Transhumanismo o la nueva fe en la ciencia

Muchos científicos dedicados a las nuevas tecnologías proclaman que gracias a ellas el hombre vencerá a la muerte, a las enfermedades y a otras deficiencias biológicas. Se enrolan dentro del transhumanismo, una suerte de “fe” en la ciencia.

Los antropólogos han llegado a la conclusión que no hay sujeto humano que pueda vivir sin creer en algo. Las creencias, por tanto, responderían a una necesidad ancestral.

Algo parecido decía el escritor católico Gilbert Keith Chesterton, aunque en respuesta al ateísmo moderno: “Cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa”.

Es decir, hay multiplicidad de nombres para la creencia: Dios, ciencia, naturaleza, dinero, sexo, revolución política, mitos e incluso el mismo ateísmo, que se asienta en la creencia de que Dios no existe.

Se diría que el transhumanismo es un credo científico que afirma la posibilidad y el deseo de alterar radicalmente la condición humana, especialmente por medio del uso de la tecnología.

Tiene como premisa que la especie humana no representa el final de nuestra evolución, sino el principio. Transhumano es el término para referirse, justamente, a un “humano transicional”, un paso potencial hacia una forma superior de existencia, una suerte de “superhombre”.

Los cultores de este credo son científicos de renombre y hombre de empresas, todos ellos entusiasmados con la promesa mesiánica (salvadora) de la ciencia, y abanderados de la búsqueda de la inmortalidad.

“Los transhumanistas militan, con el apoyo de medios científicos y materiales considerables, a favor de las nuevas tecnologías y del uso intensivo de células madre, la clonación reproductiva, la hibridación hombre/máquina, la ingeniería genética y las manipulaciones germinales, las que podrían modificar nuestra especie de forma irreversible, todo ello con el fin de mejorar la especie humana”.

La definición pertenece al ensayo “La revolución transhumanista” (2016), del filósofo Luc Ferry, ex ministro de Educación y miembro del Consejo Económico y Social de Francia. Uno de las personalidades que se han tomado en serio una corriente que “empieza a llegar a Europa y se irá amplificando con fuerza y rapidez en los próximos 10 años”.

Entre los adeptos al movimiento figura el cirujano y urólogo francés, Laurent Alexandre, quien afirma que estamos a las puertas de la convergencia entre las 4 tecnologías emergentes (nanotecnología, informática, biotecnología, ciencias cognitivas), y por tanto que se está en vísperas de dar el gran salto transhumanista.

El movimiento transhumanista divide aguas entre partidarios y simpatizantes que aseguran que personifica las más audaces, valientes e imaginativas aspiraciones de la humanidad, y los detractores que catalogan esta visión de “ciencia ficción” o “fantaciencia”.

Esta idea del mejoramiento humano a través de artificios técnicos ha sido descrita por Francis Fukuyama como “la idea más peligrosa del mundo”.

El movimiento transhumanista podrá tener hoy un discurso bastante conmovedor para aquellos que son amantes de la tecnología, pero la realidad es que se emparenta con experiencias siniestras del pasado.

La eugenesia nazi fue también un intento de mejora de la raza por medio de la tecnología. “Debe procurar que sólo engendren hijos los individuos sanos, porque el hecho de que personas enfermas o incapaces pongan hijos en el mundo es una desgracia, en tanto que el abstenerse de hacerlo es un acto altamente honroso”, según Adolf Hitler.

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