Una conducta acorde con los valores cívicos

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Hoy es el Día Nacional del Comportamiento Humano, fecha instituida en homenaje a Francisco Antonio Rizzuto, destacado humanista cuyo nombre figura en espacios públicos y escuelas de todo el país.

En Gualeguaychú la Escuela Especial Nº2, fundada en 1964, lleva precisamente el nombre de este italiano que emigró en 1889, a los 16 años, a la Argentina, país que adoptó como su segunda patria.

Fundador de la Liga Pro Comportamiento Humano, Rizzuto desarrolló una intensa actividad cívica bajo los ideales del humanismo, actuando en distintos campos (empresarial, periodístico y filantrópico).

Fallecido en Buenos Aires el 31 de marzo de 1965, la sociedad argentina agradeció su actuación y pensamiento poniéndole su nombre a escuelas y plazas del país y celebrando en su honor el Día Nacional del Comportamiento Humano.

Sus escritos aún hoy son una inspiración para quienes anhelan que los valores éticos y espirituales le den forma a la sociedad. Su “Decálogo del gobernante”, por caso, suena aleccionador en un país anegado por la corrupción política.

“Entender que la posición escalada no es una canonjía ni un bien de uso indiscriminado sino un mandato que da derechos pero también deberes indeclinables”, se lee allí.
Se diría que el pensamiento de Rizzuto finca en el “civismo”, es decir en el conjunto de virtudes que hacen al buen ciudadano en una república democrática.

Según este modelo, si la calidad de ciudadano confiere derechos, también impone deberes. Y el civismo, justamente, consiste en cumplir todos los deberes que van unidos a esos derechos.

Cabría postular que hoy el civismo está en crisis, sobre todo en Argentina, un país que sufre del mal endémico de la anomia (sin norma), donde lo legal es leído como un abuso estatal de los que mandan, y la libertad como el ejercicio del “todo vale”.

En estas pampas rige una amplia tolerancia a la corrupción. Cuando este fenómeno se generaliza se advierte una ausencia de normas éticas y jurídicas e, incluso, de referencias morales para la conducta, de modo que las personas ya no distinguen lo lícito de lo ilícito, lo bueno de lo malo.

La Liga Pro Comportamiento Humano aboga, en cambio, por el fortalecimiento de valores que hacen posible la convivencia humana civilizada. Su decálogo de la buena conducta, por ejemplo, hoy quizás luzca como cosa del pasado:

1) Servir los principios de las buenas maneras, de la cortesía y de la urbanidad. 2) Respetar la propiedad y los bienes de la comunidad. 3) Mantener la compostura y corrección en los lugares públicos.

4) Guardar consideración para los mayores, caballerosidad para los demás y practicar culto de la amistad. 5) Entender que servir al semejante es una virtud que enaltece la propia personalidad, así como sentirse solidario con toda empresa que beneficie a la humanidad.

6) Desterrar del lenguaje todo vocablo o expresión grosera que afecte a la cultura y lastime al otro; y confinar los arrebatos de la soberbia, de la petulancia y del egoísmo. 7) Auxiliar al enfermo y al necesitado con abnegación y generosidad. 8) No hacer galas de las propias virtudes por entender que la modestia es el patrimonio de los que viven liberados de la arrogancia y de la vanidad.

9) Respetar las ideas ajenas y defender las propias con raciocinio, con tolerancia y con dignidad. 10) Medir la responsabilidad que presupone un compromiso contraído, una palabra empeñada y el cumplimiento de las demandas de puntualidad.

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