, entender su enfermedad”.

 

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– ¿Qué le dirías a una mamá con un hijo en consumo?

– Les digo que no tiren  los chicos a la calle por el hecho de que se droguen. No es un sinvergüenza que quiere vivir bien, un vago que no hace nada y quiere disfrutar la vida. Está enfermo. No lo podés dejar en la calle. La madre es madre desde que tiene un hijo hasta que muere. Si no lo abortaste no puedes abortarlo a los 20 años. El hijo es hijo siempre. Entonces hay que ayudarlo porque él solo no puede, como cualquier enfermo: aunque quiera, si no toma los remedios o hace algún tratamiento, con la fuerza de voluntad no alcanza.

– ¿Qué se lleva de Gualeguaychú?

– Preocupación y la certeza de que hay que ocuparse más del tema. En El Edén, en Concepción del Uruguay, hay 30 chicos de Gualeguaychú, porque en la ciudad no hay un lugar de internación. Es tristísimo ver a las chicas de 12, 13 o 17 años que se prostituyen por una dosis, son niñas que se prostituyen por droga, y Gualeguaychú no es ajeno a eso.

 

Solo no se puede salir

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José Francisco Ghiglione tiene 30 años, y hasta hace dos y medio vivió en Gualeguaychú, donde nació. Hoy es operador socio terapéutico de la fundación El Edén y coordinador general de la casa, pero antes vivió el infierno por el que pasan miles de jóvenes.

“Siempre tuve mi trabajo y logré formar una familia”, relata a ElDía quien, debido al consumo de cocaína, lo perdió todo, se involucró en el narcotráfico y hasta tuvo problemas con la Justicia. Pero, como muchos, logró dejar ese pasado atrás cuando pidió ayuda, cuando dejó de darle vergüenza hablar con sus padres sobre su problema y pudo internarse.

“Decidí pedir ayuda en el Juzgado y ellos me informaron la posibilidad de El Edén y del instituto Del Prado, hice una entrevista y entré. Nada es fácil, sobre todo los primeros tres meses, que son de internación, sin salida y con una visita semanal de la familia. Ese tiempo es el más importante, si estás dispuesto a pasarlo y te quedás, es porque realmente querés un cambio para tu vida”, relata, en un corte de la actividad de difusión y concientización llevada a cabo en la ciudad.

Asimismo, el joven fue tajante con respecto a la manera de salir del consumo: “solo no se puede, tenés que pedir ayuda. Se precia apoyo psicológico, psiquiátrico, pero también mucha fuerza de voluntad y contención, que es lo que yo encontré en Concepción del Uruguay. Detrás del consumo hay historias, muchas muy tristes, que tienen que salir, tienen que sanar también, y para eso necesitás ayuda”.

El joven que en Gualeguaychú estuvo 15 años en consumo, y que todavía conserva amigos que atraviesan esta situación, caracterizó como “crítica” y “cada vez peor” a la situación en la ciudad. “La cocaína la podés conseguir en cualquier lado, es de muy fácil acceso. Por eso, hay que arrancar por la educación a temprana edad, para prevenir a los chicos. Sabemos que es una lucha muy desigual y larga porque la droga ya está muy instalada en la ciudad, pero es un desafío que hay que dar, todos los días”, sentenció.

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