Turismo: dinámica de distintos actores

TURISMOLa actividad turística comprende a los viajeros, el sector turismo (prestadores), el ambiente (tejido naturales y culturales) y la comunidad anfitriona (población receptora).

Las relaciones y reacciones de estos protagonistas que intervienen en el sistema turístico son clave para el desarrollo correcto de la actividad y del  éxito de una temporada.

Así por ejemplo los turistas vuelven a un lugar o lo recomiendan conforme al nivel de satisfacción que obtienen, la cual influye directamente en el comportamiento (recomendaciones y narración de experiencias).
Para que la experiencia pueda ser recordada, el turista debe ver al anfitrión como un ente de conocimiento y de apoyo en su viaje.

Al mismo tiempo la comunidad receptora debe ver al viajero no como un invasor sino como un elemento que le permitirá generar orgullo a su lugar de residencia.
Por último, las relaciones deben evitar el antagonismo, la molestia e incluso el odio. Al respecto el turismo no está exento de perjuicios. De hecho tiene su lado oscuro, como es el caso del turismo sexual, en el que se explota miserablemente a niños y adolescentes.

Pero sin considerar este costado extremo, a un tiempo lacerante y delictivo, la industria del turismo ha logrado ser también la maldición de entornos urbanos y paisajes naturales, y en otros casos ha generado discordia social.

Esto ya ha sucedido en varios centros de atracción en el país y en el exterior. Algunas villas o aldeas, que atrajeron a los visitantes por sus paisajes naturales, cayeron luego víctimas de la voracidad turística.

Esto ha explicado Fernando Diez, especialista en desarrollo urbano y profesor de la Universidad de Palermo (UP), para quien en algunos lugares de Argentina, como la Patagonia, resonantes éxitos turísticos concluyeron con la destrucción de los atractivos que los hicieron posible.

En su opinión, “la industria del turismo como explotación económica del paisaje y del turista debe encontrar razonable contrapeso en un enfoque de difusión cultural, en la legislación de protección urbana y paisajística, y en los intereses de los poblados y sus comunidades”.

En la literatura turística se postula que la actividad surge primariamente del encuentro entre el turista (demanda) y el anfitrión (oferta), y de hecho se enfatiza que es constitutivo de ella la “alteridad”, de suerte que el negocio depende de que la relación entre ambos agentes sea satisfactoria.

El anfitrión es visto como el espejo del turista, es decir como el “otro” frente al que el turista se construye, aquel nativo a quien el turismo debería beneficiar.

El habitante de la comunidad receptora es quien acoge al turista, y en muchos casos es quien le da vida y carácter (con su hospitalidad, por caso) a ese entorno de experiencias que satisfarán o no al visitante.

Se habla de anfitriones activos y pasivos. Los primeros son los que atienden directamente al visitante y son los que están enrolados dentro de los prestadores turísticos (personal de hoteles, restaurantes, playas, etc.).

En tanto los anfitriones pasivos son los habitantes del destino turístico, se trata de aquellos que, sin estar vinculados directamente con la industria sin chimenea, sin embargo interactúan con el turista, haciendo confortable o no su estadía.

Tiene que haber, en suma, una interrelación satisfactoria entre demandantes y oferentes para que la industria turística reporte por un lado satisfacción al visitante que se mueve en viaje de placer, y por otro genere beneficios económicos y sociales al anfitrión.

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